Opinión Selección del editor

El silencio de los dirigentes

Pasadas cuatro semanas de desórdenes y bloqueos que han dejado varios muertos, decenas de heridos y graves afectaciones a la economía, lo que más desconcierta no es la timorata reacción del gobierno sino la falta de respuesta de la dirigencia política y empresarial del País. Como si esto no fuera con ellos, como si no entendieran cabalmente qué se lo que está en juego.

Los dirigentes políticos de los que hablo son los de los partidos – Liberal, Conservador, Centro Democrático, Cambio Radical, Unidad Nacional, Mira, Colombia Justa y libre – que forman la mayoría en el Congreso y que se identifican en lo fundamental con los valores de la democracia liberal y la economía de mercado y propiedad privada. Esos partidos tienen 82 de las 106 curules del Senado y representan a más del 80% de los votantes colombianos.

La dirigencia empresarial la identifico con la treintena de gremios de la producción reunidos en el Consejo Gremial Nacional, supuestamente comprometidos con la defensa de la libre empresa, la propiedad privada, la economía de mercado, la democracia y el estado de derecho. Todos los sectores económicos están representados ahí y son miles las empresas afiliadas.

La mayoría de esos dirigentes ha tenido un papel significativo en la vida política y económica del País en los últimos 30 ó 40 años, algunos hasta cincuenta. Por eso, nuestra institucionalidad económica y política – con sus defectos y cualidades – es creación colectiva de todos ellos y también de quienes hemos votado por los dirigentes políticos y de quienes hemos apoyado a los dirigentes económicos trabajando en sus empresas, comprando libremente sus productos e invirtiendo nuestros ahorros en ellas.

Lo que está pasando es un ataque en línea contra la propiedad privada, la economía de mercado y la democracia liberal. Por eso, lo que está pasando tiene que ver con esos dirigentes y con todos los colombianos que de alguna forma los hemos apoyado para alcanzar los rangos y dignidades que hoy ostentan. Con su silencio – el silencio de los dirigentes – parecen estar significando que no creen en lo construido, que se avergüenzan de ello, que no hay nada que valga la pena defender. De forma inconexa y desordenada, los dirigidos, los ciudadanos colombianos, se levantan en las ciudades para rechazar los violentos de la extrema izquierda y decirles a sus dirigentes que nuestra democracia y nuestras libertades merecen y deben ser defendidas.

Hay que agradecerle a la izquierda radical y a sus vándalos mercenarios por hacernos comprender que el bloqueo es un delito contra la vida, la libertad, la democracia, el derecho a la educación, el derecho a la salud, derecho al trabajo y a la libre empresa. Por la lección en los valores de la libertad que con sus bloqueos le están dando al pueblo colombiano al hacerle comprender la significación de la atmósfera de libertades, necesarias para la paz y la tranquilidad, en la que vivían sus vidas.

Y de pronto el bloqueo, la violencia en las calles, la agresión. Y de pronto los colombianos empezaron a verse privados de la posibilidad de hacer cosas tan elementales como viajar en paz en el transporte público de su trabajo a la casa. De pronto ir a la cita de la ansiada vacunación o a la de la rutinaria dentistería se convierte en una riesgosa aventura. El acto elemental de comprar los alimentos se torna súbitamente en imposible por la acción de los bloqueadores. Las empresas desprovistas de insumos van cerrando sus puertas y despidiendo a sus trabajadores. De pronto los policías que nos protegen de los delincuentes se convierten en blancos móviles de los vándalos mercenarios. De pronto, los bloqueadores, suprimen de tajo todas las libertades y derechos. Han desaparecido el derecho a la vida, a la seguridad, a la movilidad, al trabajo, a la salud, a la educación. Ha desparecido la libertad de elección en la que sintetizan todos los derechos y libertades.

Los colombianos estamos descubriendo que la libertad de elección es un hecho ontológico, el rasgo fundamental de la naturaleza humana. El estado liberal no crea las libertades, sino que se limita a protegerlas, su deber es protegerlas. La protección de las libertades es la atmósfera de la acción humana. Y es esa atmósfera la que por la acción violenta de la extrema izquierda y la debilidad del gobierno la que los colombianos sienten que están perdiendo. Los colombianos se sienten ahogados y agobiados y sus dirigentes guardan silencio.