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El juego del calamar: ¿aún podemos creer en los humanos?

“Los jugadores del juego del calamar, como nosotros, los jugadores reales del sistema en el que vivimos, tenemos la posibilidad de jugar, renunciar, crear acuerdos, hacer estrategias y actuar con libertad frente a situaciones que se nos presentan en la cotidianidad. La forma de jugar depende en gran medida de la visión que tengamos sobre la vida, de los valores que nos guíen y de los propósitos que nos tracemos en nuestro paso por este mundo”.


Nunca antes había sentido tanta presión para verme una serie. Hace aproximadamente dos semanas abría mis redes sociales y lo primero que encontraba eran memes de una muñeca que al parecer ya era famosa, pero yo no entendía por qué. Seguí las recomendaciones de amigos que me aseguraron que no me iba a arrepentir de verla y así lo hice. Comencé y me enganché inmediatamente. Los escenarios, los personajes, los símbolos, los juegos y la trama están perfectamente diseñados para cautivarnos, pues cada capítulo nos hace pasar por emociones intensas que van desde el miedo hasta la tristeza. De hecho, hubo capítulos en los que me sudaban las manos y uno en el que se me hizo inevitable llorar.

Pero más allá del éxito mediático que pueda tener la serie, hay mensajes de fondo que valen la pena identificar y sobre los que podemos hacer reflexiones interesantes. El juego del calamar es una clara representación del sistema, entendiendo “sistema” como la forma en la que los seres humanos estamos organizados política, social, cultural y económicamente y en el que todos cumplimos un rol determinando dentro de una jerarquía en la que unos son líderes (y mandan), y otros son seguidores (y obedecen); en la que unos son los fuertes y habilidosos, y otros son los débiles e incompetentes.

La serie es muy clara sobre el objetivo final de este sistema: el sistema nos vende un ideal de bienestar y felicidad asociado al dinero, nos crea la esperanza de una vida mejor, e incluso nos presiona hasta el punto en el que estamos dispuestos a endeudarnos, romper con los principios y emprender situaciones extremas para conseguirlo. Para sobrevivir debemos competir, ser perfectos, soñar ilimitadamente, rendir al máximo. La simpleza de la cotidianidad nos parece sospechosa. Si estás muy quieto, ojo, estás dejando de ser productivo y puedes ser eliminado.

¿Es injusto este sistema? No es mi intención en este escrito calificarlo como bueno o malo. Más bien apelo a la posibilidad (y a la responsabilidad) que tenemos los seres humanos de actuar de acuerdo a lo que creemos y queremos, independientemente de las presiones y circunstancias que nos rodeen. Como lo dijo Víctor Frankl en “El hombre en busca de sentido”: «Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino».

Los jugadores del juego del calamar, como nosotros, los jugadores reales del sistema en el que vivimos, tenemos la posibilidad de jugar, renunciar, crear acuerdos, hacer estrategias y actuar con libertad frente a situaciones que se nos presentan en la cotidianidad. La forma de jugar depende en gran medida de la visión que tengamos sobre la vida, de los valores que nos guíen y de los propósitos que nos tracemos en nuestro paso por este mundo.

No quiero satanizar el dinero ni mucho menos. De nosotros depende si el capital se convierte en un verdugo o en un liberador; si para conseguirlo estamos dispuestos a pasar por encima de los otros o respetamos la vida y la dignidad de todos los seres humanos; si buscamos un equilibrio entre el poseer y el compartir; si nos obsesionamos tanto con conseguir más, que perdamos incluso la propia salud o renunciemos a vivir el presente disfrutando todo lo que realmente tiene valor: la familia, los amigos, las conversaciones tranquilas… el amor.

Para finalizar, quiero rendir un homenaje a los personajes de la serie que más me cautivaron y representan los valores que aún nos pueden salvar, o por lo menos, nos pueden ayudar a vivir más humanamente en este mundo:

Seong Gi-Hun (jugador 456): en el fondo, sabe que el dinero no lo resuelve todo y que la plenitud solo la puede dar el amor, el servicio y la cooperación. Representa la lucha por mantenernos humanos en medio de un sistema que nos divide y nos corrompe.

Kang Sae-Byeok (jugadora 067): detrás de su silencio guarda el dolor con el que todos, de una u otra manera, cargamos en la vida. Pero también los motivos del corazón por los que vale la pena luchar hasta el final. De pocas palabras, pero de actos poderosos.

Ji-Yeong (jugadora 240): no le importa el juego ni la competencia. Para ella son más valiosas las cosas imperceptibles pero importantes que se nos olvidan en el trajín de la vida: una buena compañía y una conversación sincera por ejemplo.

Ali Abdul (jugador 199): ¿aún hay seres nobles, solidarios e inocentes en este mundo? Ali es uno de ellos. Aunque parezca perder el juego según las reglas de un sistema pasajero, ganará sin duda en el juego de la eternidad.

Indudablemente, y así lo ratifica el juego del calamar, los seres humanos nos movemos entre el egoísmo y el amor. Tenemos la posibilidad de enfrentarnos a las circunstancias adversas y complejas con egoísmo, furia, miedo, resentimiento y dolor… o por el contrario, trascendemos esas emociones y lo hacemos desde el amor, la empatía, la solidaridad, la nobleza, la complicidad humana…

¿Aún crees en los humanos? Le preguntó a Oh Il-nam (jugador 001) a Seong Gi-Hun (jugador 456).

En nosotros está jugar de manera distinta, más que números, ser humanos, e incluso evitar que el juego se repita.


Esto fue escrito por

Santiago Orozco Carmona

Politólogo y Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín; diplomado en docencia, currículo y didácticas y en convivencia escolar. Es fundador de la corporación Por la Gente Somos Más y Creador de El Líder Sos Vos. Se ha desempeñado como investigador y escritor en el área de las ciencias sociales, políticas y humanas; docente de básica primaria, secundaria y media durante más de dos años; docente universitario, asesor de despacho y coordinador del Programa de liderazgo "El Líder Sos Vos" de la Secretaría de Educación de Medellín durante el 2016-2019.

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