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El taxista y la pandemia

Carrera Venezuela, en el barrio Prado. Foto: Spitaletta

(Relato escuchado en recorrido desde la carrera setenta con la circular primera, barrio San Joaquín, hasta el barrio Prado)

Buenos días, señor… ¿ah, va para el barrio bonito? Qué tiempos estos, solo por decir algo que no suene mal, hijo. Que qué me pasó. Hoy, nada, pero me duele que tanta gente se haya quebrado en la pandemia, sí, muchos, comerciantes, dueños de negocios, de bares, de almacenes, y creo que hasta las prenderías, que yo no pude encontrar ni una abierta, y mire, yo tengo este reloj (muestra uno, de apariencia ordinaria, para el gasto), y una vez, en medio de una gran necesidad, sí, en días de pandemia, lo llevé a una que encontré por ahí, y me dijeron que esos relojes de pilas solo servían para botarlos, que si tenía un Rolex, quizás, ¡ja, ja!, qué tristeza, cómo nos fue de mal a mí a los míos, o sea, mi mujer y mis dos hijos, en la pandemia.

Ah, se me olvidaba preguntarle por dónde quiere que nos vamos… Ah, sí, vamos por la avenida del Ferrocarril y subimos por Moore, ¿cierto?, bueno, le decía que qué tiempos de pura miseria los que pasamos… Yo con el taxi no podía ni hacer para la liquidación, mi hijo, el abogado, litigante, no consiguió ni un caso, y el otro, el músico, un chelista muy bueno, menos. Eso de ir a tocar por las calles, no resultó, nadie quiere escuchar un chelo desde un balcón, en la acera, qué cosa. Y mi pobre mujer, en la casa, sin nada que hacer, porque, vea, nos quedamos sin comida mucho tiempo, seis meses; nos cortaron la internet, el gas y no sé por qué no nos suspendieron el agua, a lo mejor no encontraron el tubo…

Esas Empresas Públicas y la UNE son insensibles, no les interesa sino la plata, yo fui a decirles que no nos fueran a cortar, que estábamos en una necesidad muy grande, desfondados, lo mismo le conté al dueño de la casa, que yo no tenía con qué pagarle las mensualidades, pero, si usted viera, se portó muy bien, en cambio los de la EPM y UNE, qué desgraciados, mejor dicho, unos hijueputas, viendo que había una emergencia y no nos dieron plazos, nada.

Si usted viera lo que me pasó con el Éxito, o más que con ellos, con la Alcaldía, que avisó que iban a dar mercados, ayudas, que nos inscribiéramos, y aparecieron las listas, y nosotros estábamos ahí, en una de esas. Presté veinte mil pesos para ir por lo que nos iban a dar en el Éxito. Nosotros vivimos en Belén-Las Mercedes, y cuando llegamos, después de esperar en unas filas tan largas, nos dijeron que sí, que aparecíamos ahí, pero que no habíamos salido favorecidos para el mercadito. Y se imagina usted, uno con hambre, y ya debiendo veinte mil a un conocido, porque le digo, eso de la amistad no existe… Y yo con mi señora, ahí plantados, y por qué no nos avisaron, por qué nos humillan de esa manera, y no hubo ninguna ayuda.

Claro, las ayudas del gobierno eran para los banqueros. A nosotros, los que sí necesitábamos, no nos las dieron. Yo pedí un subsidio por lo del taxi, que no había manera de recoger un poquito más de la liquidación, porque yo salía y solo hacía, si acaso, para liquidar, y no quedaba nada para la casa. Nunca habíamos aguantado tanta hambre, como en estos tiempos de la pandemia, que ya siquiera están pasando. Todo fue muy duro. Algunos tenderos del barrio nos ayudaron, pero hubo uno, qué infeliz, le dije que me anotara algunas cositas, que estábamos muy mal, y me dijo que ni riesgos, que lo sentía mucho, que no era culpa de él. Jamás volví por ahí, mejor dicho, perdió un cliente. Hubo otros, eso sí, muy queridos y me ayudaron con fiados, o con una que otra cosita.

Yo no sabía lo que era un hambre, mis hijos y mi señora tampoco. No le digo que no teníamos ni para empeñar, y tampoco era que hubiera muchas prenderías en funcionamiento, no sé, era todo tan horrible, y tanta gente sin empleo, los que perdieron sus negocios, las empresas que se quebraron… Y este gobierno tan hijueputa, que solo ayudó a los grandes bancos y a los que no tenían necesidades. Si es que tuvo préstamos internacionales y todos los mandó para los dueños de los bancos…

Que entonces de qué vivimos en esos meses, no me explico. Fue mucha el hambre… le agradezco mucho al dueño de la casa porque yo le dije que no tenía con qué y nos ayudó, nos esperó. Ya estamos saliendo a flote, pero esto ha sido muy duro. Menos mal que no nos enfermamos. Porque las EPS son otras hijueputas… a mi hijo, el músico, que es de la Sinfónica de Antioquia, ahí le daban algo para sobrevivir en la pandemia, pero no alcanzaba. Y al abogado nada le resultaba.

Bueno, usted me dice por dónde sigo… ¿Volteo por cuál calle…? ¿Ah, por la de más allá?, listo, gracias por escucharme, Dios le pague y que tenga un feliz día.

(Escrito en Medellín el 22 de octubre de 2021, después de la lluvia)

About the author

Reinaldo Spitaletta

Bello, Antioquia. Comunicador Social-Periodista de la Universidad de Antioquia y egresado de la Maestría de Historia de la Universidad Nacional. Presidente del Centro de Historia de Bello.

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