EL PROBLEMA DE LAS DROGAS EN MEDELLIN (PARTE I)

Hoy que escribo sobre el tema, es necesario que usted como lector sea consciente que este es solo la primera parte de un escrito un poco más largo y que actualmente está en versión beta, no encontrara la solución a la problemática, acá esta solo el análisis de alguien que puede darse el lujo de decir que convive con amigos que consumen y comparto muchos espacios sin necesidad de consumir ninguna sustancia ilegal y sin ser juzgado por ello, esta es mi opinión personal, en modo alguno compromete la empresa para la cual laboro y mucho menos las organizaciones sociales y civiles a las cuales pertenezco, después de este primer contexto publicare lo que Medellín como ciudad puede hacer y finalmente lo que no debe hacer.

 El problema de drogas esta remontado a una historia de 115 años, compromete a muchos presidentes, políticos, corruptos, matones y todo lo que se quiera, pero afecta a toda la ciudad, nos impacta a cada uno de una u otra manera, acá amigo lector solo vera una radiografía tomada desde mi subjetividad, evidentemente propongo, porque vengo haciéndolo hace un tiempo, la legalización de la cannabis sativa, pero también la persecución con más fuerza de nuevas drogas, escribo, o al menos trato de hacerlo, desde la objetividad de la academia, tratando de no ser sesgado por la subjetividad de mi educación o mi contexto. Esto entonces es solo mi recuento de lo que humildemente le propongo a la sociedad sobre este tema.

 Léalo sin tapujos como trato de escribirlo, póngase en los zapatos de quien consume, de quien gobierna, de quien produce y si usted hace alguna de esas actividades póngase en los zapatos de quien no.

 Cuando hablamos del tema de drogas, a cualquier nivel y en cualquier espacio, siempre saldrán los más conservadores a rasgar sus vestiduras y recordar lo malas que son, también están por supuesto, aunque en menor medida, quienes considera que es normal, hoy Medellín debe darse una discusión de cara a la ciudadanía, una discusión sin tintes moralistas, una que se concentre en buscar  la solución y no seguir atacando efectos, diría una buena amiga, dejar de cazar “pispirispis” es decir, analizar y tomar acciones que nos permitan ir a la solución de raíz y no seguir dando “golpes” a las estructuras que no nos llevan a nada mas allá de su fortalecimiento o unas represalias por parte de esas organizaciones.

 Lo primero que digo cuando toco este tema es que no debemos concentrarnos en utopías, idealismos o deber ser de las situaciones, partir de la realidad y el reconocimiento del problema es fundamental y es vital reconocer que somos una ciudad que padece de este mal, para ello presento estas consideraciones.

 El problema de drogas en la ciudad:

  1. Está enmarcado en una legislación nacional
  2. No es un tema solo de tráfico y consumo. tiene componentes:
    1. Culturales
    2. Políticos
    3. Religiosos
    4. Económicos
  3. Debe ser tratado como tema cultural por ello es a corto, mediano y largo plazo
  4. Se debería manejar de manera distinta, por tipo de drogas.

Ahora será necesario presentar mi análisis de cada uno de estos puntos:

Medellín hace parte de la nación, la regulación que lo rige es dada desde la centralidad, la ciudad no puede tomar medidas que sean contrarias a lo dispuesto por los órganos legisladores y reguladores, para ello lo primordial es y será nuestra constitución, su artículo 16 defiende el libre desarrollo de la personalidad, por ese principio en la sentencia C-221/94 donde se analiza la constitucionalidad de algunos artículos de la  ley 30/86, se confirma la dosis personal, es decir, por principio constitucional, regulado en la ley y analizado ya por el máximo órgano protector de nuestra constitución, en Colombia, por ende en Medellín, consumir y portar estupefacientes es completamente legal.

 Como colombiano, incluso como extranjero, puede consumir drogas en nuestro país sin ser por ello objeto de ningún tipo de proceso o procedimiento por parte de las autoridades, esto puede sonar fuerte, para algunos puede ser un tema de discusión, pero no hay nada nuevo, nada innovador y mucho menos un derroche de inteligencia, es solo un recordatorio de lo permitido por la normatividad del país, Medellín si quiere hablar del tema, tendrá que partir por reconocer que el consumo es legal y más aun, debe reconocer el derecho que tienen los nacionales de hacerlo y la obligación de la autoridad de respetar este derecho.

 No es solo tema de tráfico y consumo, muchos piensas que perseguir a los consumidores es una solución, esto al contrario es solo una manera de agrandar el problema, el consumo de drogas va mucho mas allá, los componentes de este problema son culturales, políticos, religiosos y económicos.

 Culturales porque se crece con dos visiones de este problema, por un lado el gobierno, la escuela y la familia diciéndonos lo malo e incorrecto que es el consumo de cualquier tipo de estupefacientes, por otro y con más fuerza están novelas, historias y la realidad hablándonos de la cultura de lo fácil, la cultura narco, donde irónicamente el malo es el bueno, donde el modelo a seguir es quien consigue dinero, sexo, drogas y vehículos con el mínimo esfuerzo.

