Sobre las dificultades de ser liberales (segunda parte)

     

Sobre las dificultades de ser liberales (segunda parte)

 

Para las tenazas liberales falta una eternidad. Sacudirse las telarañas del destino es infinitamente más difícil y complejo de lo que uno cree. En el fondo de nuestras taras palpita el caudillismo populista. Pero Brasil ha dado hoy un gran paso. Seguirán otros.

 

El planisferio ideológico no puede ser más revelador: el liberalismo nació, se ha mantenido y se ha impuesto sobre Europa, Norteamérica, Australia, Japón y parte del Extremo Oriente. E incluso en Europa, creció escindido entre la Europa septentrional y la Europa meridional, en gran medida zanjada por el dominio del protestantismo, en el norte, y por el catolicismo, en el sur. Una división que también se dio en Alemania, en donde el Rin divide las influencias religioso ideológicas entre las dos grandes vertientes del cristianismo occidental.

 

El Nuevo Mundo se convirtió en la perfecta demostración del efecto retardatario del catolicismo retrógrado de raíz hispánica, caudillesca, fanática y populista, y del efecto progresista del protestantismo de la cultura anglosajona. ¿Por qué Norteamérica ha sido la punta de lanza de la prosperidad y el progreso en el mundo moderno, mientras Suramérica ha sido el reservorio del atraso, la regresión y la barbarie? ¿Por qué los “latinos” abandonan las tierras de su nacimiento y crianza para ir a buscar el futuro que allí no encuentran en los Estados Unidos?

 

Es el complejo amor-odio más reconcentrado que se haya vivido en la región. Los latinoamericanos se agitan políticamente pavoneando su rencor contra “el imperialismo yankee”. Y los mexicanos expresan su indignación metafísica por el extraño sino que les impuso el destino: estar  tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos. Llevan décadas resolviendo el odio abrazando el amor: se han ido por millones a encontrar en el reino del liberalismo el progreso, la paz, la seguridad y la prosperidad que el populismo estatólatra y socialdemócrata mexicano jamás pudo darles. Lo mismo sucede con los nacionales e otras proveniencias que más emprano que tarde serán la primera mayoría electoral de los Estados Unidos.

 

Hoy, en estos mismo momentos, Cuba y Brasil muestran las dos caras del atraso, el desconcierto y la pérdida de sentido político de la región. El partido comunista cubano, es decir la tiranía, valga decir el Estado fascista, en otras palabras, sus fuerzas armadas, en pocas palabras:  la monarquía castrista, repiten el juego del conde de Lampedusa: cambiarlo todo para que no cambie nada: los militares seguirán apretando la sartén por el mango hasta que lo decida el heredero monárquico  que hoy se estrena. Así lo cuenta El País de España: “El presidente Raúl Castro, cinco de los siete vicepresidentes del Consejo de Ministros, y nueve de los catorce miembros del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC) son militares y delegados en el VII Congreso del partido, que este fin de semana renovará parte de su dirección con cuadros nacidos después del triunfo de la revolución de 1959. La presencia castrense seguirá siendo abrumadora en las estructuras del mando político y económico del país. El cónclave garantizará los puestos y prerrogativas de generales y oficiales en la gestión de consorcios y sectores estratégicos, y su protagonismo en las reuniones de trabajo con los empresarios e inversores extranjeros que negocian su entrada en la isla. El coronel Alejandro Castro Espín, de 51 años, hijo de Raúl Castro, ha llegado a ser uno de los hombres más poderosos de Cuba como Coordinador de los Servicios de Inteligencia de las fuerzas armadas y del ministerio del Interior.” The King will go out. God save his son. ¿En que se diferencia la monarquía española de la revolución cubana? En que la monarquía cubana es castrense, castrista y a la brava. La española es civil, constitucional y liberal. La máscara caribeña del museo norcoreano.

 

Mientras la monarquía castrocomunista cubana sigue apernando sus durmientes, el gobierno democrático brasilero, montado a sus instancias y las del castrolulista Foro de Sao Paulo, vive una dramática deconstrucción. No existen dudas de que la cámara baja cerrará su sesión de hoy aprobando el sometimiento a juicio de Dilma Rousseff. Que, salvo un milagro, terminará por ser destituida por la Cámara alta, cerrando el ciclo del dominio de la izquierda marxista sobre el gobierno del Brasil. La tiranía cubana se aperna, mientras sus principales discípulos paulistas reciben un varapalos.

 

En ambos casos, lo que predomina es la brillante ausencia del liberalismo y los demoledores efectos del comunismo y/o el socialismo lulasiano. Una mezcla de trotskismo con socialdemocracia y caudillismo populista castrochavista de nuevo cuño.  Ante la previsible llegada del liberalismo al Brasil, como también al Perú, que se debate entre una derecha neoliberal o una derecha populista, manifesté que unidos a la Argentina de Macri una tenaza liberal se cernía sobre la satrapía de Nicolás Maduro. Un tuitero boliviano me corrigió, con justicia, y comentó: una tenaza un poco menos socialista, es cierto. Pero liberal, de ningún modo.

 

Para las tenazas liberales falta una eternidad. Sacudirse las telarañas del destino es infinitamente más difícil y complejo de lo que uno cree. En el fondo de nuestras taras palpita el caudillismo populista. Pero Brasil ha dado hoy un gran paso. Seguirán otros.

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Somos Ciudadanos Venezuela

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