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Función ECO: Implicaciones para un futuro de ciudad y de ruralidad

Foto: Alcaldía de Medellín

Me preguntarían que porque considerar a ECO como una función sí parece más un concepto que evoca el cuidado del planeta, pues bien, la historia de la ciencia y de la humanidad creó un referente para situarse en el medio natural que es la ECOLOGÍA haciendo referencia también a esta raíz ECO que en este caso se traduce como la casa de la humanidad, el logos de la casa de la humanidad, que es universo, planeta tierra, sociedad, cultura y naturaleza, es una totalidad y por eso, evoca también a todas las interrelaciones, pues también la ecología es la ciencia de las relaciones, es decir a la forma como una entidad o un ser se sitúa en el contexto; un acontecimiento, un objeto, una mujer, un edificio, un vehículo, una vía, un pensamiento, un sueño o un concepto, y a las relaciones que establece, por ejemplo se refiere también a la forma como la ciudad se sitúa y establece relaciones en el contexto regional; en la perspectiva ECO se nos orienta a situarnos en el contexto de la vida y por esto se transforma de antropocéntrica a biocéntrica, valora la vida y produce vida, quiere decir que se transforma en medio y fin, lo que supone que la dimensión ECO como función es imprescindible a la hora de evaluar o de diseñar el mundo que tenemos o el mundo que queremos.

La función ECO puede ser también un instrumento tecnológico que nos permite valorar y diseñar, pero tiene requerimientos para una actuación en términos de construir, planificar, proyectar, elaborar políticas o hacer un plan, como el Plan de Desarrollo de Medellín. Quiero decir que tiene implicaciones al querer obtener una coherencia con la Medellín actual y de futuro.

En primera medida implica una perspectiva sistémica que se valora en términos de autonomía: hace un balance entre dependencia, autosuficiencia y autorregulación. En esta dirección, le pregunta a la ciudad y al municipio por su capacidad de reaccionar con autonomía ante cualquier situación de riesgo: En términos alimentarios por ejemplo hace un balance en clave de soberanía alimentaria. Nos pregunta por la capacidad que tiene la despensa alimentaria en la escala local primero, del Valle de Aburrá después y por último a la disponibilidad en las cercanías, nos pregunta por la capacidad de alimentarse sin recurrir a regiones lejanas, pues como hemos visto es necesario reaccionar en términos inmediatos para prevenir el hambre; en este lineamiento pregunta por la mayor autonomía alimentaria posible, lo que interroga inmediatamente por la existencia de una cultura campesina que le de sustento al sistema, pues ella nos proporciona más capacidad de respuesta, de autoregulación, en medio del riesgo y de la crisis, lo que en teoría de sistemas llamaríamos capacidad cibernética del sistema. Quiere decir esto que la propiedad sistémica de la función ECO implica fortalecer la capacidad de producción de alimentos y de protección a la cultura y la economía campesina, lo que le da sustento a este requerimiento de despensa alimentaria.

Refiriéndonos al balance de energías, es la dimensión sistémica de este referente ECO la que nos hace preferir a la energía eléctrica y las energías alternativas para poner en funcionamiento a la ciudad, antes que a las energías fósiles, pues al momento de balances la eléctrica nos da mayor autonomía y mayor control sobre los efectos de su proceso de transformación.

De otra manera la función ECO Implica también a la diversidad: en Colombia a la bio-diversidad, pues somos singulares en el mundo al habitar este neotrópico húmedo que nos vincula con las mayores precipitaciones promedio anuales del mundo, por esto nuestro problema es administrar la superabundancia de agua y no la escasez; Medellín debería ser una ciudad de las aguas. Contamos con las mayores disponibilidades de agua dulce y por esto con las mayores biodiversidades, en general en Colombia habitamos el mundo de las diversidades: de culturas, de etnias, de géneros, de orientaciones sexuales, de parejas, de regiones, de conocimientos y saberes para una relación con la tierra, diversidad de climas, de geomorfologías, de ecosistemas: paramos, humedales, selva húmeda, sistema andino, de flora y fauna y de información genética, etc. La diversidad nos implica para una actuación en contracorriente con los monocultivos: el monolingüismo, el monocultivo agroindustrial, el monocultivo ganadero y los monocultivos de torres de apartamentos tipo colmena, en contravía de esta función MONO, una sola forma y una sola función, que se ha convertido en la salida única del empresarismo. A cambio, la diversidad nos impone la necesidad de producir diversidad de capacidades y oportunidades para la vida.

La función ECO implica también la actuación y construcción en correspondencia con la biosfera y las dinámicas ecosistémicas: con las relaciones, las funciones y los ciclos de energía y materia, como el ciclo del agua, del hidrógeno, el nitrógeno, del bióxido de carbono o el intercambio de calor con la biosfera y el mantenimiento de las condiciones adecuadas para una estabilidad del microclima, en esta perspectiva valora y actúa sobre la interferencia que hace la ciudad: sus formas de construcción, sus materiales, su geografía urbana, su movilidad, sus superficies, sus alturas verticales, con los ciclos de los vientos, con el intercambio de energía y su capacidad de disipación.