 Es un tema cruzado por lo político no solo por ser estandarte de campaña de un lado y otro, lo es porque son los gobernantes de turno quienes de manera populista, como el caso del actual presidente, exigen resultados a la fuerza pública con respecto a un tema tan delicado, piden capturas, piden decomisos y no piden en ningún momento la solución de la problemática, esto porque es tan claro para ellos como para cualquier otro colombiano que no se erradicara el problema de la noche a la mañana y menos suponiendo que las cifras siempre son optimistas, donde salen a dar parte de tranquilidad diciendo que se avanzo, pero nadie nunca vio nada. Lo que debería ser evidente no se ve, los precios se mantienen iguales por lo que se presume no se ejerció presión suficiente como para alterar la ley de oferta y demanda. Es político también porque se necesita de voluntad férrea para buscar la erradicación del problema de siembra, preparación, tráfico y venta y al mismo tiempo respetar al consumidor como ciudadano en ejercicio de sus derechos, además de ello, considero existe una necesidad al día de hoy de replantear políticas con respecto a algunas de las drogas.

Religioso también es, y no porque la religión sea el opio del pueblo, lo es porque el ejercicio de este derecho ha sido considerado pecado, lo es porque nuestros líderes espirituales han satanizado esta práctica tanto que cada vez más los consumidores se ven obligados a ocultar su práctica y ante su familia la niegan, pocas madres ven con buenos ojos que sus hijos atenten de esta manera con lo que se considera el templo del Espíritu Santo y las religiones advierten sobre el uso de estas por la única razón que atentan contra la salud de la persona en la mayoría de los casos y se ha dicho que el acabar con nuestros cuerpos es una tarea solo de las divinidades. No nos corresponde y no se nos permite atacarnos a nosotros mismos.

Económico claro está, una práctica que enriquece, no paga impuestos y se convierte en un negocio transnacional por ello no deja de ser visto con buenos ojos para quienes a sus manos tienen la posibilidad de producir en grandes cantidades, acceder a grandes territorios y generar vínculos en otros lugares, pero como hablamos de economía, la oferta y la demanda deben entrar a ser revisadas, claro está, quien menos llena las arcas es quien la siembra, acto seguido quien la procesa y quien la trafica es el mayor beneficiado, mientras haya demanda de estos productos habrá quien por necesidad, ambición o negocio busque suplir está generando las cantidades que sean necesarias para responder a los desesperados clientes.

 Solo se produce lo que espera venderse, solo se vende lo que la gente quiere comprar y solo se compra lo que se quiere y a lo que se puede acceder, por ello, la variedad de precios dependen en muchas ocasiones de factores políticos, pues tanto como sea perseguido la siembra, procesamiento, tráfico y venta, el precio sube o baja, entre mas se procese más barato puede llegar el producto y entre mas se venda, más rentable y más deseado será el negocio, aun si para mantenerlo significa la creación de corrupción y la generación de violencia. Posterior a esto y como una arandela más en la compleja maquinaria esta el lavado de activos, conllevando a enriquecimientos ilícitos, a testaferratos y mas corrupción.

Pasando a otro de los temas esta problemática deberá ser tratada de manera cultural, deben adoptarse medidas a corto, mediano y largo plazo. La problemática nos exige ver las soluciones de manera integral, ver además del delito de la siembra, procesamiento, tráfico y venta poder analizar las situaciones que se generan con las personas que se ven en este proceso, no debe dejar de castigarse por nada a quienes incurren en los delitos, pero debe analizarse las situaciones de los campesinos, los niños soldados y claro está la situación de los consumidores, que como ya se dijo hacen uso de un derecho constitucionalmente protegido.

A corto plazo es necesario derribar los paradigmas sobre la situación de los consumidores, debe desmitificarse la persona y el consumo como una entidad casi satanizada por la sociedad, debe romperse el silencio con respecto a esta práctica cada día más común y debe romperse ese silencio sepulcral por parte de la administración aceptando que tenemos un problema que debemos solucionar y cuando digo problema no me refiero al consumo, me refiero a todo el proceso o actividades conexas a la producción, tráfico y venta de los estupefacientes.

A mediano plazo debe romperse con la imagen de los traficantes como modelos a seguir, debe impulsarse medidas de prevención y sobre todo educar a la sociedad sobre los verdaderos perjuicios del uso de los mismos, debe analizarse no solo las posibilidad de hablar abiertamente del tema sino más aun evidenciar las secuelas que deja el consumo de esto, debemos quitarnos los prejuicios y hablar de este tema como cualquier otro, hacerlo común y normal para que quien llegue a consumir pueda buscar ayuda o al menos buscar condiciones optimas sin tener que sentirse segregado por el resto de la sociedad. Debemos generar conciencia del significado de comprar estas sustancias y las repercusiones que tiene en la sociedad, la paz y la seguridad de la nación, educar en el peligro de enriquecer estas estructuras y la gravedad de consumir estos productos. A mediano plazo debe generarse conciencia del significado de las drogas, su consumo y las consecuencias personales y sociales. Debemos desinhibirnos y hablar de frente sobre lo que nos agobia.

