La conquista de las Galias

     

Vercingetórix, el caudillo galo

Cursaba el año 52 AC y Cayo Julio César estaba enfrentando un punto crítico en la Guerra de las Galias, ya que uno de los bárbaros se había rebelado contra los romanos, y estaba invitando a todos los pueblos de la Galia a unirse bajo su mandato para expulsar el Procónsul Julio César y a todas sus legiones. Su nombre era Vercingetórix.

La clave para haber conquistado gran parte de la Galia para ese momento, fue que César entendió la falta de unidad de los galos, pues ellos se dividían por tribus independientes y cada tribu tenía su propia forma de gobierno y reyes. Así fue entonces que el general romano empezó a atacar independientemente a cada tribu que no se sometía a Roma, y luego pactar con los derrotados.

Otra de las claves del triunfo militar que hasta el momento le daba la victoria parcial a Julio César, fue que empezó a alimentar a sus legiones con los alimentos que proveía la región, en vez de traer víveres desde Italia.

Vercingetórix perteneció a la tribu de los Avernios, uno de los primeros pueblos derrotados por César, por lo que el galo sirvió a Roma por unos años hasta que luego se levantaría en contra de estos para intentar darle a la libertad a la Galia, pero su campaña libertadora no empezaba desde cero, pues ya había entendido la lógica romana de atacar tribu por tribu, y de subsistir de los alimentos de la región.

El galo conocía la hasta ahora exitosa estrategia de César para conquistar la Galia, pero eso no sería suficiente para derrotar al General, Imperator y Procónsul, Cayo Julio César.

La toma de Avaricum

Vercingetórix había logrado reunir a 80.000 hombres dispuestos a dar su vida para liberar a  la Galia de las manos de César, y para esto, empleó la estrategia de ir quemando los cultivos y toda fuente de alimento para los romanos, lo que obviamente los debilitaría. Además de esto, también empezó a quemar las ciudades galas, para que no sirvieran ni de botín ni de refugio a los invasores.

Esta fue sin duda un arma de doble filo, pues de la misma manera en que afectaba a las legiones de César, también afectaba a sus propias tropas, pero ese era el precio que estaban dispuestos a pagar con tal de derrotar a Roma.

Y esta estrategia funcionó hasta que Vercingetórix llegó a la ciudad de Avaricum, perteneciente a la tribu de los Bituriges. Allí, los Bituriges le suplicaron al héroe galo que no destruyera su ciudad, pues era reconocida como la más hermosa de toda la Galia.

Sin estar convencido, Vercingetórix accedió a dicha petición, y fue en ese momento que Julio César vio la oportunidad para asestar un golpe mortal a las pretensiones de los galos, pues atravesar las murallas que protegían a Avaricum no fue difícil para el experimentado ejército romano, y los galos tuvieron que huir dejando todo atrás.

La victoria le significó un gran alivio a Julio César y sus legiones, puesto que en Avaricum pudieron abastecerse, reponer fuerzas y saquear la ciudad, lo que se traducía en riquezas tanto para el Procónsul como para sus soldados.

La rebelión gala

La dicha que otorgó la toma de Avaricum duró poco, pues los espías de César, le informaron que la tribu de los Nitióbroges habían llegado desde las riberas del Oltis (Lot) para unirse en la campaña libertadora de Vercingetórix, y que además, el caudillo galo había dado la orden de localizar a todos los arqueros de la Galia para unirse a su ya abultado ejército bárbaro.

El conquistador romano tuvo entonces que contener a los Nitióbroges y mandar a cuatro de sus legiones hacia el norte, para conquistar el pueblo de los parisios y así obstaculizar el avance de los Atrabates y de su rey Comio, el cual también se había aliado con Vercingetórix. También tuvo que evitar que los Belgas y los Belóvacos marcharan hacia el sur, e impedir que Ambíorix, jefe de los Eburones y eterno rebelde, sumara sus fuerzas a las de Vercigetórix.

Esta maniobra retrasó la persecución al ejército galo que logró cruzar el río Élaver, logrando llegar hasta Gergovia, donde Vercingetórix logró establecer su campamento.

La traición de los Heduos

Pero las noticias de rebelión no acabaron aquí, puesto que Liavico, uno de los jefes de los Heduos (quienes eran aliados de Roma) se unió al bando de Vercingetórix llevándose consigo a 10.000 de sus hombres.

César sabía que si los Heduos se rebelaban, prácticamente toda la Galia estaría en su contra, y eso le daría aliento a los enemigos del Procónsul, quienes buscaban arrebatarle su poder desde Roma.

Esta traición retrasó la campaña militar en Gergovia, pero era de vital importancia que los Heduos siguieran siendo fieles a Roma, así que César hizo las paces con Heduos restantes, mientras sus legiones se empezaban a impacientar por no perseguir a Vercingetórix.

