Cultura

Hoy

Me brotan memorias de otros días que sanan al plasmarse en mi diario, me hacen libre en un poema que tras escribirlo no logro recordar, quizá las palabras son del mundo. Mi cara seca suspira silencio en lo profundo, no tengo mucho que agregar al tiempo que en su sabiduría me reprende con paciencia y poco a poco disipa el miedo.

Recuerdo la tensión que se genera en mi mente entre el ayer y el mañana, ahora que respiro algo de paz observo ocupaciones donde espesar los sueños, también me es verdadero eso tan sublime que se basta de nada para eclipsarlo todo. Reconcilio mi emoción, esperanza en un latido estrepitoso que arremete contra la muerte y hace caer una lágrima ausente de tristeza que me acaricia el valor que se requiere para estar aquí.

Aprendiendo a convivir conmigo, en mí. Mi voluntad sopla sobre los restos de las certezas que me habitaron, aires de fe intuyen que soy el viento, al sentir me conozco la brevedad en la que soy.

Un sorbo de agua es la insignia de mi fortuna, el mundo provee lo suficiente para ganar la guerra, tras la victoria espera una cita con mis anhelos. Pero qué difícil es saber lo que se quiere, he ganado en la batalla del olvido estrechas dimensiones para hallar lo esencial.

Abrazando la ternura con que mi corazón ansía lo estable, me esfuerzo en la razón con que una se quiere desde adentro y me endurece el amor para tocar la calma donde las emociones explayan dulces versos íntimos privados a su dueño, que hacen cabida en los secretos donde se atrapan ilusiones que por mías me definen y un cariño que al soltar entiendo.

Aún me conmueve, pero no me somete el sufrimiento. Resta la sensatez sobre mi instinto y beso la soledad afable como un acierto de este proceso en el que mi cordura se sostiene en letras reflejando mi alma en un constante conflicto interno, me pertenezco al tocar fondo en los principios inamovibles que revelan lo imparcial de mis sombras y destellos.

Las decisiones y su efecto, responsable de aquello que me atraviesa llamé al orden en mis pensamientos con textos que expulsan de mí la culpa y el complejo, que develan la constante posibilidad de crearse, un ser nuevo.

La felicidad como un camino que merecemos al osar recorrerlo.