La muralla y Duque

Jorge Luis Borges escribió en 1950 un ensayo sobre el emperador Shih Huang Ti y su afán frenético por borrar la historia. En sus decisiones para este fin, mandó a quemar todos los libros que contaban el pasado de su imperio para empezar de nuevo, con él, como único líder capaz de darle inicio a un nuevo mundo. Por esa razón, mandó a erigir una muralla lo suficientemente extensa y fuerte, para defenderse de los enemigos, pero, también, para evitar que de afuera se filtrara alguna consideración no solo de su proceder, sino cualquier información, visión y concepción de mundo que pudiera intervenir con el objetivo de perpetuarse en la nueva historia.

No necesitamos ser expertos en Borges, ni en la historia china, para entender que el presidente Iván Duque es Shih Huang Ti. En vez de quemar libros, arrincona a la cultural general, a los estudiantes, a los que están en contra de su gobierno, a los más necesitados, a la academia a una esquina y se asegura de cercarla, para que no puedan decir mucho, para que no puedan hacer nada. Construye de a poco, una muralla tan extensa y fuerte para evitar que el mundo entero descubra lo que es. Esto, lo hace pronunciando discursos falaces en donde a tiza con ahínco una preocupación hipócrita por el medioambiente, por la economía, por la cultura y por el pueblo. A su vez, intenta estar en la línea de los grandes mandatarios a nivel mundial que hacen bien su trabajo, se disfraza, se mezcla, se filtra y juega al impostor. Nosotros lo vemos, lo escuchamos y decimos: ¡Que sin vergüenza!, ¡que cretino!, ¡que mentiroso!, que tan cercano a Maduro, que encubre con hechos aislados, lo que realmente está pasando.

El presidente de Colombia elimina el pasado, lo hizo con la presencia de Rubén Acevedo, director del Centro de Memoria Histórica, tan cercano a los ideales del Centro Democrático. Lo hizo, con su juego de ases para controlar todas las ramas políticas del país. Lo hace cuando censura, incita e invita al odio. Tiene claro su papel en el pelotón de fusilamiento que dispara sin piedad contra la historia, el pasado y los instrumentos que nos permiten entender el presente en el que vivimos. Destruyó el acuerdo de paz, desacredito a cuantos pudo. Nuestro Shih Huang Ti, sentado en la silla presidencial, ordena para que se elimine la historia y se coloque sobre la mesa, la desfachatez absoluta de imponer la figura de viejos valores políticos asesinos que, en nombre de la seguridad, tiene a la fuerza pública, a los militares cazando sin piedad a ciudadanos para hacerlos pasar como violentos, vándalos, individuos peligrosos para una sociedad que no sabe en dónde termina el bien y se justifica el mal.

Los medios de comunicación son los ladrillos que fortalecen la muralla. Mientras siguen en el frente de ataque, disparando sin piedad con eufemismos, juicios y una desinformación desmedida, los ciudadanos, la gente en Colombia sigue buscando, socavando entre el pasado que aún está posible, las formas para seguir desmantelando, porque si algo tenía claro Shih Huang Ti, era que, en algún momento, alguien borraría su memoria, alguien decidirá quemar lo que él escribió, lo que él construyó, alguien escribiría un ensayo contando las atrocidades de su enfermedad por el poder. El miedo de nuestro presidente y de todo el Centro Democrático es que pasé lo mismo que ellos hicieron, que al momento de revisar la historia, se elimine la suya, pues al no seguir perpetuándose no hay nada de que hablar, no hay nadie a quien recordar y los libros volverán a estar en la manos de los lectores, y la cultura estará en cada rincón de Colombia en su mayor plenitud y todo lo que debe estar al servicio de los ciudadanos estará tan libre, que se comprenderá, que una parte de nuestro pasado fue dominado, manipulado y utilizado para construir un imperio que nos encerró, mientras nos mataban y ellos gritaban arengas de justicia, paz y reconciliación.

 

@JuankRenzi

 

 

Juan Camilo Parra Martínez

Escritor. Autor de la novela corta: Siempre quedará y del libro de ensayos literarios Domingo, 3 de abril.

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