El Disparo en el Pie de la política migratoria en España

Uno de los colmos del cazador es pegarse un tiro en el pie. No sucede en la mayoría de las ocasiones pero tampoco podemos decir que sea infrecuente.

 

La imagen es bastante tragicómica: Voy a cazar y por tanto necesito estar en plenas condiciones mentales y físicas, pero una imprudencia, falta de atención, poca rigurosidad en los protocolos de seguridad, o simplemente un accidente me lleva a dispararme en el pie, con lo cual todo el plan de caza se trunca.

 

Desde el inicio de la crisis macroeconómica del 2008, en España se ha invitado, “amablemente” por supuesto,  a los inmigrantes a retornar a sus países de origen creando ciertos incentivos y llegando incluso a acuerdos con éstos países. La invitación se ha hecho extensiva a aquellos que aún no han llegado y que se encuentran en sus países de origen esperando dar el salto al “paraíso” de Europa para darle un mordisco a sus manzanas, así sean las caídas e incluso sin importarles que éstas tengan gusanos o estén podridas.

 

Hoy en el 2014, la tasa inmigración/migración es negativa. Esto quiere decir que están entrando menos personas de las que están saliendo, a pesar de los saltos a las vallas por la frontera con Marruecos que tanta repercusión en los medios de comunicación está teniendo en estos primeros meses del año.

 

De España, como de cualquier país que tiene dificultades económicas, las personas salen en busca de alternativas que les permitan sobrevivir de una manera más digna en otros. No están saliendo sólo los inmigrantes sino los mismos españoles nativos que como en épocas pasadas recurren a la “vieja” Europa y a Latinoamérica como destino para salvar la falta de oportunidades laborales en su país.

 

Hay por lo menos, tres clases de personas que se están yendo de España: Los inmigrantes residentes, los inmigrantes nacionalizados (o sea españoles de origen extranjero) y los nacionales. Habría una cuarta clase que serían los inmigrantes irregulares o “sin papeles”, pero las cifras al respecto son meramente especulativas ya que éstos intentan hasta lo imposible para quedarse. Devolverse sin conseguir la residencia significa perder todo el esfuerzo realizado antes para llegar. Para muchos de ellos una manzana podrida es mejor que ninguna.

 

El tiro en el pie de España, y Europa, es que es un país y un continente envejecido y envejeciendo. Las tasas de natalidad siguen en mínimos y su única salida, quieran o no, será abrir de nuevo las puertas de sus fronteras, tarde o temprano. Como ejemplo podríamos citar la iniciativa española ante la UE de quitar la visa a colombianos y peruanos, después de haberla requerido durante una década, con el argumento “políticamente correcto” de las afinidades e interesas nacionales mutuos. Para los agentes sociales pro-migraciones es casi imposible no ver en esta jugada una oportunidad estratégica como una hipocresía política. ¿Cuántos de los colombianos y peruanos que puedan acceder de nuevo sin restricciones a España aprovecharán su viaje para quedarse y empezar un nuevo ciclo masivo de migración? La respuesta es fácil: muchos.

 

En esta medida de exención de visado también está incluido Emiratos Árabes Unidos y una decena de países pequeños e islas que en teoría representarían un margen muy pequeño de viajeros.

 

La Comisión Europea maneja el número del 34% como tasa de dependencia. Esto significa que por cada 100 personas que trabajen, 34 estén jubilados. Si esa tasa sube, todo el sistema empezará a colapsarse. Con los índices de relación natalidad/mortalidad/envejecimiento que existen en la actualidad, la Comisión calculó en 2010 que España necesita recibir al menos 7 millones de migrantes entre ese año y 2030, año en que calcula que se llegaría a la cifra del 34. Esto significa que por año es necesario que entren 350.000 personas.

 

Según el último informe oficial de la Secretaría de Inmigración y Emigración española, adscrita al Ministerio de Empleo y Seguridad Social, presentado en septiembre de 2013, pero con datos hasta el 30 de junio de ese mismo año, la población extranjera ha dejado de llegar y son muchos los que se están yendo. No es mi interés en este artículo precisar las cifras y quien desee consultarlas puede hacerlo en este enlace http://ow.ly/tVFpL .

 

Si el ritmo de ingreso de extranjeros no sólo se desacelera, sino que además la tasa de población es negativa (son más lo que entran que los que salen, independientemente de si son nacionales o no) esta cifra de 350.000 personas por año está lejos de poder ser alcanzada.

 

Pero esto sólo son números. El problema es mucho más complejo y profundo.

 

Después de una década de estar puliendo y ajustando los programas de apoyo e integración de los inmigrantes por parte de las ONG’s y las administraciones públicas, las personas se ven ante la situación de que los servicios sociales y formativos se han desmantelado prácticamente al completo, con  lo cual habrá que empezarlo casi todo de nuevo cuando las puertas tengan que abrirse de otra vez.  La red de atención construida en la década de 2000-2010 entre las instituciones públicas y privadas, ha quedado prácticamente destruida y los problemas sociales de integración serán bastante acuciantes, ya que habrá una nueva oleada de migrantes sin organizaciones que les presten un adecuado acompañamiento.

 

A esto se suma el hecho de que una de las consecuencias previsibles de la crisis en esta materia ha sido el auge de posiciones racistas y xenófobas por parte de aquel sector de población que, equivocadamente, ha pensado que los inmigrantes llegaron a quitarle sus puestos de trabajo. Algo así como las manzanas recién maduradas que aún no se han caído del árbol. El auge de partidos políticos nacionalistas y directamente xenófobos han ganado terreno y se mantendrán ahí durante varios años, posiblemente hasta cuando los gobiernos tengan que hacer, también por estrategias políticas y electorales,  una defensa clara y contundente del aporte de los  migrantes a la reducción de esa cifra del 34%. Pero eso tampoco sucederá próximamente porque mantener una posición fuerte ante las fronteras es algo que en este momento da votos.

 

España se ha pegado un tiro en el pie y ahora, zaherida de dolor, se revuelca en el suelo esperando un poco de consuelo que le permita mantenerse despierta mientras llegan los servicios de “salud” de Europa o de una supuesta recuperación económica que los especialistas vaticinan que no llegará hasta dentro de una década.

[author] [author_image timthumb=’on’]https://fbcdn-sphotos-f-a.akamaihd.net/hphotos-ak-frc3/t1/1779081_1411962655728262_818917641_n.jpg[/author_image] [author_info]Sergio Montoya Chica Psicólogo, Máster en Intervención Estratégica, Experto en Intervención Transcultural, Radicado en España desde 2001, Co-fundador de la ONG Otra Mano Otro Corazón. Leer sus columnas. [/author_info] [/author]

 

 

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Notas Al Poniente

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