Las FARC: un modelo a seguir en cuanto a revisionismo histórico | Parte 2

A partir de 1990 y con la caída del Muro de Berlín, la gran mayoría del mundo creyó ingenuamente que el comunismo y el socialismo habían sido derrotados ¡nada más lejos de la realidad! por el contrario, la caída de esa decadente pared lo que logró fue una mayor capacidad de exposición para ese par de modelos genocidas.


NOTA: La primera parte de esta entrega, puede leerla AQUÍ.


Las FARC nunca estuvieron al margen de lo que ocurría en el resto del mundo y es así como al comienzo de aquella década, en la ciudad de São Paulo (Brasil), se fundó el Foro de São Paulo contando con el respaldo de dicha organización criminal.

Desde su fundación, el Foro de São Paulo y sus “afiliados” han tenido un solo propósito: Tomarse el poder de todo el continente. Para ello, han hecho y hacen lo necesario desde todos los frentes, siendo fieles a su uso de todas las formas de lucha, para además de avanzar políticamente, ser recordados en los textos como héroes.

M-19/FARC: el mismo puerco con distinto collar

Aquellos que no revisan el acontecer del país con atención, suelen imaginar o creer que lo que estamos viviendo con las FARC es nuevo, que se relaciona con el cambio de siglo, desconociendo que uno de los primeros golpes certeros del Foro de São Paulo fue la constituyente de 1991, la cual, abrió la puerta a una serie de garantías para los delincuentes socialistas.

Los protagonistas en su momento no fueron los guerrilleros de las FARC: Tirofijo y Jacobo Arenas, quienes eran asesinos y delincuentes diseñados para el cartel de la muchachada de la época: el M-19.

El M-19 fue uno de los brazos urbanos de las FARC que se presentaba como una disidencia compuesta por jóvenes idealistas, apuestos, bien hablados, salidos de familias acomodadas de las principales ciudades del país y que actuaban como adalides de obreros, pobres y desarrapados por igual. Igualmente, como su matriz principal, el M-19 secuestraba, asesinaba, delinquía, robaba y actuaba como lo han hecho siempre esa juntura de sociópatas.

Pero en 1991 eran protagonistas porque hacían parte del cambio más importante del siglo para un país hundido en la miseria y la violencia como pocos en el continente: una nueva Constitución Política.

Es ahí donde por medio de símbolos y discursos, comienza el blanqueamiento de un grupo delictivo que hizo y deshizo, pero que fue indultado porque sus crímenes, al igual que el asesino Ernesto Guevara (alias “el Che”). Todos tenían un discurso: una razón que excusaba la violencia propia de la sociopatía guerrillera.

Entonces los asesinos, violadores y secuestradores, ahora eran los protagonistas de una “transformación” que sería la “salvación” para Colombia y así daba comienzo el trasegar en oficialidad del socialismo más radical en el país.

En este punto, el M-19 figura en el imaginario de muchos y con fuerza entre los más jóvenes, como una especie de grupo de salvadores al estilo de Robín Hood: toda una banda de amables forajidos que lograron un mejor país para todos. Por medio de revisionismo histórico manipulado a través de propaganda direccionada de manera sistemática y efectiva, se iban borrando las huellas de violencia de los integrantes de este grupo delictivo.

Este cuadro idealista, fue dibujado desde las aulas por profesores que recibieron en las universidades que los formaron toda la carga neo-marxista dispuesta para la alienación de las tropas de jóvenes que en algún punto serían adultos y que votarían para que esos “faros morales” se hicieran cargo del destino de este país.

¿Y las FARC qué?

En cuanto a las FARC, ellos como grupo central de todo el movimiento radical guerrillero de Colombia, avanzaron con obstáculos: no lograron despejar medio país bajo el gobierno de Andrés Pastrana, pero sí que pudieron, en su momento, mostrarse como una fuerza de pobres campesinos obligados a armarse porque en las ciudades todos los odiaban y queríamos su desaparición.

Este tropiezo, no fue más que eso, porque dos décadas después de muchas masacres, secuestros masivos y reclutamiento forzado, su triunfo llegaría de manos de Juan Manuel Santos. No lograron una constituyente, pero sí un cambio tan radical en la Constitución Política de Colombia, que ahora sus cabecillas, culpables de las peores atrocidades en la historia del país, reciben sueldo gracias al pago de impuestos de los colombianos que negaron ese proceso en un plebiscito trampeado.

El camino para limpiar la imagen de las FARC hasta ahora comienza, pero al igual que con el M-19, será un proceso desde las aulas, los medios y también las redes sociales, que se encargarán de decirle a los más jóvenes que todo lo que dicen sobre ellos, a pesar de estar documentado, es una mentira, porque ellos, los de la izquierda radical, violenta y delincuente ¡jamás hicieron lo que les endilgan!

Dirán como dicen ahora: “Que sí, que cometieron unos errores ahí, propios de la guerra, pero que por favor entiendan que los verdaderos responsables han sido los empresarios y esa gente mala en las ciudades que no quiere el cambio revolucionario que ellos nos traen”. Siendo esta la generación con mayor cantidad de información a la mano, es también la generación más manipulable y crédula: el escenario perfecto para que las FARC, por medio del tradicional revisionismo histórico del socialismo, pueda deshacerse de tanto muerto y señalamiento que les molesta aún la existencia.

El marco para acabar con lo poco que esta sociedad ha construido ¡se dio por fin a pedir de boca de los delincuentes más radicales! La suma de pésimos gobiernos y el aumento del tamaño de la burocracia, junto al dogma de la Escuela de Fráncfort en las aulas, consolidó un caldo de cultivo para la toma guerrillera de todas las instituciones del país.

¿Qué nos queda?

Nos queda la memoria y la posibilidad de evitar que los hechos, los documentos y las evidencias ¡desaparezcan!

Está en manos de cada uno de los ciudadanos conscientes, impedir la pérdida de la memoria sobre lo fáctico y lo tangible: sobre las tragedias de todos los responsables de la violencia en este país. Pero con mayor ahínco de los que tratan como las FARC, de borrar y hacerle creer a una generación manipulable que no cometieron crímenes atroces, repitiendo el mismo libreto cínico usado por Stalin y Guevara, gracias a un “modelo educativo” moldeado por marxistas que solo buscan proteger el totalitarismo de izquierda.


Este artículo apareció por primera vez en nuestro portal aliado El Bastión.

About the author

Carlos Ayala

Historiador, periodista económico, criptoholder, y estudioso del fenómeno del revisionismo histórico desde el socialismo y el avance de las ideas marxistas en el sistema educativo. Divulgador de información fidedigna para desmontar las ideas en mención.

¡Enemigo del colectivismo en todas sus formas!

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