Opinión

Entre despedidas

Las efímeras mieles del poder, veneno súbito como la post – verdad.


Corresponde a los ciclos de la democracia cambiar los rostros de quienes gobiernan, entre quienes gobiernan están las diversas máscaras, plurales y diversas como las personas. Al final todas caben, es la esencia de esta forma de gobierno el que todas quepan, socavar lo que somos validándolo en el clamor popular necesariamente extraído de la emoción que en su pasión sesga la objetividad.

Gallardía, honor y dignidad. Cobardía, superioridad moral e incomprendidas envidias. Realización, triunfo fatídico y competiciones que a cercanos abisman. Soberbia, traiciones y francas demostraciones de odio. Desprecio y humillación. Humildad, carácter y nobleza.

El ágora griega evoca la cualidad elevada de los hombres para transitar el conflicto que yace de sí y la inquietud por el mundo que habitamos, aspirando al bien superior mediante la razón que se da a luz entre discursos, tan distintos como la unicidad de cada persona, pero tan iguales que en la más atrevida de las expresiones necias es posible hallar algo que dé paso a una idea que se perfecciona de manera inacabable pero condicionada como lo humano mismo. Quienes pueden acceder a esta conversación serán entonces los ciudadanos.

El ciudadano en la palestra es una autoridad tan legítima como la convicción de la audiencia ciudadana lo permita. Es potestad de los ciudadanos, u hombres libres, elegir y ser elegidos. Los condicionamientos que surjan del poder mediante las leyes que regulan la participación democrática solo serán convenciones que protejan ante la probabilidad de que escale un discurso lo suficientemente nocivo como para poner en vilo toda una estructura de gobierno, o aún peor, el orden ideal que rige una sociedad y los referentes que conlleva.

Así como en los albores de la democracia Platón advertía sobre las sombras que se reflejan en la caverna disipando la realidad entre ilusiones donde descansa la mayoría, mayoría con posibilidad de imponer gobierno en masa, eras temporales después, pensadores y expertos en tecnología de la actualidad advierten sobre los riesgos de los algoritmos desarrollados por las redes sociales para hacernos adictos a contenidos complacientes que pueden implicar polarización, emoción irreflexiva, problemas mentales, amenazando la convivencia en nuestras sociedades y la configuración de hábitos autodestructivos de generaciones futuras.

No sobra decir que, una población alejada del juicio lógico y objetivo, es casi imposible que logre consolidar un sistema democrático realmente, o por lo menos atender a los valores que la democracia aspira como el respeto de la dignidad humana que directamente apela al valor e importancia que se le debe dar a los seres humanos en todas sus dimensiones por el solo hecho de serlo, la libertad y la igualdad de los ciudadanos que en esta forma de gobierno son soberanos.

Somos seres sociales, afectivos, necesitamos interactuar en manadas donde nos sintamos aceptados y valorados. Esta premisa evoca la existencia de grupos de poder que consolidan estructuras partidistas y/o armamentísticas para competir por gobernar determinado territorio. Las estructuras son mucho más sólidas que la convicción de un hombre porque define intereses claros y muchos interesados para validarlos en caso de que no, sin embargo, un hombre no puede ser plenamente libre si está obligado a identificarse, delimitar sus creencias y pertenecer a una estructura de poder para poder acceder al poder.

La libertad como promesa o utopía, que es casi lo mismo. Desde los primeros libros bíblicos se hace referencia al libre albedrío y los dones que Dios entrega al hombre al hacerlo a su imagen y semejanza, donde resalta la capacidad de los salidos del barro para discernir, comprender y por supuesto decidir. El hombre es soberano de su propia vida, pero, ¿hasta qué punto le gobierna su deseo de ser aceptado por sus pares?, ¿Cuál es el costo de ese deseo en una sociedad fracturada y narcisista?, ¿Realmente tiene la posibilidad de pensar libremente?

INSTINTO DE SUPERVIVENCIA

La agitación social suscitada por los rezagos de la pandemia, que no solo deja secuelas psicológicas en la población, sino que también devela las flaquezas de un sistema político de precaria vocación que excluye a gran parte de una población con hambre y angustia. La decadencia de la economía y la calidad de vida de un número mayor de personas, la conmoción política de cara a las elecciones presidenciales y los ataques mediáticos entre grupos de poder para salvar el polvo al que transitan una serie de instituciones clásicas.

Como un cáncer que hace metástasis, el odio se impregna en el organismo estatal y tumores de resentimiento amenazan su sana función, o peor, sentencia su forma de vida. Un pacto sellado con sangre se escupe entre sandeces, construcciones intelectuales en favor de la libertad y la justicia acaecen entre memes y unos cuantos caracteres proyectados por tendencia.

“La política es la continuación de la guerra en otros términos”

Cíclica es la vida y hasta el momento, la materia no se crea ni se destruye. Apelar a la ignorancia para condescender al insulto es ingenuo a estas alturas del siglo, y precedidos del siglo XX atravesado por la carrera de dominación, es apenas comprensible la mala fe. Las disputas se tecnifican, son más contundentes para garantizar su sostenimiento una vez se venzan, y diseñadas inteligentemente para lograr el objetivo que no tiene más fin que sí mismo: poder. Generosos sus alcances patrimoniales, geopolíticos y económicos. Lo que prescinde de valor siempre encuentra un precio, y se descubrió el gran rédito de hacer del sujeto un consumidor de sí mismo y de sus asuntos como entretenimiento.

Leer la política es leer a los hombres; la carencia más profunda que cede ante la breve sensación de potencia, la creencia del elegido que se desintegra de sí para ser el instrumento de quien o quienes le proveen el poder. El poder es tan áspero como frágil porque se sostiene en el pensamiento de los hombres, cuando de autoridad se carece es accionada la violencia.

La post – verdad es una afrenta contra la civilización democrática.