El reconocimiento del dolor

     

Más que un acto de memoria, que obviamente también lo fue, la jornada de reconocimiento de los excombatientes de las Farc de su responsabilidad en el secuestro y posterior asesinato de Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri fue la oportunidad para reconocer a toda la población de Caicedo como víctima de un conflicto que no debió suceder y en una dimensión que no debió alcanzar.

Reconocer es más que aceptar y seguir adelante como si nada, echarse al dolor y tratar de olvidar. Todo lo contrario, como expresó Irene Gaviria con la voz quebrada, no se trata de exorcizar el dolor sino de aprender a vivir en él, de manera que la respuesta deje de ser violenta y ayude a construir una sociedad más tolerante y respetuosa de la diferencia, en donde se garanticen la vida y la libertad para todos.

Reconocer implica un examen juicioso y descarnado de los hechos, de sus motivaciones y de sus consecuencias, para aceptar la responsabilidad de los actos. Exige contar los detalles de lo que pasó, explicar qué lo motivó, para pedir perdón, no como un acto reflejo sino con el arrepentimiento que nace de dimensionar el daño causado. Pero además invita a la acción, a comprometerse a reparar y garantizar que jamás ocurrirá algo similar.

Reconocimiento es evocación, pero también comprobación de la existencia del otro. Por eso darles la voz a las víctimas es reconocer que existen y, sobre todo, reconocer y validar su dolor, escuchar su versión, entender su punto de vista, recordar su sufrimiento y ubicarse en su lugar. Cuánto valor en esos testimonios que deberían imponernos el compromiso colectivo de un nunca más.

Aún nos quedan muchos episodios dolorosos por reconocer. Los excombatientes tienen muchas verdades pendientes y las víctimas muchos pesares y ausencias que lamentar. Tenemos muchos exámenes pendientes, pero avanzamos en el camino, porque es imperativo para la construcción de una mejor sociedad, porque los hijos y los hijos de los hijos lo merecen. Y cada vez está más claro, ese camino es el de la Noviolencia como nos insistieron, literalmente hasta la muerte, Guillermo Gaviria Correa y Gilberto Echeverri Mejía.

Y como diría el poeta, es un camino que se construye al andar. Que se va marcando en colectivo, huella tras huella, siguiendo el rastro de otros. Por eso, como lo anuncié en Caicedo, le propondré a la Asamblea de Antioquia y a nuestra sociedad, que como un gesto de memoria y gratitud con el sacrificio de Guillermo y de Gilberto, creemos un premio que reconozca a quienes se comprometen cotidianamente con la Noviolencia y la paz.

Un premio que invite a seguir ejemplos, a continuar el rastro, a descubrir el camino que otros han hollado. Un reconocimiento a quienes vale la pena emular porque inspiran con sus actitudes, con sus actos y sus valores. A quienes se destaquen y sean coherentes en el ámbito internacional, a quienes sobresalgan en el país, pero también a los líderes y lideresas, a las organizaciones sociales y comunitarias que, como quedó demostrado en Caicedo, tienen tanto qué decir y tanto que enseñar.

Porque reconocer es también aceptar que el otro existe con su otredad, que ama, sufre y siente, que hace parte de la historia colectiva que marca nuestro destino y que lo puede ayudar a ser mejor o peor. Por eso sueño que nos comprometamos a reconocer a quienes construyen paz y siembran esperanza, porque su acción suele ser más silenciosa y con frecuencia el ruido de la guerra y de la violencia no deja oír su voz.

A las mujeres y a los hombres que han sufrido tanto y que siguen sembrando paz en lugar de alimentar odios, a quienes se levantan todos los días a construir oportunidades y a tratar de cerrar inequidades, a quienes entienden que unidos es más fácil y mejor, a todos ellos, muchas gracias, mi reconocimiento y la invitación a seguir la marcha de la Noviolencia, a dejar su huella en el camino de la paz.

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Luis Fernando Suárez V.

Secretario de Gobierno de Antioquia.

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