El Liberalismo es “Pecado”

Ok, ok, ¡me convencieron! Es pecado, definitivamente. Sobre todo porque el liberalismo clásico se podría caracterizar como el conjunto de libertades y garantías reconocidas por la Constitución de la Nación Argentina (1853). Ergo, se podría decir que el liberalismo es nuestra Constitución entre los artículos 14 y 19. Entonces sí, ¡obviamente es pecado!

Para reforzar esta evidencia, veamos los pecados de dichos artículos.

Artículo 14 – Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos, conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio, a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; y de enseñar y aprender.

Bueno, ya con esto sería suficiente. Aquí tenemos las libertades de perdición denunciadas por Gregorio XVI ¡Pecado total! Es decir, el Vaticano 2.0. Y, por supuesto, el pecador principal es Benedicto XVI, quien explicó la continuidad y reforma del Vaticano 2.0 el 22 de diciembre de 2005. Terrible, además, porque no se arrepintió nunca de su inmundo pecado.

Artículo 15 – En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen del que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan, quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República.

Pero, para mayor abundamiento, veamos cómo el Artículo 15 ratifica lo anterior. Porque si no hay esclavos, hay libertad. O sea, lo condenado por Gregorio XVI y Pío IX. El que no es esclavo puede irse de la granja católico; puede, por ende, apostatar ¡Mayor pecado no puede haber! Maldito sea este Artículo 15.

Artículo 16 – La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos, sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.

Más aún. Se sanciona aquí la pérfida igualdad de los tiempos modernos. Ya no hay más siervo de la gleba ni sistema feudal que, por supuesto, el sistema católico de la “cristiandad”. La igualdad es ante Dios, no ante la ley del pérfido liberalismo… ¡Pecado¡ ¡Pecado! ¡Pecado!

Artículo 17 – La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el Artículo 11 (de esta Constitución). Ningún servicio personal es exigible sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal Argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.

Aquí tienen la propiedad privada, contraria al “derecho natural” como decía San Ambrosio. Aquí tienen la codicia, la ganancia empresarial explotadora, y el dinero: el estiércol del diablo. Aquí tienen al pecado que quiere servir a dos señores: a Dios y el dinero. Aquí tienen la sociedad capitalista liberal donde el dinero es Dios ¡Que Dios se apiade del alma de quienes redactaron semejante abominación!

Artículo 18 – Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice.

Seguimos con las libertades de perdición, ahora normas del derecho nuevo condenado por Pío IX y León XIII. Aquí tienen la esencia de la sociedad protestante anglosajona, herética y cismática. ¿Por qué, pecadores, querrían garantías ante un buen rey católico, sino para pecar como les plazca? ¿Por qué, pecadores, querrían garantías ante la función educativa de la ley, sino para que no los puedan atrapar en su voluntad desordenada? ¿Por qué prefieren, pecadores infinitos, el Estado de Derecho ante el “Derecho de Dios”?

Artículo 19 – Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están solo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.

Y finalmente, lo peor de lo peor: prohibir a la autoridad que pueda prohibir al pecado como todo príncipe justo debe hacer. La garantía total del pecado ¡Horror de los horrores!

Por ende, amigos defensores de Félix Sardá y Salvany, me arrepiento de todos mis pecados y propongo firmemente defender totalmente a la Iglesia que condenó a Antonio Rosmini-Serbati, a la Iglesia que echó a Luigi Sturzo de Italia y pactó con Benito Mussolini, y a la Iglesia del “pueblo”, de la “liberación” y de la Pachamama. Abjuro totalmente de los pecadores Pío XII, Juan XXIII, Juan Pablo II y, sobre todo, Benedicto XVI ¡Que Dios me lo tenga en cuenta!


Otras columnas del autor: https://alponiente.com/author/gabrielmises/


La versión original de este artículo apareció por primera vez en el blog Filosofía para mí de Gabriel Zanotti, y la que le siguió en nuestro medio aliado El Bastión.

About the author

Gabriel Zanotti

Académico especializado en la relación entre liberalismo y catolicismo; difunde el pensamiento de la Escuela Austriaca de Economía y es autor de numerosas publicaciones. Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina, es también conferencista y profesor en universidades argentinas y de otros países.

Entre otras, funge como Director Académico del Instituto Acton Argentina, organización que promueve ideas liberales dentro de la tradición católica. Zanotti es profesor invitado de la Universidad Francisco Marroquín, donde ha impartido diversos cursos, seminarios y conferencias.

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