Opinión Política

Fascismo criollo

Foto: Colprensa

El fascismo originado en Europa, naciente con Benito Mussolini en Italia y replicada en la Alemania Nazi y la España Franquista, buscaron y obtuvieron en el fervor del  nacionalismo, y con la represión de la oposición política e ideológica el control absoluto de sus naciones, naciones que fueron azotadas en las más crueles y desgarradoras masacres; encontraron un enemigo diabólico que venderle a la opinión pública, que convencidos de la veracidad de la información que les proporcionaban en forma de propaganda, aprobaban las medidas impuestas por el dirigente supremo. En el caso de Alemania, los nazis basaron dicha propaganda en el desprestigio contra la comunidad judía y los comunistas, porque muy al contrario de lo que he llegado a escuchar de algún incauto, a pesar de que el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NAZI por sus siglas en alemán) contenga en su nombre el término “socialista” este partido surgió con grupos paramilitares, ultraderechistas que combatían los levantamientos comunistas; y mientras convencían al pueblo de lo macabro que era el enemigo, también les hacían creer que los centros de concentración estaban adecuados para mantener una vida digna, con alimentación en abundancia y muchos espacios de ocio y educación, para así mantener las conciencias tranquilas.

En el fascismo criollo por su parte hemos visto patrones conductuales muy parecidos, el líder supremo de la época reciente, Álvaro Uribe Vélez lleva más de 30 años mostrándole a la patria el peor enemigo que podemos tener, la guerrilla FARC-EP y obviamente el temible comunismo, y bajo esta idea, muchos colombianos no solo han permitido sino que han justificado masacres a pueblos enteros, jóvenes y niños; defienden tanto a las fuerzas militares como a los grupos paramilitares que han sido los principales aliados en la lucha contra la guerrilla e incluso se presume que Uribe fue el precursor de estas fuerzas con las mal llamadas CONVIVIR y posteriormente fundador del “bloque Metro” de las AUC, pues “son ellos quienes se han dedicado a combatir la escoria comunista” y por supuesto, en trabajo conjunto con los medios de comunicación han enaltecido y hasta endiosado la imagen del líder, negando o ignorando las atrocidades cometidas por este personaje.

Y en consecuencia con la línea fascista, no han escatimado esfuerzos en reprimir y aniquilar a la oposición o cualquiera que quiera testificar en contra del régimen; ha sido tal el poder del líder que ha puesto dos presidentes del gobierno, ha tenido y continúa teniendo a su servicio alcaldías, jueces, fiscales y todo tipo de servidores públicos.

Han muerto decenas de opositores en las condiciones más extrañas, a sus catecúmenos no les tiembla la mano para alzar armas en contra de quien se atreva a hablar mal de él, parece que haya convertido parte de Colombia en una réplica a gran escala de la hacienda “las Guacharacas”, plagada de paramilitares y víctimas asesinadas y enterradas en fosas comunes a lo largo y ancho del territorio nacional.

A diferencia del fascismo europeo, en nuestra patria no hay conciencias que salvar. A sus defensores no les preocupa ni les incomoda en absoluto el asesinato sistemático de líderes sociales y de oposición, pues como bien lo dijo él “no estarían recogiendo café”. Así pues, no es necesario vender bondades de los planes de contención, aquí lo importante es mostrar cifras, los números de los guerrilleros muertos, que siguen cayendo a diario, porque todo aquel que cae en masacres es porque “algo estaría haciendo para que lo mataran”; entonces, ¿será que en medio de la indolencia y la complicidad, algún día podremos salir del fascismo criollo?

Esto fue escrito por

Carolina Rivera

Caleña viviendo al lado del mediterraneo. Actualmente trabajo en el sector salud, y soy aprendiz en psicología, apasionada por los derechos humanos y acérrima opositora de las dictaduras, del fascismo y las injusticias. Escribo sobre cualquier tema que me toque la fibra sensible, especialmente cuando veo que se vulnera a las personas por su condición económica, étnica o sexual

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