Hollywood y el cine de acción

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¿Que pasa cuando la ley que determina la costumbre, esa ley que cristaliza la decisión política, es corrupta, distorsionada o acomodaticia?

Según todos los corpus legales de los Estados-nación, es a la policia a quien le corresponde salvaguarda la ley; pero también se conocido el modus operandi,  el actuar más allá de la ley para defenderla y aplicarla; baste para constatarlo el descubrimiento de distintas organizaciones criminales creadas y comandas por policías que han sido recientemente descubiertas por autoridades judiciales en Colombia.

Entonces ¿como «un hombre puede ser piadoso y cruel al mismo tiempo», según primo levi?

Esta dicotomía no se muestra en las epopeyas policiales de Hollywood. En lo que si se hace un encuadre constante es en las apologías a la institución castrense; abundan en la mayoría de películas del cine de accion de Hollywood cierto culto al héroe, al cueste lo que cueste o por todos los medios posibles -e imposibles-.

Siempre hay un Charles Bronson cobrando venganza, un vengador anónimo, actuando subrepticiamente, más allá de los márgenes estrechos y asfixiantes de la ley, sin ningún control o autoridad superior. Tienen hasta su propia isla, como Cop Land de James Mangold con Silvester Stallone; hasta tienen sus propios órganos de control, como en Colombia.

Se esfuerzan con apremiante desesperación en hacernos sentir cualquier pena por el verdugo, en llevarnos a intercambiar los papeles con el perpetrador, en llegar a compartir con ellos la culpa por los crímenes cometidos.

Se olvidan que en los años del ascenso del fascismo europeo, el cine combatió su desfachatez; lo hizo contra Francisco Franco Bahamonde, como bien lo muestra el documental del Español Oriol Portal Hollywood contra Franco. Combatió su bestialidad, lo absursdo de sus formas y predicados. Sabían que era solo una argucia para atrapar al hombre en su propia necesidad de limitantes para su conducta. El tirano es un gran papa, un policía polaco arrebatado por el vodka, como en Cenizas y Diamantes de Wajda, que tiene que abofetear a su hijo libertino de vez en cuando para hacerle entrar en razón.

Sin embargo, pese a la conducta irreverente y arrebatadora que el cine contiene, incluso desde su nacimiento, desafiando los paradigmas, ya se sabía desde Goebbels -y su cine para incentivar a las fuerzas en el frente-, pasando por el Realismo soviético de la época de las purgas estalinistas -véase a Serguéi Eisenstein, Dziga Vértov y un temprano  aleksandr medvedkin- de su poder para persuadir.

Por ello no es extraño que con el nacimiento de las policías políticas y de los enemigos internos, el cine, y en especial el de acción, empezara a mostrarse benigno con las formas corruptas de proceder (la implantación de pruebas, las ejecuciones extrajudiciales y sumarias, los escuadrones de tortura).

Han establecido toda una línea narrativa que se va desarrollando de manera simple: el héroe -un marine o un policía- con licencia para matar; puede haber sido víctima de alguna experiencia desgarradora que le corrompe, llevando cerca del límite de la villanía-; comete todos los crímenes inimiginables solo para alcanzar a su alter ego, el cual yace en las antípodas de su ser, es decir, tiene que posibilitar la inversión de su esencia, hundirse en lo mas profundo de su propio ser; esta experiencia le redime de sus demonios, vuelve a la vida sin ninguna responsabilidad por sus crímenes o alguna deformación considerable en su ser.

También es constante el uso, sin importar quien juegue el rol de detentor del fin recto, de la lógica dicotómica bien contra mal. Esta permite una exposición simplista de lo frágil de la estructura moral, lo indiferenciado de sus límites.

Son los guardianes de ese mundo invertido, “un mundo donde todo está invertido, en donde el  poli es el malo y el malo es la víctima» -como magistralmente expone primo levi en los confines de la moral y en la zona zona gris-; la zona de anomia donde no hay ley, donde los universales, los paradigmas y trascendentes, todo tipo de verdad, se hace maleables, se vuelven tan solo un armazón inservible, una carcasa vacía, inservible y obsoleta para comprender y transformar el mundo.

Entonces ¿quién es el enemigo? -los primeros golpes vienen de los amigos, responde primo levi-.

Cop land ilustra la paradoja: los policías corruptos montan su paraíso fuera de la ciudad. Este distrito se lo entrega la mafia, quien tiene su patio trasero colindante con la ciudad de los policías. Cuando el escándalo toma tal forma ante los oficiales cegados por las visiones del mundo ideológico, el mismo que conceptualiza Kertesz en el intelectual superfluo,  no les queda mas remedio que salvarse por todos los medios posibles; los modus operandi del bueno y el malo se asemejan: el terror para disuadir.

Cuando aquellos que enarbolan principios rectos incurren en una violación de los mismos, exponen la estructura misma corroída. La posibilidad de la acción más allá de los límites conferidos por por los principios que definen su función y naturaleza, su ideología, su verdad, los vuelve falsos.

Basta un interés o una inteligentzia que pueda tomar dicha fuerza -en este caso el policía redentor- para convertir toda expresión de este proyecto político, de todos los ideales que ensueñan con la desaparición de la duda, de la irreverencia y de la sensualidad, en un cadáver, algo muerto.

Quisieran que nuestra individualidad, nuestra aparente seguridad, esté a merced de cualquier arbitrio, que pudiese ser reducida bajo cualquier pretexto.

¡Pero esa es la condición imperante en los cuerpos policiales y de nosotros como individuos! ¡vigilados en todo momento! ¡condenados bajo sospecha! ¡pendiendo siempre en la delgada linea azul – de Errol Morris- o muriendo en la delgada línea roja -de Terrence Malick-!

Los cuerpos policiales presentan casos de corrupción endémica, como indirectamente lo retratan las apologías a la institución castrense en el cine de acción de Hollywood. Pero también retractan  de manera directa -en la medida en que distorsionan los hechos objetivos- la búsqueda de conformar una lógica de la maldad, es decir, hacer racional y legítima la locura colectiva que nos ha llevado a esas orgías monstruosas de sangre y guerra.

No hay detentores de la ley, hay hombres encargados de velar la cohesión que posibilita dicha ley. Pese la distorsión explicita en los pilares de la sociedad que se creían imperecederos, de la imposición de lo que decía Primo Levi era simplificación como forma de comprender, tener presente esta simple verdad es necesaria para no enloquecer. Imaginen que pensaría un hombre común sabiendo que un drogadicto pedofilo vigila la seguridad de su hogar. Que un rabiosos furibundo puede ordenar colgar a quien le parezca afea el espacio público o pervierte la conciencia moral de la nación.

. – “Hacer lo correcto no es un chaleco anti-balas» -le dice Figgsy en Copland a un compañero-.

Pese a este apotegma, el líder la cuadrilla de policías-gansters muere ahogado por el lazo de la ley.  La película cierra con el monólogo del narrador diciendo la siguiente frase: se demostró que nadie está por encima de la ley. Si, pero fue necesario transgredirla para comprenderlo, hacer ley la ignominia para entenderlo.


Vicente Rojas Lizcano

En mis inquietudes esta la búsqueda de una forma autentica y novedosa de retratar las problemáticas sociales (conflictos armados, emergencias ambientales, actualidad política, la cultura). Ello me ha llevado a incursionar en la novela de ideas, el cuento, y demás formas narrativas como herramienta de teorización sobre la política y la sociedad.

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