La fantasía del amor

Joan-Steven-Zuniga-pacheco

Los seres humanos, necesitan ser amados, condicionan a otros seres para que se sirvan a expresar, lo que ya sabemos, pero a esa verdad, la cual ocultamos es en realidad que somos valientes, de diferentes maneras aunque, su valentía sea solo, luchar por un sueño, que parece imposible, soy fiel testigo de creer que no hay metas pequeñas ni grandes, las metas se convierten en algo subjetivo y la validez de mis sueños las doy yo.

Tanto como la fantasía del amor, de quedar toda una vida buscando a una media naranja, una persona que conecte, con nuestros ideales, sueños, pensamientos, conducta moral, y sobre todo que, al peludo, como refiere un profesor de mi clase de Filosofía y Teoría del derecho, termine siendo del agrado de nuestra familia.  Los seres humanos, nacen con la idea de encontrar a ese alguien y algunos, por no decir muchos, mueren en la soledad y la desdicha de no haber encontrado ese individuo que llegará a hacerlos felices. Me planteo la loca idea de buscar y buscar por años, como se busca una aguja en un pajal, al amor de mi vida o a esa recreación fantástica que se asemeja a ello.

¿Sera que los humanos, no pueden ser felices solos? Y los que logran llegar a ese grado, se terminan sobre amando, llevando a otro plano dimensional la creencia de amor propio y los terminan envolviendo con la teoría de que sufren de trastornos. El narcisismo puede entenderse en un sentido popular y en un sentido clínico, de un exceso de amor propio. La cultura y la sociedad nos han envuelto en el sentido, de que para llegar a ser felices necesitamos a alguien en nuestra vida, y los disfrazamos de diferentes maneras, el hombre o mujer que no quiere a nadie en su lapso, de su misma especie adopta un perro o un gato y se amparan de él en el sentido emocional, de que es el amor de su vida, la clara representación gráfica de cómo utilizamos algo o alguien para nuestro gusto y disfrute, se convierte en una víctima más de esta búsqueda. Hoy una persona que quiero y aprecio me contaba que su gato había fallecido después de 6 años de una hermosa relación, de amo y gato, la cual con un tono triste me dijo: “por eso no vuelvo a apegarme a nada ni a nadie, con esto quedé curada”.

Esta es la representación de que buscamos a la media naranja, pero se nos olvida que estamos inmersos a sufrimientos, a dolor y a creer que, la vida después de tanta felicidad no nos va a pasar factura, la cual llega tarde o temprano y se termina liquidando en objetos como apego emocional o físico hacia ese ser. Hay seres que viven en un limbo buscado su media naranja, en cambio otros que por miedo no los buscan, se mantiene fuertes en la creencia de que son capaces de amarse, solos y de ver lo bueno y malo que hay en ellos, son capaces de llorar una noche completa y levantarse y seguir con su terrenal vida solos, pero llenos de amor propio y termina con la calificación de la sociedad, la cual, los gradúa con el título de narcisista.

Aceptar y tener los pies sobre la tierra es contemplar que, el amor me hará de una u otra manera sufrir, soy un convencido de que el amor no es un sentimiento, sino que, de lo contrario, es una decisión, yo decido amarte a pesar de cómo eres. Pues los humanos tenemos la fea costumbre de entregar el poder a alguien más, para que nos haga felices, al darle el poder también implica que nos pueda hacer infelices. ¿Estamos dispuestos a dar todo ese poder, sin antes pensar en nuestra salud mental? Deberíamos por lo contrario ser “te invito a mi carnaval, si quieres venir está bien, si tu no quieres venir yo sigo de carnaval, en este lapso de vida”.

“Muchos amores, te terminan llevando a la depresión en vez de a la cama, o a la felicidad. Cada quien elige donde ir en este lapso de vida”.


Otras columnas del autor: https://alponiente.com/author/jpacheco/

Joan Steven Zuñiga Pacheco

Estudiante de derecho de la universidad Santo Tomás Sede Medellín y Estudiante de Administración pública Territorial en la escuela superior de Administración Pública ESAP.

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