Guerra de vacunas: el enésimo show en la política española

El mensaje de Pablo Casado de tender la mano en los asuntos de Estado parece no importar cuando se habla de la salud de los residentes en territorio español.”


Hace un par de semanas, el Ministerio de Sanidad anunciaba su decisión sobre la segunda dosis para los trabajadores esenciales menores de 60 años, que recibieron una primera dosis de AstraZeneca. La noticia era noticia por el hecho que hace varios meses se había suspendido la administración de dosis de la vacuna anglo-sueca por los famosos casos de trombosis entre los más jóvenes (mínimos por lo que dicta la probabilidad).

El Ministerio fue clara con su determinación, apoyada por un estudio que reforzaba el accionar que se esperaba seguir de ahora en adelante: aquellos que recibieron una primera dosis de AstraZeneca, se debería vacunar con una de Pfizer. Pero con la salvedad de que, en casos excepcionales, las personas pudiesen optar a una segunda dosis del mismo laboratorio, con un consentimiento correspondiente de la persona.

Esto, lejos de despejar las dudas y la incertidumbre, abrió nuevamente el ring de combate frente a los micrófonos de políticos del gobierno y de la oposición, dispuestos a hacer política con una situación que pudo resultar de bastante agobio para miles de personas que no sabían que iban a hacer el día que recibieran el SMS en su celular de que había llegado el día de una segunda dosis.

Desde el gobierno, se sostuvieron fuerte en su decisión con un estudio realizado por CombivacS, en el que se afirma que no solo es seguro administrarse una segunda dosis de la vacuna de Pfizer, sino también que es más efectivo para alcanzar inmunidad. Por su parte, desde la oposición, afirmaron que era irresponsable contradecir a la Agencia Europea del Medicamento, que sugería que los beneficios de una segunda dosis de AstraZeneca superaban los riesgos.

Por un lado, el gobierno defendía su pensamiento con un estudio en el que se desconocen los posibles desenlaces en la población real, no en un número reducidos de voluntarios. Promulgando (sin mentir) sobre las conclusiones del trabajo realizado, pero obviando a la amiga probabilidad, que podría provocar trombosis también a las personas que apoyen este camino.

Por la otra, la oposición encabezada por el PP sigue con su discurso de la libertad y del gobierno criminal que quiere el mal para los españoles. Apelando a la libre elección instando a la elección de la vacuna de AstraZeneca. Algo incoherente, pero que funciona bien en los tiempos de polarización. Un verso que ha servido bien, porque una buena mayoría ha optado completar su inmunización con el mismo tipo de vacuna.

En definitiva, ambos caminos, aunque muy contrarios, llevan a un mismo camino: la inmunidad completa y un pasito más para ir dejando atrás esta pesadilla. Un mensaje que, aunque el gobierno ha sido el que más lo ha repetido, también le molesta levemente que no se logre de la manera en la que se dicta. El mensaje de Pablo Casado de tender la mano en los asuntos de Estado parece no importar cuando se habla de la salud de los residentes en territorio español.

El plan de vacunación, con sus aciertos y defectos, avanza a un buen ritmo en España, un éxito conjunto entre sanitarios con su trabajo, los científicos con su investigación y los ciudadanos con su predisposición para terminar con esto lo más pronto posible. Ojalá los que van de traje lo sepan ver y no entorpezcan la motivación en una maratón que está pronta a terminar.

Rafael Eduardo Oviedo Carrillo

Estudiante de Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona (España). Fanático de todo lo que le transmita emociones al ser humano, especialmente del sentido social de las cosas.

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