Las insostenibles culturas del pasado

“Lo que no está de moda, no está en tránsito, y lo que no está en tránsito no hace parte del lenguaje universal. Por eso la cultura, que antes representaba la esencia de aquello que caracterizaba una región, ahora es insostenible.”


Cuando se habla de la “cultura metro”, uno se fija en las características visibles que se notan cuando se usa el medio de transporte. Se piensa unánime, y casi inmediatamente, en limpieza, respeto, tolerancia, orden, entre otras cosas. El metro de Medellín es casi una república independiente con una cultura que cualquier ciudad desearía tener. Los habitantes que lo usan frecuentemente asumen un rol casi comunista allí; todos son iguales en el transporte público, el silencio en el tránsito hacia su lugar de destino los asimila. Se creería que su dirección administrativa funciona como una dictadura donde el castigo cruel obliga a todos a este comportamiento, pero es más bien por una “costumbre cultural” donde todos se vigilan a todos, si así se quiere decir. Un gran ejemplo en el que sustento esta opinión, es la noticia del 2019 donde alguien “rayó” un vagón y desató una ola de inconformidad (adjunto link sobre noticia: https://acortar.link/w3bI6e).

La “cultura de metro” representa la cultura de la globalización. Todos los pasajeros, los diferentes, están en tránsito a un porvenir mejor. Los diferentes son todas las culturas, de regiones y países, que tienen que ir en silencio respecto a sus otros pasajeros, otras culturas. El respeto prima, ante todo, porque cualquier mal comentario levanta chifladas de la comunidad internacional. Habrá una actitud negativa ante cualquier manifestación de diferencia, por eso la única actitud acertada y apropiada en los tiempos de hoy es estar OPTIMISTA en el tránsito hacia un destino que ni siquiera sabemos si llegamos. Con esa actitud es posible comunicarnos con todos y todas (para que no crean que soy excluyente); de resto la cultura local queda para la casa, o los audífonos, o donde sea que uno esté solo. Lo que no está de moda, no está en tránsito, y lo que no está en tránsito no hace parte del lenguaje universal. Por eso la cultura, que antes representaba la esencia de aquello que caracterizaba una región, ahora es insostenible.

No hay cultura cuando hay multiculturalidad. Cuando uno conoce otras culturas por lo general es porque está de paseo. Sin embargo, cuando en un lugar convergen muchas “culturas” esto quiere decir que solo es un punto de encuentro, no existe en el ambiente una cultura, más que la del dinero; por eso Nueva York antes de ser un centro económico fue un centro cultural. La economía es el nuevo lenguaje universal, de resto todo es decoración para vender los productos de la región. Por otro lado, lo multicultural en Colombia se aprovechó como capital electoral en las recientes elecciones y así vencieron esa cultura anclada en el pasado. En la era global todos están cansados de ser decoraciones para turistas (por lo menos los líderes que uno escucha aquí en Colombia) y quieren ser parte del gran auge económico, pero juran defender los principios de “culturas” que ya están perdidas. Las culturas ahora solo les sirven a las empresas que saben usar el dinero para hacer campañas de marketing, pero para la elite colombiana son un peso, por eso la nula inversión en el pasar de los años.

Todos aquellos que creen que ahora hay un gobierno que los representa, porque representa dicha “multiculturalidad”, no pueden sentarse a esperar que les giren “chequecitos” para continuar con sus estilos de vida prolongados desde hace mucho tiempo, más bien tienen que correr a aprender ese lenguaje universal para no quedar en el olvido entre los libros de historia o como recuerdo en una buena borrachera. La era global es una era de tránsito en silencio, donde todos somos iguales ante los ojos del capital y el capital respeta a quien calla y sigue sus instrucciones, pero al que no, lo condena al rechazo y al olvido.

About the author

Jonathan Cardona Gamas

Soy de Bello, Antioquia. Estudiante de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Hice algunos semestres de Historia en la Universidad de Antioquia. Me gusta la filosofía y el ajedrez. Mis inclinaciones están enmarcadas dentro del constante y abrumante cambio que tiene el mundo de hoy, por eso dentro del discurso seguramente constantemente hablaré sobre tecnología, globalización, medio ambiente y la relación con nuestra sociedad. Tengo 27 años y me gusta mucho escribir.

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