La cuota negra

     

Mejoramiento de la raza en Cartagena

La favorecida geografía del Distrito de Cartagena de Indias ha sido desde su fundación un factor esencial para la proyección económica y turística de la ciudad. A inicios del siglo XVII Cartagena de Indias se mantenía como una de las mayores posesiones de la Corona española y una de las autorizadas para la comercialización de esclavos negros, lo que desde el principio transformó la vida social, política, económica y cultural de la ciudad; “las facilidades de su importación y de su posterior adquisición por las élites cartageneras cambiaron la composición de la población” (Múnera, 1998, p.78), generando con el tiempo la predominancia de una población negra y mulata.

La población cartagenera estaba definida por un carácter racial que ubicaba a los blancos españoles y criollos como la casta mas importante; a los mulatos o pardos, cuyo tono de piel facilitaba la distinción de una persona que provenía de europeos y africanos; en el siguiente nivel de importancia –en orden descendente – de la variedad racial se ubican los zambos, una mezcla de africano e indígena; los negros descendientes directamente de africanos, se ubicaban al final de la escala, eran considerados personas inferiores, con limitaciones legales, sociales y culturales, entre ellas, los abusos de sus “amos” a los que debían obedecer. Esta simplificación de la variedad racial en Cartagena suponía una preocupación latente entre las personas por la necesidad de querer ser llamados de acuerdo a la casta que correspondiera, mejor aún, mejorar la raza para escalar en la pirámide social.

Figura 1. Evolución intercensal del autorreconocimiento de población NARP, 2005 – 2018

La figura 1 parece explicar el retroceso en materia de autorreconocimiento étnico según el último censo realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Es como si la aceptación de la pertenencia étnica se tradujera en una justificación para la exclusión, para la aspiración a mínimas oportunidades de desarrollo: a la cuota negra. Es decir, a la inclusión forzada de la población NARP[1] por medio de cupos limitados en las ofertas laborales, académicas, etc.

El comercio exterior y los altos oficiales del poder militar eran dos de las grandes áreas del virreinato controladas por las élites de Cartagena durante la segunda mitad del siglo XVIII. El crecimiento de este sector demandó la necesidad de las élites de una vida lujosa basada en la posesión de esclavizados, lo que aumentó la vinculación de negros esclavos y mulatos al servicio doméstico y oficios artesanales; y que a su vez llamó la atención del obispo de la ciudad al criticar la tendencia de las clases altas de tener esclavos en sus casas sin un oficio definido, y en algunos casos, con la intención de obtener de ellos un jornal diario por medio de trabajos como la prostitución.

Recibo una notificación por medio del grupo de chat de modelos en Cartagena al que ‘pertenezco’ en la que decía que necesitaban mujeres con cara y cuerpo natural, estatura media-alta, cabello negro, y tez blanca. Es natural que en una ciudad donde la gente no nace negra, sino que el sol la quema, traten por doquier reestablecer el origen puro de los blancos ancestros. Lo extraño sería que en el aviso buscaran una mujer latina (enfoque de la empresa que hacia la solicitud) con labios grandes, pelo rudo y piel prieta.

Tuve la duda si se trataba de un error al intentar ser precisos con el perfil que se requería para el trabajo de modelaje, pero encontré otro mensaje que hacía énfasis en el tipo de mujer que se pretende buscar en Cartagena. Una mujer que esté fuera de los estándares de la belleza local, los cuales denotan una marcada diferenciación racial.

A decir verdad, ¿no les parece representativo para una marca, una mujer que al verla dé la idea de no ser de los extramuros de la ciudad? Una ‘niña bien’ para inspirar a los comparadores. De no ser así, el riesgo de contratar a una mujer proveniente de uno de los 181 barrios y corregimientos que están fuera de la órbita de vitrina (una estantería que sólo abarca 13 sectores), sería dejar al descubierto una estampa que sólo cabe en los reinados locales de belleza…sí, solo esos “porque el Miss Colombia no es para negras”.

