Opinión Recomendados Selección del editor

La legitimidad de los desnudos en la protesta social LGBTIQ+

las nalgas al aire, los pechos expuestos, los penes colgando, son tan legítimos como lo puños que se levantan al son de las consignas y los pies que aguantan los pasos por las calles”

Recientemente se conmemoró el día del orgullo Gay en el mundo. Y como es de esperarse, es un evento que genera un sinnúmero de reacciones y opiniones, no siempre tan coherentes y sensatas como se quisiera, muchas de ellas son un ataque certero a la comunidad LGBTIQ+, mientras que otras cumplen la función de defensa o apoyo a dicha comunidad.

Las redes sociales son, generalmente, un escenario por excelencia para estas fervientes discusiones. Este año no ha sido la excepción, por el contrario, debido al aislamiento físico social en el que la conmemoración ha estado inmersa, estas redes han sido la herramienta de canalización de las diferentes opiniones, y de alguna manera, en estas plataformas se dio la marcha virtual que no se pudo desplazar por las calles como ya es usual en las diferentes ciudades del país.

La ausencia de la comunidad marchante, causó para muchos, un alivio; no solo para quienes atacan activamente el movimiento de la comunidad LGBTIQ+, sino para aquellos que aunque hacen parte de la comunidad, no la legitiman del todo, ya que argumentan que, las conductas desnudistas y exuberantes de algunos marchantes, le restan seriedad a la movilización que promueve la exigencia de derechos igualitarios.

Sin embargo, aquí me permitiré exponer algunas de las razones por las que considero que tales desnudos y expresiones irreverentes, de ningún modo son sinónimo de falta de rigor en la protesta social.

En primer lugar, debo decir que la protesta a través del cuerpo no es exclusiva de esta comunidad, pues más allá de irrumpir e incomodar, tiene como propósito naturalizar aquello que no debe escandalizar para dar relevancia a lo que realmente se debe atacar. Por lo tanto, es una acción que se hace presente desde la protesta feminista, los movimientos estudiantiles, la movilización de las comunidades indígenas, entre otros movimientos por la reivindicación de derechos.

Es así que el cuerpo se expresa como territorio político, no sólo para promover y defender los ideales que la protesta en cuestión, sino que, además, el cuerpo desnudo, expuesto, disfrazado, pintado, trepado, se revela contra la colonización del mismo cuerpo; ataca de manera directa aquello que socialmente se le ha impuesto y le ha obligado a cubrirse, vestirlo, reservarlo. Refleja entonces la poca autonomía que el control social nos ha dejado, incluso en nuestros propios cuerpos, que es el primer lugar que habitamos.

Por otra parte, la desnudez del cuerpo también es un símbolo de indefensión, ¿Cuándo se está más expuesto y vulnerable que cuando se está en cueros?, pero no es una indefensión que llame o tiente la agresión, por el contrario, es el privilegio de estar completamente vulnerable porque hay toda una masa humana que protege.

En el caso específico de las marchas de orgullo, aun cuando puedan marchar miembros que no comparten el desnudo y la exhibición, estos últimos, protegen a quien lo hace, lo visten con las miradas atentas, puestas en los espectadores y curiosos, en busca de cualquier manifestación de agresión. Los posibles agresores lo saben y limitan sus acciones a los comentarios y las miradas de desaprobación que carecen de éxito.

Es justamente el ojo juzgador, el que muchas veces se alimenta de su propio miedo para atacar. Miedo a caminar despojado de cualquier prenda, ante las miradas atentas y minuciosas, porque se sabe colonizado, adiestrado, doblegado. Son estos mismos valientes para juzgar, los que con doble moral y en voz baja, se preguntan por esos cuerpos exuberantes que se transforman y transitan.

Entonces, las nalgas al aire, los pechos expuestos, los penes colgando, son tan legítimos como lo puños que se levantan al son de las consignas y los pies que aguantan los pasos por las calles. No le resta relevancia a la protesta, por el contrario, revela que se lucha con la piel, no solo con las partes de ella que están bien vistas socialmente, sino con cada célula, cada poro que nos configura como humanos.

Esto fue escrito por

Luisa Garzón

Licenciada en educación especial de la Universidad Pedagógica Nacional. Estudiante de Maestría en Desarrollo Educativo y Social. Fiel creyente del cambio, de la transformación, la diversidad, la empatía y la desobediencia.

Añadir Comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.