El dinero en la biblia: el origen (Parte 1)

El Greco, Christ Driving the Money Changers from the Temple, c1570. Minneapolis Institute of Arts
     

La primera mención del dinero en la Biblia se produce con ocasión de la Alianza, para sellar la cual Yahvé ordena a Abrahán circuncidarse y circuncidar a todos los varones nacidos en su casa y a todos los esclavos comprados con dinero.

 “Tomó entonces Abrahán a su hijo Ismael, a todos los nacidos en su casa y a todos los comprados con su dinero y aquel día les circuncidó la carne del prepucio, como Dios le había mandado” (Génesis 17, 23).

La segunda mención se da en una circunstancia luctuosa: la muerte de Sara, esposa de Abrahán, a la edad de 127 años. Como Abrahán era pastor, al parecer, no tenía ningún terreno para sepultar a su amada esposa, razón por la cual se ve obligado a recurrir a Efrón, el hitita, en los siguientes términos:

“Abrahán hizo una reverencia a los paisanos y se dirigió a Efrón, en presencia de los paisanos, diciendo: A ver si nos entendemos. Te doy el precio de la finca, acéptamelo y enterraré allí a mi difunta. Respondió Efrón a Abrahán: Señor mío, escúchame, cuatrocientos siclos de plata por un terreno, ¿qué nos suponen a ti y a mí? Sepulta a tu difunta. Abrahán accedió y pesó a Efrón la plata que éste había pedido, teniendo como testigos a los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata de buena ley entre mercaderes” (Génesis 23, 12-16).

Este es un texto maravilloso puesto que, como veremos, se trata de una época extremadamente antigua; no obstante, ya hay moneda acuñada y unidad monetaria con nombre. Probablemente, Efrón no sabía nada sobre el origen del dinero de Abrahán, razón por la cual lo hizo pesar. Más adelante, el Génesis 24, 22 revela que el siclo es una medida de peso – como la libra o el peso – que ha trasladado su nombre a la unidad monetaria, lo cual sugiere que ya en la época de Abrahán el dinero como categoría abstracta estaba arraigado en la mentalidad de las personas.

 Es la tercera aparición importante del dinero la que permite hacer una aproximación a la tremenda antigüedad de su empleo entre los hombres. Se trata de una circunstancia más bien ominosa: la venta de José por sus hermanos a unos mercaderes:

“Vendieron a José por veinte piezas de plata a los ismaelitas, que se llevaron a José a Egipto” (Génesis 37,28).

José vendido por sus hermanos de Gustav Doré

José – recordémoslo – es uno de los doce hijos de Jacob, de los que saldrán las Doce Tribus de Israel, dicho sea de paso, Israel es el otro nombre que se le da a Jacob en la Biblia. En Egipto, José es vendido a Putifar, eunuco del Faraón. Los talentos José como administrador y, sobre todo, intérprete de sueños, llegan a oídos del Faraón quien lo nombra su primer ministro, después de haberle interpretado el famoso sueño de las 7 vacas gordas y las 7 flacas. Es desempeñando ese alto cargo cuando José reencuentra a sus pérfidos hermanos.

Los años de penuria anticipados por José – las vacas flacas – golpearon a Egipto y al mundo entero: el hambre cundía por toda la tierra, dice la Biblia. Durante los años de abundancia – las vacas gordas – José, el previsivo, acumuló grano suficiente para abastecer a los egipcios durante la penuria y aún para venderles a las gentes de otros países que acudían en masa a comprar el grano egipcio.

Supo Jacob que en Egipto había grano y mandó a 10 de sus hijos a comprar, dejando en casa al pequeño Benjamín, temeroso de que corriera la misma suerte del llorado José, a quién creía muerto destrozado por una fiera, según le habían hecho creer sus malévolos hijos. En las dos oportunidades en las que sus hermanos llegaron a Egipto, José, sin darse a conocer, los proveyó de grano e hizo que, secretamente, les devolvieran el dinero con el que lo pagaron.

“Mandó José que se les llenaran los envases de grano, que se le devolviera a cada uno su dinero en la talega y que se les pusiera provisiones para el camino…” (Génesis 42, 25)

“Entonces él dio esta orden a su mayordomo: llena de víveres las talegas de estos hombres, cuanto quepa en ellas, y pones el dinero de cada uno en la boca de su talega…” (Génesis 44, 1)

En medio de una escena lacrimosa, José se revela a sus hermanos. Enterado el Faraón invita a Jacob y a toda su parentela a vivir en su país, iniciándose así la estadía del pueblo de Israel en Egipto que duraría 430 años y a la que pondría término Moisés. Esa es la historia del Éxodo. El Génesis concluye de la siguiente forma:

“Y José murió a la edad de ciento diez años; lo embalsamaron y se le puso en un sarcófago” (Génesis 50, 26)

No se ha encontrado ese sarcófago por lo que no es posible establecer con los métodos de la arqueología la época en la que aconteció la historia de José y sus hermanos y en la que aparece el dinero, que es lo que aquí interesa. Tampoco menciona la Biblia el nombre del Faraón que tan generosamente acogió a José y a toda la estirpe de Jacob.

