EL HOMBRE, ese animal bípedo implume…

Transcurría la penúltima de las muchas campañas presidenciales de Belisario Betancur, cuando asistimos a un mitin en un Club popular de Pereira y en la ocasión el leopardo Augusto Ramírez Moreno se despachó con una de sus memorables arengas. Recuerdo nítido que sentenció: “el hombre, ese animal bípedo implume…”.

¿Por qué viene a colación? Por la rebelión de las canas a que alude en reciente artículo doña María Isabel Rueda, que ha reunido a un nadaista, un periodista, dos economistas y a otros que se han molestado porque el señor presidente Iván Duque nos mandó a cuidar a quienes ya peinamos canas y aún no merecemos el de cuyus, menos por efecto de la pandemia china.

En lo particular no siento ningún deseo de irme a la calle hasta tanto la evidencia científica indique que lo puedo hacer de manera segura. Este retiro obligado del espacio público y de mi lugar de trabajo que atiendo con las herramientas del Teletrabajo, me está dando idea clara de que podría vivir sin el acoso de síndromes y fobias entre las paredes de la más exigente abadía cisterciense.

Por lo pronto, siento que gozo de cabal salud, que no he completado mi itinerario vital, que aún tengo mucho qué dar, hacer, aprender y compartir. Lo mismo cabe esperar de la clara inteligencia del doctor de la Calle, a no ser que se le haya vuelto asintomática. De modo que no pienso ir por indisciplina al encuentro con la inmunda parca, ni allanarles espacio a gentecillas de enana catadura mental y moral. Ancha es Castilla pero no para dejarla de servidumbre al servicio de la mentecatez.

El doctor de la Calle es mi amigo y lo soy de él, pero no comparto la idea que tiene de que los viejos seamos muebles viejos estorbosos, ni que como tal nos traten. Quizás el podrá sentir que a sus años todavía reboce de vigor como en aquellas mocedades nuestras turbulentas de Manizales, años que son tantos como los míos.

El tiempo no pasa en vano y cobra. La estadística muestra que en esta pandemia mueren más jóvenes que se creen ‘hechos de acero’ y menos viejos que nos dejamos cuidar y nos cuidamos. Y esto es en mayor medida para los que hacen parte del grupo de porristas gagá integrado por Yamid, Clara la sobrinita pálida, Rudolf y demás falsamente instalados en un estado de eterna vejentud. ¡Falsa creencia!

Dejémonos de vainas y aterricemos en el hecho indiscutible de que la juventud se fue y la vejez llegó inexorable y que, si bien viene a bien asumir con buen humor nuestra propia condición, no lo es para controvertir con ironía a la autoridad legítima instalada en “la cima de la resbaladiza cucaña” a que aludió el viejo Disraeli, por el mero de hecho de actuar con esmero en nuestro favor.

Tiro al aire: le he propuesto al señor Presidente Duque que dote de salvoconducto a todo implume que desee tirarse al ruedo a intentar pasar la prueba ácida de los contagios. Y después leeremos la historia que nos cuente la brillante pluma de doña María Isabel Rueda.

 

 

Francisco Galvis

Abogado | No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo

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