 A largo plazo debemos repensarnos como sociedad la posición sobre cada una de las drogas que hoy estamos persiguiendo, debemos plantear penas más altas para quienes producen, trafican y venden, pensarnos una estrategia que permita la regulación de drogas suaves como la Cannabis y aumentar la capacidad de detectar el nacimiento de nuevas drogas sintéticas mucho más dañinas y perjudiciales para la sociedad. Debemos crear una conciencia colectiva sobre lo incorrecto de seguir modelos violentos y facilistas, generar conversaciones políticas de ciudad que nos lleven a pensar maneras de relajarnos, divertirnos y esparcirnos sin necesidad de su uso, generar espacios para quienes hoy consumen puedan ser parte activa de la agenda de ciudad sin necesidad siquiera de tener que identificarlos, abrir posibilidades de tener apoyo por parte del municipio para quienes lo soliciten y maneras de generar conciencia que lo malo es el consumo de las sustancias y no el ser consumidor de las mismas.

 Pasando a otro punto es necesario hoy como ciudad empezar a hablar del manejo que se da a la política antidrogas, debemos generarnos conciencia de la distinción de unas y otras, hoy debemos hablar con claridad sobre la diferencia entre la problemática y los efectos que causan en el organismo, no son los mismos efectos los que generan las drogas sintéticas, la mortalidad que tiene, los procesos que mantiene, la violencia derivada de su tráfico, comparándola con la Cannabis Sativa que no registra, según organismos internacionales, ninguna muerte derivada del consumo de la misma, que puede ser sembrada casi en cualquier lugar y por ende su trafico podría ser nulo de ser legal su siembra en pequeñas cantidades, las riñas derivadas del consumo de cannabis es mucho menor que las generadas por la ingesta de sustancias legales como el alcohol. Hoy la ciudad tiene que empezar a hacer conciencia sobre los efectos del consumo, debe hacer eco de los daños que genera y debe necesariamente distinguir al consumidor como un miembro más con un gusto que puede no gustarle a todos.

 Hoy la ciudad debe saber que no es lo mismo lo producido socialmente por drogas suaves que lo generado por las drogas sintéticas, Medellín dado el alto consumo de drogas suaves debería hacer conciencia y empezar a verlo como algo legal (que según se planteo anteriormente lo es) además empezar a visualizar que consumo no es solo marihuana (cannabis) es también la existencia de otras sustancias, más de 200 drogas creadas en laboratorios, y de las cuales se conoce muy poco. Para solucionar el problema es necesario desmitificar el consumo, naturalizar al consumidor y conocer la existencia de las drogas que genera problemas en la sociedad.

 En conclusión, el tema de drogas tiene un largo proceso de siembra, procesamiento, trafico, venta y consumo, las preocupaciones que planteo son la concentración en la venta y en el consumo por parte de las autoridades, un consumidor puede portar unas cantidades permitidas por la ley, hoy la fuerza pública debería estar conectada, incluso comprometida, con el consumo responsable de estupefacientes, velar porque no se haga en público, pero no debería estar persiguiendo consumidores que no hacen daño, deberíamos concentrarnos en drogas fuertes, en sus procesadores, traficantes y vendedores, estos deberían ser los verdaderos objetivos, me preocupan los consumidores porque hacen mas de chivo expiatorio que de ciudadano en uso de sus derechos, me preocupa el gobierno porque no se concentra en lo importante sino en resultados inaportantes como captura de consumidores o portadores de pequeñas dosis, me preocupa la justicia si mira y mide con la misma fuerza a quien consume poco que a quien mucho trafica, me preocupa que la alcaldía se concentra más en la imagen de Medellín que en esta problemática.

 En otras palabras siento que la ciudad en este tema está muy mal enfocada.

 Será tema de otra columna mi percepción de lo que la ciudad debe hacer y más adelante hablare de lo que no puede hacer.

 No siendo más les recuerdo de otros problemas como el empelo en los jóvenes, como diría un buen amigo, hoy “Medellín Necesita un líder”.

Diego Alejandro Marin Cifuentes  Cofundador y exdirector de Fundación visibles,Director de industria cultural de graffiti de la 5 Estudiante de derecho Investigadores de acoso escolar Asesor de organizaciones culturales y juveniles.
Diego Alejandro Marin Cifuentes
Cofundador y exdirector de Fundación visibles,Director de industria cultural de graffiti de la 5
Estudiante de derecho
Investigadores de acoso escolar
Asesor de organizaciones culturales y juveniles.

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Notas Al Poniente

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