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Escazú: un acuerdo para gobernarnos a todos

“La escritura en el anillo de poder ideada por J.R.R. Tolkien “un anillo para gobernarnos a todos…y atarlos a las tinieblas” no es otra que una de las tenebrosas frases que nuestros legisladores han querido adaptar a la pantalla nacional. Para ellos y sus intereses particulares, el acuerdo de Escazú se ha convertido en un acuerdo para gobernarnos a todos y atarnos ¿al comunismo?


Celebrando uno más de los aniversarios del fracturado florero de Llorente, Ricardo Lozano quien fuera entonces ministro de ambiente, radicaba ante el congreso el proyecto que “debió” situar a los “padres de la patria” en debate urgente, respecto de la ratificación del Acuerdo de Escazú. Así es, “debió”, porque un año después y encontrándonos en el calendario otro 20 de julio, el acuerdo no fue ratificado, es más, en su momento esta bandera no encontró ponentes en el congreso y aún, ni siquiera se encontraba en la copiosa agenda legislativa de los honorables parlamentarios.

Sin encontrar dolientes y ante todo pronóstico, fue el mismísimo Gobierno nacional quien empeñó su palabra, pues en proclama del ministro de ambiente, la presentación del proyecto confirmaría “la voluntad del Gobierno de consolidar su liderazgo en materia ambiental, que muestra el compromiso con una gobernanza ambiental proactiva, inclusiva y responsable”.

Pero de ese compromiso poco, del membrete de urgente menos y del compromiso de gobernanza nada, pues en la boca del “presidente Duque” nunca se asomó ni una palabra sobre el acuerdo, tampoco se lo recordó a su partido de gobierno y ni siquiera se los recomendó; palabras al viento.

Pueda que haya otros debates más importantes para ellos o puede que, el presidente al que escuchan, no se encuentra en palacio de Nariño, sino en otro palacio-hacienda Cordobés.

Con las promesas incumplidas (que ya ni se escriben en mármol) el acuerdo se mandó al traste y entre “jugadita y jugadita” y luego de varios aplazamientos entre las comisiones segundas de senado y cámara, nunca se asomó el debate.

Pero más que constituirse en una traba “al capitalismo rampante” el acuerdo busca una democratización ambiental, un esfuerzo participativo, un acceso a la justicia ambiental, a la información y una protección de quienes propenden por la guarda de la tierra.

¿Pero qué era y de qué trataba el Acuerdo de Escazú?

Este acuerdo toma su nombre de la región donde se suscribió, fue el 4 de marzo de 2018 cuando en aquella ciudad de San José de Costa rica – Escazú, se gestaría el primer gran tratado medioambiental de Latinoamérica y el Caribe; un acuerdo de unidad y de gobernanza ambiental. Pero esa anhelada unidad quedó en que, de 24 Naciones firmantes, solo 12 ratificaron el acuerdo (hasta ahora), entre las que se encuentran en mora, Chile y Colombia (como no), sin embargo, con esas 12 naciones y la vista gorda de los demás, el acuerdo entró en vigor el 22 de abril de 2021, pues para ello necesitaba ser ratificado por la mitad ¡lo logró! … ¿lo logró?

El gran pacto tiene tres cimientos fundamentales:  Derechos de acceso a la información ambiental, participación pública en los procesos de toma de decisiones ambientales y el acceso a la justicia en asuntos ambientales.

Para algunos de eso, en nuestro ordenamiento colombiano ya tenemos suficiente, pero suficiente está de seguir encabezando rankings vergonzosos. Hablando del tema, para 2019 Colombia ocupó el primer lugar en el mundo por líderes ambientales asesinados con 64 homicidios[1]. Masacres que ni siquiera las cuarentenas pudieron frenar y mucho menos el congreso (evidentemente).

Tan escandalosa es la situación y tanta es la indiferencia, que pareciera que a los oídos de los honorables, jamás llegó la noticia y muchísimo menos el retumbe de los fogonazos que dejó a 44 líderes ambientales asesinados, esto, entre 20 de julio de 2020 y el 30 de abril de 2021[2]; lapso donde nada les impedía debatir sobre el acuerdo, que en algo podía contribuir con visibilizar la masacre y proteger a las víctimas (bueno nada lo impedía, además de su acostumbrada apatía).

Pero esto no es solo de apatía, pues existe además un lobby de corporaciones empresariales que se oponen hasta los tuétanos al acuerdo, entre otras están: la Federación de Cafeteros, Fedearroz, Fedepetróleo, la ANDI, Fedegán… Su férrea oposición se fundamenta en el temor de que el acuerdo “frene sus proyectos productivos exigiendo permisos o consultas previas” al parecer ese “dejar hacer, dejar pasar” se les estaría embolatando.

