Golpe de timón en Colombia. El ocaso del Uribismo y hacia un nuevo proyecto hegemónico

Opinion

Estar a las puertas de un gobierno de izquierda, reflejan los tiempos históricos que estamos atravesando. 


Han pasado 20 años del acenso del uribismo al poder en Colombia. Para entonces el país se encontraba atravesando una fuerte crisis económica, institucional y humanitaria, con altos niveles de desaprobación hacia la clase dirigente de ese entonces. En ese contexto emergió la figura autoritaria y paternalista de Álvaro Uribe, que con banderas de independencia, ganaría con holgura la primera vuelta  de las elecciones presidenciales del año 2002.

Acompañado en un primer momento de las dirigencias regionales ancladas al poder sobre la tierra, Uribe construyó una narrativa de seguridad y firmeza contra la subversión, la cual fue bien recibida por amplias capas de la población. Una vez presidente, Uribe logró una alianza con los diferentes sectores del establecimiento, y un gran consenso cultural en la sociedad, que le permitió gobernar con altos niveles de aprobación.

La hegemonía cultural del uribismo se erigió sobre tres pilares, la seguridad y el orden, la dominación carismática de su líder y el crecimiento económico. Sobre estos ejes se configuró un efecto teflón sin precedente, que hizo que las decenas de escándalos de su gobierno (falsos positivos, corrupción, parapolítica, seguimientos ilegales, etc) pasaran en su momento sin mayores consecuencias.

La institucionalidad liberal recuperó el mando en el año del 2010, pero para eso, tuvo que valerse de un discurso de continuidad con el proyecto uribista, que luego sería traicionado con la apertura de un proceso de paz que finalizó con la desmovilización de las FARC en el 2017. Sin embargo, aunque disminuido, el uribismo se mantuvo como proyecto ideológico con un alto nivel de arraigo en la población, logrando sabotear al plebiscito del 2016 y regresar al gobierno en el 2018 de la mano de Iván Duque.

Pero este nuevo ascenso, lejos de lo ocurrido a inicios de siglo, no significó la consolidación de un proyecto ideológico; Colombia ya no era la misma, su base social se encontraba erosionada después del acuerdo de paz, una década de intensas movilizaciones y el empoderamiento de la ciudadanía en asuntos públicos, gracias en gran parte a las redes sociales. Duque realizó sus 4 años de mandato en medio de una alta impopularidad, escándalos de corrupción, violación de derechos humanos, incapacidad para desarrollar sus principales iniciativas, y los dos procesos de movilización social más fuertes en las últimas décadas, el paro nacional del 2019 y el estallido social del 2021.

La crisis de hegemonía que atraviesa el país, parte de la incapacidad del modelo de resolver las necesidades y expectativas de la población y de la falta  la confianza y credibilidad de la instituciones ante la ciudadanía, lo que ha conllevado hacia a la difusión y arraigo de nuevas formas de pensar, que antes se encentraban completamente censuradas y estigmatizadas por el espectro ideológico colombiano. Estar a las puertas de un gobierno de izquierda, reflejan los tiempos históricos que estamos atravesando.

Aunque existe una fuerte base alrededor del progresismo en conjunción de sectores del liberalismo, el movimiento social y de la izquierda, estas aún no generan las mayorías ni son las suficientemente sólidas para hablar de un nuevo bloque hegemónico. Esto se resolverá en la medida que se obtenga la presidencia y se logre gobernar en función de las expectativas de la población.

La victoria de Gustavo Petro puede marcar el inicio de un nuevo ciclo político en Colombia, orientado hacia la paz y la redistribución de la riqueza, sin embargo, deberá navegar en medio de sus propias contradicciones, el saboteo de los sectores retardatarios y la débil institucionalidad del Estado colombiano.

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Yesid Camilo López Martinez

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