Opinión

Estado del arte sobre Medellín

Foto: vivirenelpoblado.com

En Medellín se ha producido conocimiento científico importante sobre los problemas sociales y se cuenta con un balance de las tesis e hipótesis sobre la violencia: i. Hay un estado del arte de causas y consecuencias de esta realidad subregional, urbana y rural; ii. Otro estado de la cuestión tiene por objeto las políticas para atenderla y los resultados de su ejecución; iii. Y tenemos un tercer estado del arte de las políticas para intervenir la violencia que aún no han sido implementadas. La persistencia del problema y la pretensión de naturalizarlo, reeditan permanentemente la reflexión.

En primer lugar, se cuenta con un diagnóstico producto de procesos de investigación y de planeación, que ofrecen respuestas a la pregunta ¿qué pasa y por qué pasa? Tiene mucha fuerza entre las causas, la relación de doble vía y dependencia mutua entre violencia y pobreza. A lo anterior se suman hectolitros de tinta invertidos en la publicación de análisis del narcotráfico, la corrupción, la justicia y la delincuencia con todas sus relaciones. La violencia contra las mujeres es visibilizada entre las prioridades de atención, así como se debe reconocer la represión contra la oposición política antisistémica, por mencionar varios ejemplos de lo que pasa y se ha estudiado.

En segundo lugar, también hay un estado del arte sobre políticas públicas y sus resultados. Si algo conocemos en Medellín para el tratamiento de la violencia, es el aumento y especialización del píe de fuerza de seguridad, cámaras, paramilitarismo, cárcel: todo resumido en solo represión. El balance de su ejecución muestra la persistencia del problema, y contrario a resolverlo, la política se convierte en factor de victimización masiva. Recién, las autoridades publicaron la captura del jefe de una banda X que tiene, como otras, más de 30 años de presencia: ahora son bandas tradicionales. Así mostraron una vez más el fracaso de los planes de seguridad.

Y contamos con un tercer estado del arte sobre las políticas que también tienen fundamento en la investigación, pero que no se han implementado. Esas políticas son aquellas que priorizan la cuestión social y optan por la idea según la cual, la mejor estrategia de control social es el Bienestar de la población. Basta con sacar al tablero el diagnóstico de los temas de educación, vivienda, empleo, ingresos, feminización de la pobreza, es decir, lo que no se ha hecho, y encontramos explicaciones de la situación actual de violencia asociadas a la precarización de la vida en este territorio.

Mientras persista el empobrecimiento será imposible mermar los indicadores de violencia, pues son numerosas las situaciones asociadas a la insatisfacción de necesidades humanas. El fracaso neoliberal desacreditó la intervención del Estado en la cuestión social con la consigna: “la mejor política social es no tener política social”. La pobreza crece y su incidencia en la violencia no se puede tratar en términos de un fenómeno que nos sorprende. Alternativas hay, pero las decisiones no están en entre los intereses de quienes han ejercido el poder en Medellín. Sobre esto también hay un estado de arte: quiénes han gobernado y quiénes no han gobernado; quiénes se han beneficiado del poder y quiénes no.