Opinión Política

La indecisión y lentitud del alcalde caleño

En Cali los actos de violencia han sido protagonistas en las movilizaciones: buses incendiados, negocios destruidos y civiles o policías heridos son el pan de cada día desde el 28 abril. Todo esto generado por la rabia de los caleños ante los problemas sociales que se agravaron con la pandemia. El alcalde Jorge Ospina no predijo las consecuencias de una población enojada y empobrecida debido a la COVID-19, y como consecuencia no le fue posible tomar medidas antes de que todo explotara.

Ahora, en medio de esta anarquía, Ospina no sabe qué hacer para amainar la violencia.

Es cierto que a Ospina le tocó un periodo muy difícil, pero sus decisiones empeoraron el panorama: ¿quién piensa primero en invertir en alumbrado navideño en plena pandemia? Esos más de 10 mil millones de pesos pudieron invertirse en ayudas sociales para los más vulnerables. ¡Es obvio el enojo que tienen aquellos 900 mil caleños que se encuentran en la pobreza! El alcalde debió plantear las verdaderas prioridades.

Pero las consecuencias de estos errores no solo se limitan a una ciudadanía enloquecida.

Muchos caleños han denunciado que la policía ha violado sus derechos en medio de las manifestaciones, como si esta institución fuese la única con autoridad en la ciudad.

¿Dónde está el alcalde de Cali tomando acciones para evitar estas circunstancias? Tampoco se ha pronunciado para exigir que se esclarezcan estos hechos y no ha condenado las muertes en el marco del paro nacional, siendo que esta capital tiene la mayor cantidad de víctimas mortales. Es necesario que el alcalde se manifieste con respecto estos sucesos, porque los caleños se sienten abandonados frente a este mutismo.

Menos aún se ha expresado con respecto a las denuncias que han hecho los manifestantes por los disparos que han recibido por parte de camionetas blancas; ¿será esto una respuesta a la propuesta que hizo Ospina de realizar brigadas entre ciudadanos para contrarrestar el crimen? Posiblemente nunca se sepa.

Ospina no se ha referido activamente a la violencia que se ha desatado en Siloé y no ha dicho una palabra con las caídas del internet que han anunciado algunos protestantes.

Este silencio es peligroso, hace que los ciudadanos perciban que quien manda son las fuerzas armadas y las bandas criminales. Algunos caleños han expresado en sus redes sociales que se sienten desprotegidos y a merced de los actores armados. Están asustados, demasiado, muchos tienen miedo de salir de sus casas porque no saben si volverán

Pero esta escasez de acciones por parte del alcalde es respuesta a su ignorancia frente a la grave situación que vivía Cali por la pandemia. Por ejemplo, él afirmó que las drogas son el catalizador de las problemáticas sociales que se viven en la ciudad (así lo dijo en entrevista con CNN). Pero las drogas y el microtráfico son una consecuencia, no la causa. Lo que provocó este detonante fue una sociedad caleña que le cuesta sobrevivir y que se sintió abandonada por las instituciones gubernamentales.

Ahora, como no sabía qué era lo que pasaba en Cali, sus decisiones son vacilantes y tardías para una ciudad que necesita soluciones contundentes o si no serán los más vulnerables las víctimas de esta anarquía, la cual parece interminable por lo mismo: la falta de decisiones por parte del alcalde. Otro error que cometió Ospina fue pensar que con la caída de la reforma tributaria el panorama se iba a calmar. Es obvio que estaba equivocado.

No sirve de nada que Ospina se haya unido a la ciudadanía para marchar si él no toma cartas en el asunto para solucionar la terrible situación que está aquejando a la capital. Cali se convirtió en un campo de batalla, y son los ciudadanos quienes se encuentran en medio de este fuego incontrolable. Además, el 4 de mayo Ospina decidió iniciar diálogos en busca de soluciones, pero no convocó a los líderes del paro ni a las familias de las víctimas.

Los caleños necesitan que el alcalde tome decisiones acertadas para frenar esta batalla campal que está dejando a su paso un río de muerte y desesperación. Esto solo se logra conociendo a la ciudadanía y el panorama social en el que se encuentran.