El hundimiento

     

“Estamos contemplando el hundimiento del uribismo; pero ¡alerta! Amenaza con llevarse todo a su paso”


El uribismo -o gobernar según Uribe, porque como ideología o proyecto político de país, esta desprovisto de cualquier contenido político relevante- solo necesitaba un periodo más en el gobierno para deslegitimarse; ni las codenas de sus defensores ultranza, ni las investigaciones que pesan sobre su líder, pudieron hacer lo que hizo Duque en dos años: demostrarnos que esta forma de gobernar esta mandada a recoger -y ojalá no la escondan en las antípodas de la sociedad a donde mandan todos los crímenes abominables-.

Han sido dos años de uribismo puro y duro -tras diez de seguridad democrática-; de gazmoños fungiendo como censores de la sociedad, anteponiendo sus complejos a las necesidades de la población; de la usura rampante que depreda los recursos públicos; del Estado como una alcancía a la mano de la burguesía terrateniente e industrial colombiana, costeando veraneos, pagando estipendios de la aristocracia del platanal, de sus delfines y bastardos En estos dos años han sabido mostrar perfectamente lo que es el uribismo.

La ciudadanía se dio cuenta, y la base electoral sufrió una fuerte merma -no por nada recurrieron a dineros calientes para acceder al poder-. La ciudadanía ya no les cree. Saben que tras la oratoria demagógica, solo hay un profundo estatismo, una total inoperancia desde el Estado; saben que tras cada proyecto de ley rotulado con algún eufemismo para enmascarar sus verdaderos propósitos, solo hay un sinfín de irregularidades que les permite a las rémoras seguir pegadas a las instituciones públicas sin prestarle servicio alguno; la ciudadanía ha visto como los parásitos que viven de mermar su fuerza, estos necróforos que se alimentan de la descomposición.

Ellos mismos se expusieron, pese a sus grandes medios de desinformación y pese a la conquista del botín institucional del Estado, como la causa del mal que aqueja a Colombia. El uribismo mismo y su forma de gobernar, el uso dado al Estado y la sociedad que pretende conformar fueron los causantes de su propia desgracia. Estamos contemplando el hundimiento del uribismo, pero ¡alerta! Amenaza con llevarse todo a su paso.

Se subieron a un país en paz para hundirlo en la guerra eterna; no llevaban ni un mes en el poder cuando las masacres empezaron a ocurrir. Van al extranjero a chupar recursos para la paz, hablando de un compromiso ficticio con ella, mientras que la situación interna es la de la estigmatización de la protesta, el desmote de la paz y la cooptación del estado.

Vienen a exhibir las preseas de sus conquistas; traen los aurigas prendados de sus carruajes las cabezas de los vencidos; sus triunfos son pirronianos -conseguidos a un alto costo de vidas humanas y recursos materiales-; son la reproducción desgatada y mañe de los grandes asesinos de la historia -aquellos que la pluma de los apologetas llama hombres, hacedores de naciones-.

En dos años han soterrado por completo lo que el pueblo construyó en los años del proceso de paz. Los estados incapaces de la paz, de los grandes hechos y obras -los periodos áureos-, solo hacen la guerra. El estado no puede imponer su guerra porque no ha conseguido la paz; al pueblo no le interesaba la guerra, lo demostró cuando se volcó con ahincó e ímpetu en la construcción de paz: esa guerra es tuya no nuestra.

Ni siquiera consiguió la paz negativa, es decir, la paz que se concibe como el triunfo militar sobre el enemigo: el estado no pudo con las guerrillas ni los distintos actores armados que pueblan el territorio -flexibles o no a los intereses del estado-, pese a las cifras infladas con el recuento de jóvenes asesinados impunemente; no pudo someter a esos campesinos -porque tuvo el descaro de señalar al campesinado como cómplice y coadyuvante de la subversión- a esos indígenas, a esos negros a esos jóvenes que tanto desprecio y a los que tanto mal les hizo y les hace, es decir, a todo el país que no quería más la guerra; esa sociedad mal organizada, desarmada, cubierta solo por su piel y alentada por las aspiraciones de un país donde se callaran los fusiles para siempre.

La paz en Colombia fue una paz holística, amplia, una paz positiva, es decir, una paz que se caracteriza por la búsqueda de comprender y las solucionar los problemas que ocasionaron la guerra, por el desarrollo de los programas, recursos y medidas tendientes a permitir la regeneración social y la transformación del poder -profundización democrática-. Por eso la paz es Colombia es un triunfo del pueblo, una convicción de la ciudadanía, no una victoria militar del Estado; por eso no pueden quitarnos la convicción de construir un país en paz. Por eso, aunque se empeñen en el tratamiento militar de los problemas políticos, la ciudadanía seguirá dando soluciones políticas, cívicas, culturales y legales, a los problemas militares que aquejan este país. La paz es nuestra, la guerra de ellos.

About the author

Steven Cadavid Echavarría

En mis inquietudes esta la búsqueda de una forma autentica y novedosa de retratar las problemáticas sociales (conflictos armados, emergencias ambientales, actualidad política, la cultura). Ello me ha llevado a incursionar en la novela de ideas, el cuento, y demás formas narrativas como herramienta de teorización sobre la política y la sociedad.

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