Pero más que constituirse en una traba “al capitalismo rampante” el acuerdo busca una democratización ambiental, un esfuerzo participativo, un acceso a la justicia ambiental, a la información y una protección de quienes propenden por la guarda de la tierra.

Por otro lado, este debate no se podía salvar de la “amenaza roja” debidamente demostrada por las advertencias conspiranoicas de la pareja ideal, Lafourie y Cabal. Por un lado, el actual presidente de FEDEGAN sentenció “¡Mucho cuidado con el veneno de Escazú!” añadiendo que este acuerdo era 100 veces peor que el de la paz de Santos (así como lo ve) y por otro lado (pero en la misma línea) su señora, la senadora María Fernanda Cabal dijo que va uno a ver y que los países que ratificaron el acuerdo “son aquellos inclinados al socialismo o comunismo”. Estas patrañas no sorprenden, pero esconden unas que otras hectáreas de bosque y la expectante vuelta del glifosato.

Pero mientras Lenin está a punto de ponerse de pie, los índices de deforestación sí que se ponen en rojo y el Amazonas ¡nuestro Amazonas! se ve cada vez más amenazado, “Según datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en el primer trimestre de 2020 la Amazonía concentró 68,3 % de las alertas tempranas de deforestación en el país mientras que, en el mismo periodo de 2019, la cifra fue de 57,7 %. Por otro lado, datos de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) mostraban que la pérdida de bosque en los primeros tres meses del 2020 en la Amazonía fue de 75 031 hectáreas, superando así la cifra de todo 2019 (73 000 hectáreas).”[3]

Por desastres como estos, al primer puesto de Colombia en matanzas, le sumamos el segundo lugar en Latinoamérica en ser el país con más conflictos ambientales con la cifra de 129 casos y eso que solo nos dejó atrás Brasil, quien obtuvo el primer lugar (otra derrota más, que no deja de ser vergonzosa).

Semejante catástrofe sigue sin frenos, con todo y que nuestros ecosistemas ya son sujetos de derecho: El río Atrato (2016), la Amazonía colombiana (2018), los ríos Coello, Combeima, Cocora, Pance, Quindío, Cauca y Magdalena (2019), el Parque Nacional Natural los Nevados (2020) … Y sí, de reconocimiento mucho, pero de eficacia poco, pues no se han formulado planes para contrarrestar la deforestación, no se implementan los POT, y no se observa un cumplimiento alto en las órdenes judiciales, como lo recalca DeJusticia.[4]

Para que no quede duda sobre la “amenaza soviética” contra la soberanía estatal, el acuerdo de Escazú en su artículo 3. Proclama el principio de soberanía (ese que dicen que quiere destruir) y lo hace recalcando que de manera permanente los Estados son soberanos sobre sus recursos naturales y por si ello no fuera claro, el artículo 4. Reconoce la facultad de cada país en adoptar las medidas necesarias según su propia legislación (pura conspiración).

Lo cierto es que para la pasada legislatura la ratificación se embolató, como dirían nuestros folclóricos funcionarios públicos “ese documento se traspapeló”, entre tanto, hay rumores de que el ejecutivo volvería a presentar el proyecto, pero los de la mano firme y el corazón grande siguen renuentes.

Por lo pronto…

Dios mío, en tus manos colocamos esta legislatura que pasó y la legislatura que llega.

 

*Para terminar como comenzamos, uno de los personajes de Tolkien con forma de árbol parlante, dijo alguna vez:

“—¿Lado? No estoy del lado de nadie, porque nadie está de mi lado, pequeño orco. A nadie preocupan ya los bosques. —“

 


[1] Estudio realizado por la ONG Global Witness.

[2] https://www.elespectador.com/colombia-20/conflicto/los-defensores-ambientales-asesinados-mientras-se-hundia-el-acuerdo-de-escazu/

[3]  ANTONIO JOSÉ PAZ CARDONA,” Las deudas ambientales de Colombia en 2020: defensores asesinados, más deforestación y la polémica sobre el glifosato” (4 ENERO 2021.) https://es.mongabay.com/2021/01/balance-deforestacion-asesianto-lideres-colombia-2020/

[4] https://www.dejusticia.org/?p=64631&preview=true&fbclid=IwAR0nQqve2EYWKflqSFrVBWrgcZEG-ttW9fFktXhBnHVzI1b4KYnzV_Duv10

Esto fue escrito por

Iván Villota López

Estudiante de derecho, apasionado por la lectura y la búsqueda de una voz propia al escribir, por redactar a mi manera, opinar sobre temas de política, derecho y combinarlo con la historia y literatura.

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