Opinión Política

El Partido Liberal colombiano se renueva en sus juventudes

Por eso, sepan siempre que desear la libertad no es una locura, que soñar con ella tampoco, y que disentir de los que la atacan cotidianamente, desde el Estado o cualquier otra trinchera, es la tarea que tienen como juventud desde hoy y en adelante: ¿verdad, Sancho? Andrés Fernández “A unos liberales”.


Ante los convulsionados tiempos que vive nuestro país, y que tienen como protagonista principal a nuestra juventud, se presentan algunos laboratorios de cambio en el marco de los procesos sociales y que son, tal vez, los únicos posibles albores de renovación política y de revolución democrática de la sociedad colombiana. Entre todos esos laboratorios políticos, democráticos y sociales que brotan en torno a la organización juvenil en Colombia, aflora con ímpetu, como tiene que ser en ese caso específico, la máxima expresión del liberalismo colombiano: una organización de juventudes liberales crítica, rebelde y altiva.

El pasado sábado 20 de noviembre, se dio en la ciudad de Medellín un hecho sin precedentes en la actualidad política de nuestro país, una masiva reunión de fiesta y alegría democrática de las juventudes liberales que componen las numerosas listas del Partido Liberal que compiten por los CMJ en las diferentes regiones del país. Desde los Llanos, hasta San Andrés Islas, desde el Valle del Cauca hasta los santanderes, los liberales demostraron que están vigentes y que su renovación, como desde hace ya 173 años, está asegurada con una juventud que no es igual a la de décadas atrás, una juventud permeada por su contexto social, por la realidad que han vivido y que los transforma en una fuerza renovadora imparable. Cientos de jóvenes de todo el país, vestidos orgullosamente con el trapo rojo “del pollo” López y formando con sus dedos la L de libertad, aquel principio revolucionario que adoptaron como guía de vida y que defienden de manera implacable en las calles, dijeron Aquí estamos, preparados para el cambio.

A todos los liberales de convicción y de vocación de vida, nos llena de profunda esperanza ver una juventud que representa los principios ideológicos donde está cimentado el pensamiento liberal. A los jóvenes liberales decirles que la rebeldía no es delito, es una obligación moral del joven liberal, que el debate, la crítica y el disenso no son vulgares vacíos de educación, por el contrario, es la confirmación de una dialéctica propia, auténtica y poderosa. La juventud liberal colombiana, no está preparada para liderar el cambio, es la generadora del cambio revolucionario. Regocija saber que esta juventud liberal, representa el espíritu libertario de Rafael Uribe Uribe, de Gaitán, de López Pumarejo y de Echandía, liberales auténticos que aseguraron el cambio al interior de su propio partido, que lo obligaron a reinventarse, ese es el valor más importante del Partido Liberal, el constante cambio, porque de lo contrario solo los diferenciaría con los conservadores, la hora en que entran a misa los domingos, como bien lo decían en los años posteriores a La Violencia.

Y saliendo un poco del cliché político refundido, ver a tantos jóvenes liberales reunidos, convencidos y orgullosos, pero sobre todo, conscientes de su papel dentro y fuera del partido, aliviana la carga de generaciones liberales que no hemos estado a la altura de las exigencias de nuestra realidad y nuestra sociedad, puesto que estos muchachos que hoy participan en democracia y en legítimo derecho de elegir y ser elegidos, reviven la figura de Antonio José “Ñito” Restrepo, el trovador, político y escritor liberal, más liberal que Rojas, quien se enfrentó como único liberal en el congreso, a un océano de conservadores, ante quienes dio algunos de los debates y discusiones más importantes e influyentes de su momento y que trascienden en el tiempo, como el memorable debate contra la reactivación de la pena de muerte en Colombia, enfrentando a Guillermo Valencia, barón conservador de su época.

El memorable y cariñoso Antonio José Restrepo, vive hoy en esta juventud liberal que se reúne para decir que el Partido les pertenece, lo defienden y lo renuevan para las futuras generaciones que llegan, como valor democrático de la política colombiana y garantía de cambio y protección de la sociedad que los cobija. Como Ñito, se enfrentan a los avatares y retos que se les presentan, y como él, son prendas irrefutables del equilibrio político y social, entre el Estado y la sociedad, velando por la mínima intervención del derecho penal en las actividades humanas de cada ciudadano colombiano.

Esto fue escrito por

Diego Ibarra Piedrahita

Soy historiador, egresado de la UdeA, Magíster en Conflicto y Paz de la UdeM, me he dedicado los últimos 12 años a la función pública, en donde he sido Asesor de Control Interno, Secretario de Salud encargado, capacitador en el programa de Paz y reconciliación de la Alcaldía de Medellín y Coordinador de Alto Gobierno de la Escuela Superior de Administración Pública, Antioquia-Chocó.
Muchas gracias

1 Comentario

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  • *El partido Liberal no puede caer más bajo*.
    Por el contrario, debe reconstruir su pasado como «partido del pueblo y para el pueblo», honesto y acompañando y reivindicando al trabajador, al campesino, etnias indígenas y toda la població que hoy sufre la ignominia de la derecha.