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La Primera Línea de Pilarica

«Esta ciudad que yo creí mi pasado

es mi porvenir, mi presente;»

(Jorge Luis Borges)

Nací hace muchos años en Medellín. De esta ciudad son mis padres y abuelos y es quizá por ello que a veces sentía cierta envidiecita de aquellos que desde pequeños los mandaban de vacaciones a pueblos y fincas y que aún hoy, llegan de doctores a visitar sus herencias o a tomar aguardiente en la plaza del pueblo en donde ellos o sus padres nacieron.

Pero mi pueblo, mi referente de niñez y adolescencia fue la cuadra y el barrio. La cuadra con la infaltable tienda, la esquina para sentarse en gallada y las mangas para cazar pajaritos, capturar nidos, coger cadillos y atisbar parejas amantes del colchón verde. La raquítica y contaminada quebrada “El Saladito”, a la cual íbamos a saltar de orilla a orilla y a atrapar pequeños pececitos y pececitas embarazadas que llamábamos buchonas. Las mangas aledañas donde jugábamos futbol hasta que llegaba la noche o el dueño del balón se aburría, lugares ya urbanizados en donde muchos conocimos por primera vez el amor. Ese era mi barrio, Belén Vicuña, en el cual crecí, jugué, amé y aprendí a fumar.  Hoy la mitad del barrio fue ocupada por un gigantesco centro comercial y la amplia y arbolada calle 30 o avenida Universidad de Medellín, fue deforestada por el Metro.

Ya adulto y con los denarios que ya recibía por mi trabajo, termine viviendo en Pilarica, en el cuarto piso de un conjunto construido por el Instituto de Crédito Territorial que por su ubicación, sobre una suave elevación y por su entorno, rodeado de árboles y con la quebrada “Mal Paso” de lindero, fue llamado “La Selva”.

Quienes hemos nacido y vivido casi toda la vida en Medellín y todos los que han crecido aquí provenientes de cualquier rincón de Antioquia o el país, queremos mucho esta ciudad, así nos apuñale en cada esquina. Y quienes no tenemos referentes pueblerinos y somos hijos de Medellín, solo tenemos los recuerdos del barrio, de la gallada y de la cuadra para alborotar la nostalgia, así muchos de nuestros amigos no los hayamos vuelto a ver, la cuadra este llena de edificios y carros a lado y lado de la calle, y de la tienda de Don Miguel ya no quede ni el mostrador.

La ausencia de planeación y control de la ocupación del territorio ha producido en Medellín una explosión inmobiliaria que ha sustituido la cuadra por el edificio, la vecindad por el recelo y la tienda por el supermercado. La ciudad ha sido entregada a la voracidad de constructores sin escrúpulos, a delincuentes urbanizadores y lavadores que asociados con Curadores y Notarios, nos han confinado en pequeños y costosos cubículos en donde cada rayo de luz o centímetro de altura se mide en unidades de usura y han derrumbado la memoria urbana y arquitectónica de ciudad. Pasó con el centro de Medellín, en donde el hito criminal de tumbar el Teatro Junín para construir el adefesio Coltejer marcó la dinámica destructora de todo Medellín.

Solo he vivido en dos barrios de Medellín: Belén y Pilarica. Debe ser porque llegué a mi propio espacio, o porque ya adulto apreciaba mejor los bienes del entorno en una ciudad que ya asfixiaba, que Pilarica fue para mi el paraíso en la ciudad. La Quebrada Mal Paso me arrullaba, los frondosos árboles de la extensa copropiedad albergaban pájaros de todos los colores y melodías y como no pasaban buses ni carros cerca, el silencio reinaba en el entorno. Pero muy pronto esta tranquilidad se hizo trisas. Las enormes casas, con sus albercas y piscinas, con sus frutales y amplios espacios, fueron cayendo y lo que antes era una verdadera reserva forestal fue sembrada de adobes, cemento y fierro. El barrio se densificó y fueron expulsados todos los propietarios originales. Donde antes habitaba una familia ahora ya vivían 20, 30, 40 o más; y donde se hallaba una casona ahora se levanta una abominable mole de 15 o más pisos.

Los edificios crecieron abonados por la codicia y el regadío cómplice de la administración municipal. El ajuste al POT realizado en 2006 abrió las puertas para urbanizar a Pilarica, tarea que perfeccionó el Acuerdo 48 de 2014, mediante el cual se revisó y ajustó el POT, asignando al Polígono de Pilarica el Nivel de Consolidación 1, esto es, construir sin consideración. Luego se destinaron a otras comunas las Obligaciones Urbanísticas derivadas de las construcciones en Pilarica y dejaron sin recursos y archivado el Parque Lineal de la Quebrada Malpaso. Ahora, sin que la Secretaría de Control Territorial y la Inspección 7B de Policía Urbana se dignen hacer nada, entre la carrera 72 A y las calles 73 y 74, una empresa contratista de EPM ha invadido la orilla de la Malpaso y un flamante parqueadero y lavadero de carros vierte sus aguas a lo que queda de quebradita. Todo, a pesar de haberse declarado allí un comportamiento contario a la integridad urbanística.

