La herrumbre y la esperanza

“… hay que ir a votar este domingo, porque por primera vez está la chance real de empezar a quitar la herrumbre que tanto tiempo se ha criticado. Es deber de cada persona votar este 19 de junio para superar de una vez por todas el todo vale”


Una de las máximas en política es que ésta es sin llorar y que en ella todo vale. En momentos de necesidad de un lado u otro salen a flote los trapitos y los medios de comunicación hacen un festín cuales chulos con la carroña que dejan. Además, quienes tienen el poder usan diferentes estrategias para agrandar hasta lo más mínimo de sus oponentes con tal de destruir, o al menos restringir, sus posibilidades electorales.

Invierten grandes cantidades de dinero en Facebook y otras redes sociales para pautar noticias falsas y desinformación, manipulando descaradamente la opinión pública sin el más mínimo remordimiento ni respeto al intelecto y a la integridad de quienes reciben esta información, ni mucho menos de quienes la promueven desde el anonimato.

Con estas estrategias, junto a las acciones directas de los representantes del poder, satanizan y atacan directamente a la persona, y con caricaturas destruyen cualquier propuesta política – como si las suyas hubiesen logrado algo en favor de la gente –, buscando despertar las emociones más oscuras de la gente con tal de mantener a todo costo el poder. Y esto se intensifica si se ven en una posición de desventaja como en la que están ahora, y le meten más plata a las redes sociales, y atacan más duro al candidato alternativo, y además amedrentan a las personas que apoyan sus ideas, tildándolas como si fuesen parte de la peor calaña o bien siembran el terror con acciones sutiles, pero directas.

Y polarizan, y son capaces de destruir el tejido social y a la sociedad propiamente tal, solo con el fin de conservar su terraza, su cuota de poder. Y la situación es tan, pero tan absurda, que son capaces de subirse al bote de cualquier opositor de sus oponentes, porque, como se dijo al principio, todo vale. Da lo mismo que sea un pelmazo y que tenga causas judiciales, ni que sea un gamín, un truhan; realmente no les importa nada con tal de no perder el poder.

¿A qué le temen?

Prácticas como el todo vale descrito han vuelto la praxis política una profesión denostada, lo que ha llevado a que declararse apolítico sea tendencia, convirtiendo a buena parte de la población en un capital político en disputa, por más que se paren narrativamente por fuera del sistema electoral. Sin embargo, este pensamiento, que por más sensato que sea, o por más que fuese una decisión tomada unipersonalmente, es producto del accionar deliberado de políticos que han hecho y deshecho en los espacios de representación, buscando marginar a más gente de la participación política para así mantenerse por años de años parasitando del Estado, a pesar de ser los primeros en atacar los salarios de la función pública.

Pero ni ser empleado público ni político es sinónimo de corrupción, pero sí es cierto que existen políticos corruptos que han agotado la fe de las personas con tal de seguir amañando contratos y poner hasta su sobrina de cuarto grado en un cargo con tal de aumentar sus cuotas de poder.

Politiqueros, filibusteros y manipuladoras políticas, hijos del todo vale para no perder poder, son la herrumbre que ha corroído y polarizado la sociedad por tantos años, apareciendo cada cuatro años diciendo que les importa con tal de captar votos para sentarse cuatro añitos más con treinta y tantos millones mensuales. La gente nunca les importó, y las han abandonado sostenidamente al punto que hay vecinos que se matan entre sí para zanjar disputas domésticas, y les da lo mismo, porque nunca les ha importado.

Muchos de estos personajes fueron castigados electoralmente en marzo, y una buena parte fue repasada en mayo, al dejarles por fuera de la segunda vuelta. La gente apostó por el cambio y escogió dos candidaturas con propuestas alternativas, aunque con narrativas totalmente distintas: una robusta con proyecto claro, y otra más bien vacía llena de frases para la galería.

Obviamente la herrumbre se fue por la segunda, porque le queda más fácil, porque ven en Rodolfo Hernández una nueva y última forma de estrujar las arcas públicas para seguir enriqueciéndose. Pero son conscientes que son un herrumbre, entonces van por debajo, a lo bandido, apoyando un proyecto político encarnado por un personaje que parece herrumbre, que tiene características y prácticas de herrumbre, pero que se vende como anticorrosivo.

Quienes no quieren perder el poder se reconvirtieron rápidamente en rodolfistas, intensificando su discurso antipetrista con el que han calado profundamente en la sociedad, permeando buena parte del centro al punto de haber candidatos de esta postura que se han quemado hasta 5 veces con tal de no apoyar a Gustavo. Desenvuelven el todo vale ya ni siquiera para mantener el poder para ellos solos – porque ahora tendrían que compartirlo un poquito –, sino solo para impedir que otras ideas políticas gobiernen, cuando esto ocurre en cualquier democracia sana y país desarrollado, precisamente para eliminar la herrumbre de las estructuras del Estado y de la sociedad.

Están tan ciegos y tan sordos que son capaces de entregarle la presidencia a un peligro andante por el mero hecho de ser opositor de sus opositores. Son capaces de aliarse con un ser que encarna lo más bajo del todo vale y no les importa, porque como siempre ha sido, lo único que les ha interesado han sido sus bolsillos, sus fanegadas y el poder.

Por eso hay que ir a votar este domingo, porque por primera vez está la chance real de empezar a quitar la herrumbre que tanto tiempo se ha criticado. Es deber de cada persona votar este 19 de junio para superar de una vez por todas el todo vale; de voltear la página y escribir un nuevo episodio de la historia de Colombia ahora con letras de esperanza.

El cambio es ahora.

About the author

Simón Rubiños Cea

Consultor y asesor político. Coordinador del Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP-UNAL) e investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)

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