Escocia sí habla

Escocia habló. Y lo hizo por varias razones. En primer lugar porque la propia Escocia necesitaba hablar, y en segundo lugar, porque en Londres comprendieron que era inevitable que hablaran. Es parte indispensable de la democracia, la ley se adapta a las necesidades de la sociedad y no es la sociedad la que se tiene que adaptar a las estrecheces de la ley. Más si cabe cuando se trata de una situación como esta, donde la necesidad de la sociedad es de entendimiento, de diálogo, de manifiesto.

Fue un diálogo mucho más complicado que el simplista si o no a la permanencia de la nación escocesa en el Reino Unido. En el Palacio de Westminster comprendieron que la marcha de Escocia tenía argumentos sólidos y por ello, en una campaña mediática importante explicaron a los escoceses que había otro tipo de soluciones a sus necesidades que la desintegración del Reino Unido.

Independientemente de la finalización, el proceso ha sido positivo. La democracia siempre es positiva. A través de él ambos “bandos” han aprendido varias cosas. Desde Escocia que el resto de Reino Unido le quiere, y que están dispuestos a cambiar modos de funcionamiento para que se sientan mejor gestionados, mejor representados y más queridos. Desde Reino Unido, que Escocia no está dispuesta a permanecer a cualquier precio, pero tampoco a marcharse, por lo que con voluntad de entendimiento cualquier problema puede afrontarse con plenas garantías de éxito.

Tras los dos referéndums hechos en los años 1980 y 1995 del caso de Québec y el caso escocés de este año, se prepara Catalunya para su consulta de 2014. Con una gran diferencia, en este caso, en vez de encontrar un gobierno estatal valiente que promueve su posición con argumentos políticos, sentimentales o económicos, tal como hemos visto este año en Escocia, se escuda en la constitución. Una constitución prostituida, la cuál puede ser vendida por presiones exteriores, pero no adaptada para satisfacer las necesidades de las personas que viven dentro del marco legal del Estado español.

Catalunya hablará porque es su voluntad. Y después España podrá hacer oídos sordos, ampararse en la no legalidad de la consulta o incluso apelar a la voluntad de entendimiento que dicen que caracterizó la época de la transición para no entenderse con aquellos y aquellas que puedan tener otra visión de la actual España.

Pero es en estas situaciones donde se muestra abiertamente la falta de actitud democrática en la ejecución de la gobernanza del Estado español. Si desde Madrid se dice que catalanes y catalanas tienen que tener sentimiento español, o que en Canarias se va a explotar hidrocarburos, se ponga como se ponga Catalunya y Canarias en esos lugares se tendrá sentimiento español y se explotará petróleo.

Pero que no olviden en Madrid lo que rápidamente aprendieron en Londres y en Ottawa. Las consultas no son el problema, las consultas son la solución a otros problemas que los gobiernos centrales no saben, no quieren o no les permiten solucionar.

El verdadero problema del conflicto territorial español es la imposibilidad de entendimiento, la lejanía sentimental y la falta de voluntad para afrontar la incomodidad que los gobiernos estatales establecen para las naciones que viven dentro de su territorio. A los que además hay que sumarle los tics franquistas que, tras casi cuarenta años muerto el dictador, todavía imponen los distintos gobiernos de PP y PSOE, quienes consideran mejor no dar voz a quienes tienen algo que decir a escuchar algo que no les gustaría escuchar.

@DanyBesteiro

[author] [author_image timthumb=’on’]https://fbcdn-sphotos-g-a.akamaihd.net/hphotos-ak-ash3/t1/1896770_1404139356510592_147251123_n.jpg[/author_image] [author_info]Daniel Besteiro Rodríguez Ingeniero en informática por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Master en Publicidad y Comunicación Corporativa por el Instituto Internacional de Marketing y Negocios. Master en Estudios Políticos Aplicados por el Instituto Universitario Ortega y Gasset. Miembro de Nueva Canarias. Ha participado como colaborador en SPQ Consulting.Leer sus columnas. [/author_info] [/author]

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