En el caso del cierre del ciclo de los materiales, hace balance en la generación de residuos y el impacto ambiental generado por ellos, en esta línea la naturaleza deja de ser ornato que maquilla el desorden evidente y se convierte en un referente regulador de la transformación incontrolada del medio y el caos, la naturaleza es la póliza de seguridad y control de nuestra aventura productiva, el ecosistema de la ciudad en su estado más cercano al origen proporciona capacidad de resiliencia y de regulación climática.

ECO implica también bienestar, calidad de vida y libertad de oportunidades, a la hora de balances e indicadores, de planes y proyectos, la función ECO determina una base de comienzo en el bienestar de la base ecosistémica, de la base orgánica y de la base humana, pues de esta condición y estado dependen las capacidades y las oportunidades. En términos sociales es evidente que la desnutrición temprana afecta negativamente la totalidad de la vida humana, lo que se traduce en responsabilidad con el inexorable mínimo vital de la ecuación de la existencia: Sobrevivencia + bienestar + sostenibilidad = a calidad de vida.

La sobrevivencia antecede a la condición de derechos y lo hace por la existencia, aquella condición sine qua non que determina la vida humana, pues todo ser humano por el solo hecho de nacer queda determinado a: la alimentación, el agua, la salud y el techo, sin estas condiciones es imposible obtener capacidades y vivir oportunidades: cualquier actividad, pensamiento o movimiento que ha de emprender una mujer o un hombre requiere de estas cuatro condiciones y no pueden obtenerse por prepago, crédito o trabajo, anteceden cualquier acción que se quiera emprender, por eso es imprescindible el Estado de Bienestar y la garantía de un mínimo vital, por esto la desconexión al agua potable por falta de pago en la pandemia o por fuera de ella se considera un acto inhumano, esta es la responsabilidad primera del contrato social: ofrecer las condiciones de existencia sin que medien obligaciones, mercancías y renta.

Por último, implica esta dimensión Eco la integralidad territorial, que hace referencia a la necesidad de transformar la valoración jerárquica entre centro y periferia, entre lo urbano y lo rural, de borde urbano, de áreas de apoyo, de subordinación a territorios al servicio de la ciudad. A cambio se considera una relación horizontal de todo un espacio sostenible que hace municipio, ciudad y región y en ellos, en retribución, se asume integralmente el cubrimiento de necesidades humanas, ambientales y ecológicas. Mantener la calidad territorial, de los sistemas culturales y ecológicos en el espacio sostenible que se requiere para funcionar es una condición de sostenibilidad para el proyecto urbano y de ciudad.

Con relación al sistema alimentario es claro que en Medellín la integración de mercado se hace a escala local, con la ciudad y otras regiones como Urabá, pero la producción se hace en la ruralidad y en la ciudad se consume, que el Valle de Aburrá hace sus aportes en las municipalidades y que un gran mercado proviene de oriente. Esto implica una acción de retribución de la ciudad con la ruralidad. Las comunidades campesinas le han propuesto a Medellín una salida para este reto: el Distrito Rural Campesino, que lentamente avanza en esta línea de integridad territorial y asume como reto la función ECO en sus implicaciones sistémicas, de bio – diversidades, sus desarrollo de economía campesina en correspondencia con la biósfera y el ecosistema, con el bienestar, calidad de vida y libertad de oportunidades, y muy profundamente con otras dos dimensiones que no hemos tratado y que son integrales a la función ECO: la conectividad y la gobernanza.

No se puede olvidar que el municipio de Medellín se planifica y se ordena con perspectiva urbana, no con perspectiva rural y campesina, y tal vez por ello las gentes de la ruralidad pierden su lucha en la prevención de la expansión urbana sin control, en un planteamiento de crecimiento desaforado y de baja calidad de la inmobiliaria urbana para el borde de ciudad: la oferta actual de la inmobiliaria es para ocupar, no para vivir, no son desarrollo de ciudad las que se integran en el borde de ciudad, son cajones para ocupar y monocultivos de torres de apartamentos tipo colmena que en nada aporta a la “eterna primavera”.

En los corregimientos, en las veredas de economía y vida campesina, en las tierras de conservación habita el sueño y la posibilidad para enderezar el proyecto de ciudad, para reencontrar la posibilidad abierta de producir territorialidad, hábitat, bienestar y sociedad con calidad.

Por: Héctor Manuel Lugo Agudelo

Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila

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Nuesta misión institucional es: contribuir a la construcción de una sociedad sostenible y soberana desde la promoción de una cultura política ambientalista basada en una nueva ética que busca transformar actitudes individuales y colectivas hacia una participación democrática, caracterizada por la justicia y la equidad entre géneros, generaciones y culturas, y por la conservación y uso sostenible de la biodiversidad.

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