Las dos direcciones correctas

Intentando no caer en un falso dilema, el mundo político puede clasificarse en dos grandes direcciones. La primera, es una suerte de individualismo, cuya base expone que el ser humano es el sujeto de expresión política más importante y, por tanto, las demás expresiones políticas empiezan por el respeto de los atributos de su especie, conceptualizados en derechos individuales: vida, libertad, propiedad privada, dignidad humana y búsqueda de la felicidad. Por otro lado, la dirección colectivista expone que los individuos tienen intereses interiorizados del grupo que conforman y, por ende, los intereses del grupo predominan sobre los del individuo. Este último sistema tiende a violar o limitar los derechos individuales, basados en la igualdad, la solidaridad, la nación, la raza o dios.

A ambas direcciones las separa una escala de grises casi que inagotable. Sin embargo, si hablamos de política, ¿cuál es la dirección correcta?, ¿quién la dicta?, ¿un experto?, ¿la mayoría?, ¿los ríos de literatura política? La respuesta no es precisa. En parte los expertos, la opinión pública y la nube de conocimiento en literatura política forman la dirección que los países toman como comunidad en dicha materia, no obstante, ninguna indica cuál es la dirección correcta sin estimar en sus resultados.

Las ideologías políticas son fines y maneras de conseguir esos mismos fines. Generalmente, los fines de las ideologías políticas son nobles, comúnmente asimilables y prometen un modelo de sociedad. La distinción debe estar marcada en cómo llegar a estos.

Todos queremos sociedades con muchas oportunidades sin las grandes desigualdades que desdibujan el tejido social. ¿Cuál es la manera de conseguirlo? Un colectivista sostendría que la dirección es por el camino de la redistribución, de la expoliación o del castigo a la creación de riqueza; mientras, un individualista sostendría que es por medio de la libre iniciativa y la abolición de la discriminación (incluyendo la considerada “discriminación positiva”). ¿Qué comunidades políticas han tenido resultados positivos con una u otra dirección, teniendo en cuenta el sostenido declive de las economías socialdemócratas en las que sus medidas redistributivas han producidos efectos negativos no esperados, como la tendencia a beneficiar al statu quo al poder fijar las prioridades del gasto público y no dirigirlo al segmento poblacional que pretende ayudar, desincentivando así, el trabajo y el progreso económico individual?

Cada dirección será correcta para quien las comparte. Sin embargo, objetivamente, ambas no pueden ser correctas por ser una formulación intermedia que muestre una suerte de conciliación innecesaria. Sin el individuo no puede existir comunidad. La visión donde el individuo es parte de un todo inmenso, cuyo tamaño disminuye el valor ontológico del humano individual, no es una simple equivocación. Es el estamento académico del que los tiranos de la historia política se impregnan para imponer su deseo.

Esos tiranos, como todos en la historia, han contado con un amplio apoyo popular y con el respaldo de académicos importantes. De ahí la idea central de la servidumbre voluntaria: el tirano permanece en el poder por el amplio apoyo a su tiranía; si absolutamente nadie le fuese pecaminosamente leal, lo más lejos que llegaría es a paria o loco.

Aún enfrentamos la dirección de los tiranos, apoyado por mayorías y por académicos importantes. Por tal razón, cuando a sus manos llegue que un grupo de personas considerables o que un académico importante (incluso galardonado con el Premio Nobel) le afirma que al ir por la senda del colectivismo vamos en la dirección correcta, mejor pregúntese: ¿si es esa la dirección correcta?


Este artículo apareció por primera vez en nuestro medio aliado El Bastión.

Carlos Manjarrés

Abogado de la Universidad Libre Seccional Barranquilla. Director de Divulgación de COLIBRE.

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