La alegría de servir

“Sin embargo, está también demostrado que el dinero por sí solo no llena de sentido la vida y que incluso se siente más satisfacción cuando si tenemos bonanza económica, empezamos a compartir parte de la riqueza con los demás”.


 El dinero por supuesto que tiene un valor muy importante en nuestra sociedad. Es el mecanismo que definimos como idóneo desde hace muchos años para hacer todo tipo de transacciones que nos permitan resolver el día a día: comprar o vender servicios, productos, comida, vehículo, casa, gustos, viajes, estudio, tecnología, etc. Es el símbolo que determina el valor de lo que quiero comprar o vender. Cientos de siglos atrás el valor no estaba determinado en papel moneda, sino en sal u otras especias. En otras culturas como la nuestra, se daba el trueque. Esa práctica de intercambiar productos que una de las partes necesitaba y que la otra tenía en exceso: cambiar dos gallinas por una vaca. El dinero no lo es todo, pero sin duda, es parte fundamental de nuestras vidas, como reza uno de los diálogos iniciales de Psicosis, la famosa película del director de cine británico Alfred Hitchcock “El dinero no compra la felicidad, pero sí la soborna”.

Sin embargo, está también demostrado que el dinero por sí solo no llena de sentido la vida y que incluso se siente más satisfacción cuando, si tenemos bonanza económica, empezamos a compartir parte de la riqueza con los demás. No en vano, conocidos multimillonarios como Bill Gates, o el mismo colombiano fundador de Nubank, David Vélez, después de hacer tanta fortuna, dedican parte de sus esfuerzos a causas filantrópicas, con el ánimo, de devolverle a la sociedad, sobre todo a las poblaciones más desfavorecidas, un poco de lo bueno que la vida ha sido con ellos.

Considero que, si todos en cierta medida tenemos la mentalidad de brindar oportunidades y mejores condiciones a quien las necesita y con esfuerzo las merece, en la medida de cada una de nuestras posibilidades, tendremos una sociedad más fuerte y cohesionada. Pocas cosas son más reconfortantes que ver los ojos brillantes, llenos de ilusión y esperanza de las personas -sin importar su edad- que encuentran una oportunidad buscada desde hace años. Es un sentimiento real y tangible de cómo construir futuro.

De cierta manera, todos nosotros -quizás unos más y otros menos- hemos necesitado de alguna oportunidad en nuestras vidas, ya está en cada uno si decide aprovecharla o no.

Por nuestra condición somos gregarios, nos gusta reunirnos, hacer equipo, en parte, por nuestra condición biológica: no hubiésemos sobrevivido millones de años atrás cuando siendo nómadas debíamos cazar animales y luchar contra especies mucho más grandes y fuertes que la humana, sino estuviésemos en grupo. La especie humana, por sí sola es más vulnerable que cualquier otra. La clave de la supervivencia fue la cooperación, el trabajo grupal. “Si yo tuve la suerte de alcanzar algo, es porque me apoyé en hombros de gigantes” fue la lección de humildad que nos dejó Isaac Newton. Nunca podremos alcanzar algo solos, siempre necesitaremos de alguien, de un coequipero, de un amigo, de alguien que simplemente confíe en nosotros.

Y es satisfactorio cuando se continúa con ese legado y se permite que otros también se suban a hombros de gigantes para continuar con su propio rumbo. Es lo que resume las sabias palabras de la Madre Teresa de Calcuta: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

About the author

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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