La quimera bellanita

El día en que Bello hizo historia fue cuando hace cuatro años, votó en blanco para que no ganara Germán Londoño, único candidato y perteneciente a la maquinaria de los Suárez. En ese momento los bellanitas parecieron por fin darse cuenta del show de marionetas del que han sido espectadores desde el inicio del nuevo milenio. Pero fue falsa alarma, pues en las siguientes elecciones, ese hito quedó archivado porque al final ganó el candidato de la casa suarista.
El día en que Bello hizo historia fue cuando hace cuatro años, votó en blanco para que no ganara Germán Londoño, único candidato y perteneciente a la maquinaria de los Suárez. En ese momento los bellanitas parecieron por fin darse cuenta del show de marionetas del que han sido espectadores desde el inicio del nuevo milenio. Pero fue falsa alarma, pues en las siguientes elecciones, ese hito quedó archivado porque al final ganó el candidato de la casa suarista.
En esa campaña apareció el personaje de Luz Imelda Ochoa y dio un aire de confianza. Finalmente terminó ‘descalificada’ por un lío con unas firmas no validadas y apagaron a la posible ganadora de esas elecciones, porque por eso fue que los Suárez la borraron del mapa, sabían que iban a perder pese a los mercados y lotes que regalan en campaña.
La reposición de las elecciones la ganó Carlos Muñoz, un hombre que dio qué hablar desde el inicio, pasando por su presunta homosexualidad hasta llegar al ADN que lo identificaba como otro Suárez más. Es tal vez el alcalde que menos pantalla dio en su mandato, algo casi parecido a sus obras y gestiones, y que a finales de septiembre del 2015, aparecieron mágicamente los resultados en vallas por todo el municipio y los bellanitas, según lo que comunicaban, vivían en el mejor sitio del mundo y eso que no los evaluaron en el ranking de «Territorio con más plazas de vicio por metro cuadrado» en el que seguro, el bravo pueblo de gente esforzada que levanta muy alto el mentón, sería orgulloso ganador.
En octubre pasado se llevaron a cabo las elecciones y había un panorama algo alarmante: un exsuarista que trabajaba mancomunadamente con Ochoa, parecía ser la estrella de rock en el tarjetón. Por su parte, César Suárez era el otro candidato que punteaba, que por su apellido, se obviará a la casa perteneciente; y el del Partido Verde que ya se convirtió en el Horacio Serpa de Bello de tanto intentar llegar a la alcaldía.
En el panorama anterior pasa algo interesante y es el grado de contaminación de los candidatos. Luz Imelda en su regreso no generó tanta fuerza como antes, y el de los Verdes tampoco, pese a su discurso cuasifajardista. ¡Cómo van a querer a Fajardo en este municipio que está acostumbrado a la corrupción y al desarrollo de obras que no se usan como el megacolegio construido en el cunchito del Cerro Quitasol a la altura de Las Araucarias! Ese no es el estilo bellanita y da tristeza.
Comparando el panorama español e incluso tomando un poco de Medellín, a Bello le hace falta un Pablo Iglesias sin querer tomar sus ideologías. Le hace falta un movimiento ciudadano de verdad, que demuestre que la comunidad está cansada de los Suárez y sus litros de concreto y costales de mercados en campañas. Pero qué se puede esperar de este municipio en el que si se practica gobernabilidad seguro caen amenazas.
Hatoviejo, Hato de Rodas, Bello, es una utopía en cientos de ciudadanos. En Bello se invierte en educación y los recursos y avances no se ven. En la administración actual creyeron que con construir tres megacolegios ya la enseñanza será a otro nivel, y por supuesto que lo será, pues los estudiantes ya tienen que subir más escalones para llegar al salón. Lo que importa es que «estamos matriculando a más jóvenes bellanitas» asegurando la alfabetización y eso que de suerte no hay una cátedra suarista en la que enseñen a querer y a defender a los candidatos de dicha maquinaria.
«Ciudad de los Artistas», jíbaros que hacen todos los malabares posibles para esconder la droga en ladrillos, contadores de energía y de gas, alcantarillas, vírgenes, aljibes, carros abandonados, arbustos que nacen en el concreto. Ellos son los verdaderos – y qué triste – artistas de Bello. Este municipio del norte debería ser reconocido por sus labores en la cultura, pero los combos se roban las portadas de los diarios. «Aquí no hay ley ni Dios, hay Suárez».
Hace falta un movimiento que reúna a los indignados que son callados por la policía en el parque principal. Hace falta la construcción que vaya más allá de ese Bello imaginado que cientos de habitantes tienen, mirar de verdad los puntos importantes, ponerle control a la burbuja inmobiliaria que impacta al municipio, situación que va a llegar al punto de acabar con zonas verdes importantes como por ejemplo el amplio pulmón que compartían el Hospital Mental de Antioquia y el Liceo Antioqueño sede bachillerato.
Ojalá ese líder también le preste atención a la movilidad. Frenar a los motociclistas que transitan sin papeles y sin casco. Construir un plan de vías para mejorar la circulación, pues la última megaobra en este aspecto fue la Obra 2000, y eso ya fue hace muchísimos años, cuando el parque automotor no era tanto. Hace faltan vías que de verdad permitan la conexión de territorios, sacar los carros del parque principal, ampliar avenidas que conecten a Bello con la autopista norte y a esta última con los barrios.
Un fondo a la educación superior que deje de ser tan ‘nefasto’ y ‘pobre’ como el Plan Padrino, que ni siquiera responde a la cantidad de estudiantes que salen graduados de los colegios públicos y privados. Se ha rumorado sobre la Universidad de Bello, tiene que dejar de ser un rumor, hay que hacerla de verdad, brindar más oportunidades laborales y académicas a los bellanitas. Trabajar contra el miedo que tiene el ciudadano a «los de la esquina».
Invertir en cultura ciudadana también debería ser prioridad, trabajar en el respeto por el otro desde la simple convivencia en los barrios. Una alcaldía que deje de pensar que por tener un programa de televisión en el canal local ya es una obra bien hecha que termina siendo cinismo frente a los recursos que sacan para ellos mismos.
Ese movimiento no debe salir de partidos ni de gente untada ya, incluso pueden ser académicos, estudiantes, que si bien no estudian en su municipio, hacen una especie de mini fuga de cerebros al formarse en el municipio aledaño y querer trabajar en otro. Hay que ponerse los pantalones, darse cuenta de que se puede hacer historia, de que ese cordón umbilical que han creado los Suárez durante más de cuatro periodos, puede cortarse y volver a empezar. Sin embargo, como se mencionó antes, ese Bello narrado, hace parte de una utopía, común en los bellanitas.

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Cristian Camilo Jiménez Mejía

Periodista a un paso de recibir el cartón. Todas las montañas puntiagudas me parecen farallones. Parva y chucuchucu. No bailo como tía.

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