El enunciado “tez blanca” o “blanca”, más allá de precisar el perfil para la promoción de un producto (en este caso), es desentrañar en la historia de Colombia, los cimientos de las actuales prácticas excluyentes. En la Colonia, Cartagena no tenía un lugar específico que diferenciara la diversidad racial, todas las clases sociales y raciales estaban distribuidas en toda la ciudad, los mulatos y negros, se encontraban distribuidos en las casas de las élites. La mayoría de su población mulata pertenecía a familias de soldados y artesanos, los cuales participaban de los espacios públicos al lado de los blancos en el marco de la práctica colectiva de la danza, sólo si eran libres o la vestimenta correspondía al evento (lo que significaba que tenían una posición social relativa); sin embargo, el factor racial y el color de la piel sí constituía un elemento fundamental en la vida social de la población cartagenera. Existía otro grupo que, siendo socialmente inferior a los blancos de primera categoría, no se sentía al nivel de los mulatos o negros; estos eran los mercaderes de tienda, médicos, pintores, etc.; disfrutaban de sus propios bailes organizados en sus casas. Los negros esclavos, o los habitantes del arrabal (barrio Getsemaní) danzaban bajo el cielo abierto, al ritmo de un tambor. También surge una especie de clase de artesanos con intención de ser reconocidos y aceptados en la alta sociedad cartagenera, sin embargo, no se haya evidencia de la consecución de los privilegios a los que aspiraban, ubicándolos en los trabajos menos valorados y como una clase mayoritariamente sumida en la pobreza.

Por eso, pretender redistribuir los roles sociales en la actual Cartagena, sin tener en cuenta la tradición política, social, económica y cultural definida por las élites, es obligar a la ‘gente bien’ a mezclar lo burdo con lo fino. Justo cuando la ciudad se está blanqueando por medio del retorno de los parientes europeos con mochilas o maletas, se empecinan en devolver a los “entremuros” a los mismos negros que le huyeron a la mano dura, al trabajo honrado y noble que le daban sus amos, para seguir corriendo -como si estuvieran en el desierto -, hacia una ronda de palitos con el fin de cantar y bailar; esos mismos que hoy día ritualizan esa huida, pero al lado de un picot.

En la Cartagena colonial, el desempeño de los artesanos en labores de construcciones militares y astilleros junto con la milicia de pardos fueron instrumentos claves para la formación de cierto prestigio dentro de la ciudad, siendo la vinculación a la milicia “una forma para mejorar el estatus social del artesano mulato” (Múnera1998, p.95).  En esa época, hubo artesanos que exigían igualdad de condiciones con los blancos para el acceso a la educación superior. A los cuales se les privaba incluso de ejercer una profesión como el derecho, si en su declaración de origen racial figuraba como mulato- independiente del color de la piel.

La estratificación socioeconómica en Colombia hace alusión a “una clasificación en estratos de los inmuebles residenciales que deben recibir servicios públicos. Se realiza principalmente para cobrar de manera diferencial por estratos los servicios públicos domiciliarios permitiendo asignar subsidios y cobrar contribuciones en esta área” (DANE). En Cartagena, tal orden tiene en cuenta la estratificación racial, la cual rechaza a las poblaciones de los extramuros de la misma, por medio de aparentes reubicaciones de orden territorial bajo la idea de modernidad para el crecimiento turístico y cultural. Exclusión que trasciende a todas esferas de la sociedad: baja participación y representación de la población afro en espacios políticos e institucionales de decisión; mayores dificultades para el acceso, permanencia y calidad en el ciclo educativo, lo cual limita el acceso a empleos de calidad, y opciones de emprendimiento, reduciendo las oportunidades de superación de la pobreza; desigualdad en el acceso al mercado laboral y vinculación a trabajos de baja especialización y remuneración (empleos de baja calidad); poca aplicabilidad de los derechos de los afrodescendientes consignados en la constitución política de 1991 (Gobernación del Valle, 2016), entre otros.

La principal exigencia son las condiciones de igualdad entre todas las clases sociales y raciales de la ciudad, con la finalidad de incluir a todas las personas al desarrollo económico, político, social y cultural de la ciudad, en lugar de prometer participación democrática, a través de una porción obligada mediante el agendamiento de la cuota negra que corresponde según las políticas públicas de inclusión. Lo que pretendo aquí no es contar la participación de los negros y mulatos en la Cartagena de Indias colonial, sino explicar cómo las políticas y prácticas actuales de segregación y discriminación en la ciudad encuentran sus raíces en este período.