Para fechar los acontecimientos en la Biblia se recurre al método ideado por el James Ussher (1581-1656), Obispo de Armagh, Irlanda del Norte, que le permitió establecer que la creación había ocurrido el sábado 22 de octubre del 4004 A.C. El ingenioso Obispo identificó algunos sucesos registrados en la Biblia que podían asociarse con acontecimientos verificados de la historia de otros pueblos contemporáneos al pueblo de Israel y se fue hacia atrás, sumando las edades de los patriarcas bíblicos, como Matusalén y todos los otros que tuvieron vidas centenarias, hasta llegar al día de la Creación. La obra de Ussher Annales veteris testamenti, a prima mundi origine deducti (‘Anales del «Antiguo testamento», que deducen los orígenes primeros del mundo’) se publicó en 1650.

James Ussher por Peter Lely. National Portrait Gallery. Londres.

Para el caso que nos ocupa el acontecimiento en cuestión es la construcción del Templo de Salomón. Se lee en la Biblia:

“El año 480 de la salida de los israelitas de la tierra de Egipto, el año cuarto de del reinado de Salomón en Israel, el segundo mes (que es el de Ziv), Salomón construyó el templo de Yahvé” (Reyes I 6, 1)

En la construcción del Templo, Salomón fue ayudado por su amigo – y amigo de su padre David, el que se bajó a Goliat de una pedrada – el Rey de Tiro Hiram I o Jirán I, como se le llama en la Biblia:

“Jirán, rey de Tiro, oyó que Salomón había sido ungido en lugar de su padre. Envió una embajada a Salomón, pues Jirán había sido amigo de David durante toda la vida de este. Salomón remitió a Jirán esta respuesta: Tu sabes que mi padre David no pudo construir un templo al Nombre de Yahvé su Dios debido a las guerras (…) ahora Yahvé me ha concedido tranquilidad a mi alrededor (…) Me propongo construir un templo al Nombre de Yahvé mi Dios (…) da orden de que corten para mí cedros del Líbano. Mis servidores irán con los tuyos. Te pagaré el salario de tus servidores conforme a lo que me digas, pues tu sabes que no hay entre nosotros quien sepa talar árboles como los sidonios” (Reyes I 5, 15-20).

En este texto maravilloso: hay ahí de todo lo del capitalismo: salarios, movilidad laboral, comercio internacional, inversión extranjera, etc. El hecho es que sabemos, por otras fuentes históricas, que Hiram I reinó hacia el tercio último del Siglo XI A.C. La construcción del templo ha debido comenzar hacia el año 1000 y algo antes de Cristo. Si sumamos los cuatrocientos ochenta de que habla la Biblia, tendríamos que el Éxodo tuvo lugar por los años 1500 A.C., época del Faraón Amenhotep I. Como “la estancia de los israelitas en Egipto duró 430 años” (Éxodo 12, 40) tendríamos que la transacciones monetarias de la historia de José se realizaron hacia el 1900 A.C.

Estamos pues en el Siglo XX antes de Cristo. Para llegar hasta la época de Abrahán cuando vimos la aparición del dinero por primera vez, tenemos que recurrir al método del Obispo Ussher y sumarle a nuestra fecha – 1900 A.C. – las edades de los patriarcas que antecedieron a José.

Recordemos que José era hijo de Jacob, también llamado Israel, quien, cuando llegó a Egipto con sus setenta parientes, tenía 140 años y vivió 17 más. Isaac engendró a Jacob y a su mellizo Esaú – sí, el que vendió la primogenitura por el plato de lentejas – a la edad de 70 años. Por su parte, Abrahán tenía cien cuando engendró a Isaac, pero, como sabemos que tenía 99 cuando sacrificó su prepucio, de su vida para nuestra cuenta no cuenta más que uno. Así, sumados los 140 de Jacob, los 70 de Isaac y uno de Abrahán nos llevaban al 2111 A.C. como año de la primera mención bíblica del dinero. Esta fecha se sitúa, en la historia egipcia, en la época del llamado Imperio Medio que abarca las dinastías XI y XII.

CODA

En su novela “El joven José”, la segunda de su tetralogía “José y sus hermanos”, Thomas Mann sugiere una hermosa hipótesis para explicar la edad centenaria alcanzada por los patriarcas bíblicos. Hablando de Eliecer, el tutor de José, dice que por la boca de éste hablaba una infinita cadena de Eliéceres, porque siempre había habido en la familiar algún Eliecer desempeñado ese mismo oficio. Así las cosas, nombres como Enós, Quenán, Mahalalel, Yered, Henoc y Matusalén, designarían no a un individuo sino a generaciones de éstos que se habrían trasmitido esos nombres los unos a los otros. Esta tradición de nombres que se repiten se encuentra también en algunas regiones de la Costa Atlántica. Mi colega y amigo Remberto Rhenals me dice que siempre ha habido un Remberto en su familia.