Pilarica se hacinó sin orden, control o planeación; en su pequeño parque, único espacio público entre las docenas de edificios que lo rodean y lo circundan, solo pueden correr y cagar los perros del vecindario; no hay aceras, no hay transporte público y a cada rato hay un accidente en el cruce de la carrera 73 con la calle 73, solo porque la administración municipal no le da la gana de colocar un semáforo. La mayoría de los edificios o mejor, de las elevasiones de cubículos, resultaron de estrato cinco y hoy nos esquilman con las cuentas de servicios púbicos, del internet y del catastro.

A Pilarica llegamos y llegaron jóvenes profesionales que recién conformaban familias de no más de uno o dos hijos y un perrito, o de una pareja y un perrito o gatico; señores y señoras de edad que invirtieron su jubilación en un espacio que salvara a sus familias de su pesada carga, y uno que otro pillo jefe de alguna de las bandas circundantes en busca de una caleta libre de sospechas.

Habitantes de clase media o en trance de serlo, que trabajan día y noche para pagar las cuotas del carrito, del apartamento, de la administración, del colegio del niño y las cuentas de servicios públicos.  En general, buenos ciudadanos y ciudadanas absorbidos por sus trabajos, poco interesados en el vecino y tranquilos dejando en manos de los administradores los problemas de ascensores, basuras, vigilancia, piscina, parqueaderos y alumbrados ahorradores de sus edificios.

Pero al asecho siempre han estado los lobos. A Pilarica llegó Asfalto y Hormigón S.A. de propiedad de las firmas Pavimentar S.A. y Conproyectos S.A.S., unos aprovechados constructores que tenían de cabecera al experto en cálculo cicatero Jorge Aristizábal. En el lote de una bella casona levantaron 13 pisos, 72 apartamentos y 2 sótanos para parqueaderos que llamaron pomposamente Edificio Kampala.

Desde su entrega en el año 2010, esta construcción empezó a evidenciar fallas estructurales que no fueron atendidas en serio hasta el año 2019, cuando la situación se agravó.  Hoy, dos años después de haber ordenado la evacuación del edificio, la constructora y sus empresas propietarias hacen todo los posible por liquidarse, reestructurase y cambiar de razón social y dueños para evadir responsabilidades; la gente deambula en apartamentos y casas de familiares y la constructora ni siquiera ha tramitado los permisos para repotenciar el edificio; la flamante, politizada e inepta Secretaría de Control Territorial no dice ni mu y a los dueños y dueñas de los apartamentos les toca seguir pagando la administración y vigilancia del edificio, los servicios públicos y para colmo, el impuesto predial.

Por fin, en virtud de la rabia, la desesperación y la frustración acumuladas, las recatadas señoras y resignados señores que vivían en Kampala, las familias pudorosas que se aferraban con dientes y uñas a la clase media, los detractores de cualquier marcha o protesta, los burócratas de nuevo cuño temerosos por su puestecito y los que pensaban que la gente no vive como ellos porque son unos vagos y atenidos, se decidieron a protestar, y de que manera. Coreando consignas, con pancartas y pitos, han realizado en plantón y cortado el tráfico por las calles aledañas al Edificio Kampala. Y bueno, el vecindario ha salido en solidaridad a acompañar la manifestación y el otrora abominable bloqueo.

Por fin estamos entendiendo que tenemos los más ineptos, corruptos e indolentes gobernantes. Que esto hay que sacudirlo y barrer sin misericordia tanta basura. Que hay que hacer valer los derechos en la protesta.

Acaba de nacer la Primera Línea de Pilarica. Solidaridad con los habitantes de Pilarica.  ¡Honor y gloria compañeros!

 

-Medellín, septiembre 24 de 20121


Esto fue escrito por

Jesús Ramírez

Abogado de la UdeA, Exsecretario de Gobierno de Medellín y Exgerente de la Empresa para Seguridad Urbana de Medellín. Consultor Independiente.

3 Comentarios

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  • Muy bueno, pilarica es caso emblemático en este relato aplicable a lis barrios que la codicia y el des-ordenamiento territorial destruyen impunemente

  • Solidaridad con los propietarios de Kampala. Hay que ejercer presión social para que la constructora y autoridades cumplan.
    También me pregunto: ¿cómo generar espacios públicos para el disfrute de las familias que vivimos allí? Y lo que nunca falta, mejorar la seguridad.