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La ciudadanía piensa mal de los líderes

Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende” – (Miguel de Unamuno)


Una vez un alumno me preguntó cuánto me debía.

Yo respondí que me extrañaba esa pregunta, que yo le había hecho el favor ya que reconocía su esfuerzo y no merecía quedarse por una respuesta mal dada, entre tantas buenas.

Eso me dejó pensando…

La gente no cree en sus superiores, líderes y menos en los políticos.

Hizo carrera creer que todo favor es a cambio de algo, especialmente dinero.

Nos toca dar ejemplo y tener paciencia. Nos toca cuidar nuestra imagen y no andar por el mundo como si la gente no se diera cuenta de lo que hacemos o decimos.

Pero no. No conozco un gobernante que no haya tenido escándalos de corrupción. De amiguismos mal orientados o enfocados.

En el gobierno de Uribe no faltaron los escándalos

En el gobierno de Santos sí que menos

Y en este gobierno de Duque, no podía ser la excepción.

Muchos dirán que son gobiernos tradicionales y corruptos, que no me debo extrañar.

Pero tampoco podemos negar que los de la oposición y los del “cambio” no se quedan atrás.

Toda la izquierda en la ciudad de Bogotá también ha tenido sus escándalos, inclusive Gustavo Petro que se tilda de “anticorrupción”.

Nuestros gobernantes le han hecho un gran daño a la mente de los ciudadanos. El gobernante corrompió al ciudadano y éste ahora corrompe al líder.

Hay que romper ese círculo vicioso. Pero eso sólo se logra mediante líderes firmes, efectivos, capaces y que den buen ejemplo. No se va a lograr de un día para otro.

Siento que nos falta mucho camino por recorrer. Da hasta cansancio pensar en eso. Sin embargo, mientras estemos vivos, debemos insistir en ese empeño.

Cada vez que salgamos a cumplir nuestra labor, debemos desear ganar la confianza de los demás. Que nadie nos pueda agachar los ojos.

La ciudadanía también debe ser clara con el líder y hablar de frente. No prejuzgar, pero tampoco creer de inmediato.

La ciudadanía no debe prestarse al juego de los aduladores y populistas. No debe cerrar los ojos o mirar para otro lado cuando ve que su líder falla y miente.

La censura social es vital. La gente debe comentar y dar a conocer el hecho cuando el gobernante o funcionario es el que ha fallado. Que él sepa que no estamos conformes y esperamos su renuncia o justificada explicación.

Pero no caigamos en el escándalo improductivo. No caigamos en la trampa de las noticias falsas ni en los apasionamientos que nos ensordecen y enceguecen.

No caigamos en la trampa de los politiqueros que ya perdieron la vergüenza y saben vivir y sacar provecho de las aguas turbias y hasta oscuras.

La solución está en manos de todos.

About the author

Jorge Enrique Hernández

Abogado. Monteriano. Director de la página web Movilidad Total, en la cual publico blogs sobre Movilidad y Tránsito. Interesado en los temas políticos a su alcance.

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