EPM: rumbo a la crisis financiera

Desde un principio estuve convencido de que Quintero Calle le haría gran daño a EPM, pero confiaba en que la solidez de la Empresa y las capacidades de sus profesionales y directivos le permitirían superar esta desastrosa alcaldía y salir, aunque algo lesionada, indemne, en lo fundamental. Hoy creo haber subestimado la capacidad destructiva de Quintero Calle, su gerente de pacotilla y sus ignaros directivos obsedidos por los contratos y la impasibilidad cómplice de la Junta Directiva.

Hidroituango no entrará oportunamente en operación comercial y AFINIA marcha rumbo al fracaso por cuenta de las arbitrarias y caprichosas – y tal vez dolosas – intervenciones de Quintero Calle. Por el fracaso con Hidroituango, EPM tendrá que pagar US$ 180 por garantías y dejará de recibir pagos de confiabilidad por US$ 500 millones en 20 años.

Si Quintero consigue que Petro Urrego le tuerza el brazo a la GREG y logra que se amplie el plazo, la reputación comercial de EPM quedará por el suelo, la seriedad de la institucionalidad del sector eléctrico profundamente lesionada y Medellín y EPM convertidas en rehenes del gobierno nacional, mientras dure su mandato o el de alguno de sus compinches.

La situación de AFINIA no puede ser más grave: está incumpliendo con las metas de calidad y pérdidas a las que está obligada con la CREG, su gerente Lastra Fuscaldo está acusado de corrupción por el alcalde de Cartagena quien anuncia un boicot y, como si fuera poco, Quintero Calle está denunciado en la Fiscalía por haber supuestamente vendido la gerencia a un “inversionista experto en contratación”.

Todos esos desastres empiezan a gravitar sobre la situación financiera de EPM ya profundamente debilitada por el ordeño inclemente al que la ha sometido la alcaldía con la extracción de excedentes.

 En dos años y medio la alcaldía de Quintero le ha sacado a EPM más de 4 billones de pesos. Esto jamás lo habría hecho un propietario prudente a una empresa que estaba enfrentado uno de los mayores desafíos de toda su historia, la recuperación de Hidroituango, y estaba asumiendo la más grande expansión individual de su negocio de distribución, con AFINIA. Quintero Calle se ha comportado con EPM como un usufructuario irresponsable de la renta de un activo sin ningún compromiso con la preservación y, menos aún, el incremento de su valor. La prudencia aconsejaba prescindir, por lo menos, de los excedentes extraordinarios.

Otro factor de debilitamiento financiero de EPM proviene del prepago del crédito BID por US$ 450 millones, exigido por la Entidad ante el desbarajuste causado por el alcalde con su desatinada demanda contra los contratistas de Hidroituango, para lo cual la Empresa tuvo que realizar una desinversión en títulos de renta fija en dólares. Al tipo de cambio de hoy, ese prepago le dejó a la Empresa un hueco de liquidez de $ 2.250.000 millones.

En fin, a todo esto, siguen los menores ingresos que recibirá la Empresa por cuenta de la reducción de tarifas en aplicación del llamado “Pacto de Justicia Tarifaria”, estimados en $ 340.000 millones en un año.

Así las cosas, el hueco de liquidez provocado por las absurdas decisiones de Quintero Calle, avaladas por su servil junta directiva, supera los 5.2 billones de pesos, considerando solo los excedentes extraordinarios y dos años de pérdida de cargo de confiabilidad.

EL huequito equivale nada más ni nada menos que al 28% de la deuda financiera de EPM: es difícil imaginar peor momento que el actual para recurrir al mercado financiero para llenarlo.

Los bonos son la principal fuente de financiación de EPM, 71%. Actualmente, con la crisis provocada por el gobierno de Petro Urrego, los bonos de la Nación se están negociando en el mercado secundario con 15% de descuento sobre su valor a la par. Salir en esas condiciones a colocar bonos de EPM sería una locura financiera.

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Lo expuesto pone en evidencia, una vez más, la fragilidad de los arreglos institucionales en torno a EPM, que permiten que el patrimonio de la Ciudad pueda quedar en las manos irresponsable de un personaje como Quintero Calle.

¡Que Dios perdone a quienes votaron por él y también a los miembros de la Junta Directiva que están incumpliendo sus deberes fiduciarios y sus responsabilidades con la ciudadanía!


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About the author

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista. Docente. Consultor ECSIM.

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