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La generación de la Amsiedad: realidades de vida de la población joven de Colombia

Hace unos meses tuve la oportunidad de participar como ponente en un foro sobre empoderamiento femenino, por haber sido estudiante de la universidad que lo lideraba, y en el cual debía sustentar mi punto de vista acerca del rol de la mujer en la literatura colombiana.

Todo marchaba con suma parsimonia en el evento, hasta que uno de los anfitriones no tuvo reparo alguno en preguntarnos qué posición teníamos acerca de los jóvenes que protestaron en el marco del paro nacional del presente año. Cabe mencionar que para aquel entonces los ánimos en el país estaban caldeados en razón de una reforma tributaria que se quería implementar a cómo diera lugar.

La mayoría de mis colegas de ponencia, cuyas edades eran notoriamente más avanzadas que la mía, optaron por tomar una posición diplomática. Yo no pude hacer lo mismo. En razón de mi edad y de mis vivencias durante estos últimos años, me vi en la obligación de manifestar mi apoyo total a las manifestaciones pese a que no considero a la violencia como una forma idónea de protestar.

Meses después me recibí de una carrera universitaria de la cual se tiene la firme creencia de que ningún profesional «se queda varado». Y aquí estoy, siendo parte de la población que creyó que estudiando una carrera mejoraría su calidad de vida, pero que luego descubrió que las únicas ofertas laborales vigentes son para call center. Creo que no estudié una carrera durante cinco años o más para que al final peligre mi salud mental trabajando en servicio al cliente, menos si estos clientes pertenecen a cierto operador que no mencionaré por aquí.

Si lo tomamos en términos porcentuales, un aproximado del veinte por ciento de los graduandos corrieron con la suerte (o con la iluminación del espíritu de la mermelada) de ocupar cargos en entidades públicas apenas obtuvieron el cartón, mientras el restante ochenta por ciento no ven la hora de irse del país. Se pregunta uno entonces de qué sirvió estudiar durante tantos años si al final unos cuantos se posesionaron con diplomas que aseguran que Neiva se escribe con b.

Dicen que los jóvenes son el futuro de este país. Los mismos jóvenes de edades que van desde los dieciocho hasta los treinta medios, y que con suma sorpresa descubrieron que no hay posibilidades reales de obtener una pensión digna así trabajen de sol a sombra. Los mismos jóvenes que decidieron no traer descendencia al mundo porque no quieren que sus hijos vivan esta realidad tan absurda e injusta. Los mismos que son reclutados por partidos políticos de diversas tendencias para impulsar las campañas presidenciales que se avecinan.

Por esto nos llaman la generación de la Amsiedad: detrás del meme del perro que se burla de todo y a la vez de nada, está una generación que cuestiona lo que antes no se cuestionaba y que padece al ver cómo el país está cada vez peor. Generación de la que, estoy segura, emprenderá el vuelo rumbo a otros lugares del mundo en aras de encontrar una mejor calidad de vida, si el gobierno que arribe el año venidero sea de la misma tendencia política del actual. Nada tenemos que perder porque ya todo nos lo quitaron.

Esto fue escrito por

Lauren Chonps

Bogotá, 1996. Laura Juliana Romero Herrera, cuyo seudónimo corresponde a Lauren Chonps, de profesión abogada y de vocación escritora. Desde temprana edad se inició en la práctica de la escritura narrativa, razón por la que en el año 2019 publicó de forma independiente su primera novela titulada "De regreso a la montaña" con la Fundación Común Presencia. Ha participado en Talleres Locales de Escritura Creativa, dirigidos por el Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) durante los años 2015 y 2019 respectivamente. En la actualidad participa como asistente del Taller Virtual de Novela del Ministerio de Cultura y además es creadora de contenido multimedia con enfoque literario y jurídico de las redes sociales TikTok, Instagram y Facebook.

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