El voto entre la desconfianza y la exclusión. Un país que aún no decide

Luis Carlos Gaviria

En Colombia, hablar de elecciones no es solo hablar de candidatos, encuestas o debates. Es, sobre todo, hablar de una ciudadanía que, en gran medida, permanece al margen. La indecisión electoral y la abstención no son fenómenos aislados ni superficiales; son síntomas de problemas más profundos que atraviesan la sociedad: la exclusión, la desconfianza y la incertidumbre.

Una de las explicaciones más comunes frente a la baja participación electoral es la supuesta apatía ciudadana. Sin embargo, esta idea resulta simplista. En realidad, millones de colombianos no votan porque no se sienten parte del sistema. Para quienes viven en condiciones de vulnerabilidad, donde la prioridad diaria es sobrevivir, la política no representa una herramienta de cambio real. El Estado se percibe distante, y la democracia, como un concepto ajeno. No es desinterés: es desconexión.

Esta exclusión social se combina con otro fenómeno poderoso: la desconfianza. En el ámbito político, esta se comporta como un “efecto nocebo”, donde la creencia de que todo saldrá mal termina condicionando la percepción de la realidad. La política se convierte en un terreno dominado por el pesimismo, alimentado por mensajes extremos, noticias negativas y discursos que refuerzan el miedo al “otro”. Así, más que propuestas, lo que predomina es la sospecha.

Las redes sociales y los medios de comunicación amplifican esta dinámica. Los mensajes más radicales, cargados de emoción y confrontación, suelen tener mayor visibilidad que aquellos que intentan explicar o proponer soluciones. Esto no solo profundiza la polarización, sino que también dificulta la toma de decisiones informadas. En este contexto, no es extraño que muchos ciudadanos se sientan confundidos o prefieran no participar.

A esta realidad se suma un panorama electoral marcado por la incertidumbre. A pocas semanas de las elecciones presidenciales, ningún candidato parece tener asegurada la victoria. Aunque tres figuras concentran la mayor intención de voto, el escenario sigue abierto y altamente competitivo. Las diferencias ideológicas son marcadas, y cada candidatura despierta tanto apoyos como desconfianzas profundas en distintos sectores de la sociedad.

Esta combinación — exclusión social, desconfianza generalizada e incertidumbre política — crea un entorno complejo para el ejercicio del voto. No se trata únicamente de elegir entre opciones, sino de hacerlo en medio de dudas, temores y, en muchos casos, sin sentir que alguna alternativa represente verdaderamente las necesidades propias.

El reto, entonces, va más allá de incentivar la participación. Implica reconstruir la relación entre la ciudadanía y la política. Esto requiere propuestas concretas que respondan a las realidades de la gente: empleo, educación, salud, seguridad y oportunidades reales de progreso. También exige un cambio en la forma de comunicar la política, apostando por el diálogo, la claridad y la inclusión.

La democracia no se fortalece solo con elecciones, sino con ciudadanos que se sienten parte de ella. Mientras millones de colombianos sigan percibiéndose como invisibles o desconectados, la indecisión y la abstención seguirán siendo protagonistas.

Colombia no solo enfrenta una elección presidencial. Enfrenta la necesidad urgente de reconstruir la confianza y de integrar a quienes históricamente han quedado por fuera. Porque, al final, el verdadero desafío no es solo decidir quién gobierna, sino lograr que todos sientan que tienen un lugar en el país que se está construyendo.

Luis Carlos Gaviria Echavarría

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.