A comienzos del siglo XIX con la construcción de importantes obras para el cultivo de la cultura e impulso de la economía, embellecimiento del espacio público y el asentamiento de inmigrantes, el clásico barrio de Cartagena (Getsemaní) se convertía en un centro de desarrollo importante; y según Castañeda (2017) como estrategia de regeneración urbana se financia el proyecto más importante del centro histórico mediante la erradicación del barrio Chambacú. En los años veinte del siglo pasado surge un territorio que exponía lo ‘peor’ de la ciudad. Cientos de descendientes de cimarrones ahora se habían multiplicado en miles. Invadieron un territorio rodeado por aguas que se encontraba por fuera de la muralla, de la ciudad. Para la sociedad blanca cartagenera allí se confinaba las miserias que impedían la proyección de una ciudad moderna y competitiva. Un fragmento de la obra de Manuel Zapata Olivella, Chambacú, Corral de Negros, describe al empobrecido asentamiento informal:

el capitán contuvo la respiración. Chambacú. Su pensamiento se polarizaba en esa palabra. Gusto le habría dado prender la mecha a uno de sus ranchos de cartón y paja. La brisa del mar. Media hora después, la isla toda ardería. Los negros, sorprendidos, saltarían chamuscados a los caños (2020, p. 34).

El proyecto de regeneración y modernización propuesto en los años setenta incluía la erradicación de este barrio. No se trataba del traslado de las pocas familias que llegaron al lugar provenientes de islas o barrios cercanos como Torices y Bocachica, sino de las 8.687 habitantes que había en 1956, y que para 1971 esta cifra era superada. El traslado de las mas 1300 familias que poblaban Chambacú en 1971, se hizo con el propósito de encaminar a la ciudad hacia un “desarrollo económico” por medio del desplazamiento de pobladores afrodescendientes y pobres, la reafirmación de la clasificación racial dominante en Cartagena de Indias.

Tal proyecto no logró erradicar los focos de inseguridad, vandalismo y miseria que siguen adornando al Centro Histórico de la ciudad.  A unos 100 metros de este siguen flotando entre la polvareda los rastros de aquellas familias que lucharon por entrar a la ciudad. Según el Museo Histórico de Cartagena de Indias (MUHCA) el miedo hacia los chambaculeros, años más tarde, condenaría a sus habitantes a la exclusión social, y engendraría claros patrones de segregación urbana.

Aunque la participación de las poblaciones negras y afrodescendientes debe seguir promoviéndose por las políticas públicas inclusivas, la valoración de su participación en las diversas áreas de desarrollo debe entenderse por el mérito que obtienen a partir de sus capacidades. Lo blanco y negro es una categoría inventada para decir que unas personas valen más que otras, no más; colores que según la artista Angélica Dass, no existen en la especie humana:

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Referencias

Castañeda, L. (2017). Getsemaní: Turismo, desplazamiento y otras facetas de la gentrificación. Recuperado de: http://repository.usta.edu.co/bitstream/handle/11634/9267/Casta%F1edaLisandro2017.pdf;jsessionid=722834E0D2F90C3A0E6E8E302DA9E7BB?sequence=1

DANE. (2019). Población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera resultados del censo nacional de población y vivienda 2018. Recuperado de https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/grupos-etnicos/presentacion-grupos-etnicos-poblacion-NARP-2019.pdf

Forbes Colombia. (2020). Getsemaní, el barrio de Cartagena entre los más ‘cool’ del mundo. Recuperado: https://forbes.co/2020/01/03/forbes-life/getsemani-el-barrio-de-cartagena-entre-los-mas-cool-del-mundo/

Múnera, A. (1998). El fracaso de la nación: región, clase y raza en el Caribe colombiano 1717-1821 https://rodrigomorenog.files.wordpress.com/2014/12/mc3banera-ei-fracaso-de-la-nacic3b3n-regic3b3n-clase-y-raza-en-el-caribe-colombiano-1717-1821.pdf

Museo Histórico de Cartagena de Indias. Traslado de Chambacú. Recuperado de: https://www.muhca.gov.co/cartapedia_traslado-de-chambacu–133

Universidad del Valle. Comunidades Afro. https://www.valledelcauca.gov.co/etnicos/publicaciones/32034/comunidades_afro/

Zapata, M. (2020). Chambacú, corral de negros. 5a. ed. Recuperado de: https://drive.google.com/file/d/164iUVhoXQ1tV1YT5tzjzYveM8JFGH1To/view

[1] Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras.

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Ivonnes Palencia Querubin

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