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Colombia profunda

“Sin lugar a dudas existen otros caminos que no requieren de la violencia para ser efectivos, y aunque hayan personas que la justifiquen como el único medio para el cambio, la historia nos ha enseñado que las guerras solo generan dolor y que el ponernos de acuerdo, sin tener que matarnos, puede ahorrarnos mucho sufrimiento y de paso abrir otros ciclos peores de violencia”.


Hay una Colombia profunda de la que mucho hemos oído hablar, pero muy poco conocemos. Se trata de esos 21 millones de colombianos que son pobres y les toca vivir con menos de $331.668 al mes; de esos 7,5 millones de colombianos que no tienen recursos para alimentarse bien diariamente; de esos 2 millones de hogares que están comiendo sólo dos veces al día, de esos 210.000 que lo hacen una sola vez y de esos 25.058 que ni con una comida diaria pueden contar. Esa Colombia profunda, son los 3,4 millones de colombianos que se encuentran desempleados; ese 49% de la población trabajadora que es informal y no cuenta con garantías laborales; esos  más de 100.000 niños y jóvenes que no volvieron a clases tras la pandemia; esos 251 líderes sociales asesinados durante el 2020 y las 11.070 personas que murieron el año pasado a causa de la violencia (sin contar con las millones de muertes que nos ha dejado el conflicto armado interno del que es responsable guerrillas, narcotraficantes y organizaciones criminales).

Es cierto que la crisis del coronavirus ha agravado muchos de los problemas sociales que tenemos. Pero la desigualdad, la brecha en las oportunidades y las injusticias percibidas por los ciudadanos, han sido insatifacciones históricas que no se han resuelto con determinación. La propuesta de reforma tributaria fue solo un detonante de la inconformidad social acumulada por años y una de las muchas razones que han llevado a millones de colombianos a protestar en las calles.

Reconocer y despertar a estas realidades es fundamental. Pero quedarnos en una violencia desenfrenada que solo genera muertes, caos y destrucción, no nos conducirá a ninguna de las soluciones que necesita el país para reactivar su economía, aliviar la situación de los más vulnerables y hacer los cambios de largo plazo que se requieren para avanzar hacia el país soñado.

Sin lugar a dudas existen otros caminos que no requieren de la violencia para ser efectivos, y aunque hayan personas que la justifiquen como el único medio para el cambio, la historia nos ha enseñado que las guerras solo generan dolor y que el ponernos de acuerdo, sin tener que matarnos, puede ahorrarnos mucho sufrimiento y de paso abrir otros ciclos peores de violencia.

Entre todos los caminos que podamos imaginar, yo propongo enfrentar más decididamente la corrupción de la que es responsable en un 69% los municipios (el gobierno central es responsable del 6% y los departamentos del 25%); hacer parte mucho más activa de los procesos políticos y sociales, participando en espacios donde se toman decisiones sobre lo público y eligiendo críticamente a quienes nos van a representar en los escenarios de poder local y nacional; fortalecer las instituciones democráticas del Estado para que se conecten a las verdaderas necesidades de la gente y reformar las que no lo hagan o actúen por fuera de los derechos humanos; e indudablemente, invertir mucho más en la educación como herramienta para salir adelante desde opciones legales de progreso.

Libertad y orden reza el emblema de nuestro escudo nacional, a lo que yo le adicionaría oportunidades como la solución de fondo más importante que requiere el país para avanzar hacia la superación de la pobreza, la desigualdad, el desempleo y las injusticias sociales que son los verdaderos enemigos de toda Colombia.

¡Hacerlo entre todos, y sin violencia, es posible!

Esto fue escrito por

Santiago Orozco Carmona

Politólogo y Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín; diplomado en docencia, currículo y didácticas y en convivencia escolar. Es fundador de la corporación Por la Gente Somos Más y Creador de El Líder Sos Vos. Se ha desempeñado como investigador y escritor en el área de las ciencias sociales, políticas y humanas; docente de básica primaria, secundaria y media durante más de dos años; docente universitario, asesor de despacho y coordinador del Programa de liderazgo "El Líder Sos Vos" de la Secretaría de Educación de Medellín durante el 2016-2019.

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