Romani incredulitatem

Tras haber superado el impase con los Heduos, los romanos lograron conquistar una posición elevada para atacar Gergovia, ya que esta ciudad se encontraba en una meseta,  y en ese momento, producto de la euforia, las legiones persiguen a los bárbaros hasta las murallas de la ciudad gala.

César dio la orden de detenerse y tocar la retirada, pero solo obedeció la décima legión, y el resto de legiones se precipitaron al ataque, y ante esta desobediencia masiva, César no tuvo más opción que seguir al lado de sus soldados, pero entonces se dan cuenta de que habían caído en la trampa de Vercingetórix.

Los galos habían previsto este error y tomaron por sorpresa a los romanos, quienes empezaron a huir desordenadamente. En la huída murieron 46 centuriones y 700 hombres al servicio de las legiones romanas.

Tras este error, César estaba furioso y les dijo: “El enemigo sólo se hace fuerte por vuestros errores, por la desventajosa posición en que habéis plantado batalla. Obedeced a Cayo Julio César y él os conducirá siempre hacia la victoria. ¡La fortuna y Venus Victrix os guiarán!”.

Los soldados entendieron que pese a la furia de César por su falta de disciplina, él no los iba a castigar, y a cambio, exigió lealtad y sumisión. La respuesta de las legiones se dejó escuchar con un rugido de alegría y alivio.

La trampa de César

El triunfo de Vercingetórix en Gergovia, llenó de valor a las tribus galas, que mandaron refuerzos de todos los rincones del territorio bárbaro, para que éste pudiera formar un ejército de 300.000 hombres, así que César debió actuar con prontitud, de lo contrario, habría enfrentado una derrota inminente.

En plena batalla, César deja que la caballería gala, confiada por su reciente victoria, se introduzca en las líneas romanas, y allí creyéndose victoriosos, da la orden de que los jinetes germanos (a quienes César había hecho llamar anticipando esta movida) arrasaran con los galos, y ubicó a sus legiones de tal forma que a Vercingetórix solo le quedó como opción huir a Alesia.

El galo cayó en la trampa de Cayo Julio César, pues apenas Vercingetórix y sus hombres se ubicaron en la meseta de Alesia, el Imperator romano manda a sus legiones a construir una primera muralla para aislar a los galos, y hacer que el hambre y la desesperación acabe con ellos, y luego, le ordena a sus hombres construir una segunda muralla para repeler al ejército que venía en auxilio del caudillo galo.

Este movimiento militar se ha constituido en una de las mayores hazañas y genialidades de la guerra en todo el mundo a lo largo de historia, superando incluso a quien fuera el modelo a seguir del propio Julio César, Alejandro Magno.

La visión, la anticipación y la astucia de César, revirtieron el desastre de Gergovia, y le permitió a los romanos, recuperar la iniciativa operacional, y mantener el control y dominio frente a los galos.

La Batalla de Alesia

Cuando el ejército de auxilio galo llegó a Alesia, no pudo derrumbar la muralla que había  construido Julio César, y luego de examinar el punto débil de los galos, el Procónsul romano decidió enviar a sus hombres que quiebran la organización y las filas de los galos.

Ordena a la caballería romana y germana perseguir a todos los enemigos y darles caza, mientras al interior de Alesia, Vercingetórix intenta atacar inútilmente la muralla interna.

Los romanos lograron derrotar al ejército de auxilio galo, ejecutando en batalla a los líderes y demostrando gran destreza militar, y al enterarse de esto, Vercingetórix y sus hombres no tuvieron más opción que deponer las armas tras 40 días de asedio, y suplicar la clemencia de Julio César.

César tomó a Vercingetórix como prisionero, demostrándole así a los galos que le perdonaría la vida, pero cuando César regresó a Roma, lo mandó a estrangular hasta que su rival murió.

Vercingetórix fue un digno rival del que hoy es considerado el mejor general de la historia, pues utilizó las ventajas de César y las volvió sus debilidades, pero finalmente no pudo unificar a toda la Galia en contra de Roma, así como tampoco pudo infundir la disciplina que los guerreros galos necesitaban para derrotar a Julio César.

Por su parte, Cayo Julio César alcanzaría la gloria militar y su fama, tras haber conquistado la Galia, territorio que siempre fue adverso a las pretensiones romanas debido a la bravura de sus guerreros.

Después de su campaña en las Galias, César volvería a Roma, lo que daría inicio a una guerra civil por el control del poder, de la que Cayo Julio César saldría victorioso tras derrotar a Pompeyo Magno y doblegar la voluntad del Senado, para así convertirse en Dictator, marcando el principio del fin de la República y el inicio del Imperio Romano.


Bibliografía

GALLO, Max. César Imperator. Planeta Internacional. 2004.  

About the author

César Augusto Betancourt Restrepo

Soy profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Defensor del sentido común, activista político y ciclista amateur enamorado de Medellín.

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