Opinión Política

Disculpa publica a los Cerdos

“Hemos caído tan bajo para que los Jefes de
Estado, a falta de legitimidad, se mezclen con la manada,
representando la comedia ante los rumiantes que llevan a
pastar?”
Albert Caraco


¿Podrían imaginarse ustedes a un Mussolini llevado a la central de PCI a pedir disculpas? ¿arrastrado ante los partisanos y el alto mando de la resistencia? ¿Se imagina a un Idi Amin volviendo al Congo a reconciliarse con su pueblo? ¿Pueden concebir a Hitler capitulando ante los homosexuales, los judíos, los negros y los demás enemigos del Estado? ¿Es posible un Pinochet yendo al estadio de santiago a un concierto por las víctimas de desaparición forzada? ¿A un Videla en los pozos de banfield pidiendo disculpas por la noche de los lápices? ¿A un Somoza recorriendo las aldeas en compañía de los poetas-guerrilleros del movimiento sandinista para reconstruir  la patria?

Yo no puedo. Los servicios de inteligencia informaban que se esperaba que Hussein resistiera, que muriera
en su palacio presidencial, peleando con su estado mayor -y servicios secretos- hasta el último hombre. Así lo hizo Allende en el palacio de la moneda. Por lo general el tirano se hunde con su barco.

Después de masacrar a sus ciudadanos, después de imponer ls vejámenes más atroces, después de, como diría Levi, contemplar lo que el hombre puede hacer al hombre, era muy poco probable que estos decidieron volver entre los becerros; era mas probable que el pueblo olvidara y les invitase a volver al rebaño -si estos no se tomaban
el atrevimiento de desafiarlos embutiéndoles su presencia-. Debian o morir o retirarse hasta un momento mas propicio.

El pueblo cansado de las ristras demasiado apretadas desmembró a los tiranos que su rabia alcanzó. Al zar Nicolás II -junto con los últimos despojos de la dinastía Romanov- los ejecutaron en ekaterimburgo, para luego ser lanzados en la Ganina Yama; fueron ejecutados por las nacientes policías políticas -la Cheka creda por Dzerzhinski-  creadas para combatir el terror blanco mediante el terror rojo; esas mismas policías políticas creadas bajo el subterfugio de un enemigo  siempre al acecho -un enemigo poderoso- ante el cual es necesario inmolar la libertad y autonomía del proceso transformador iniciado por la revolución.

Los tiranos que no alcanzaron las policías políticas -augur del fin de la última noche libre de la revolución, como lo nombra Kropotkin en La ley-, se suicidaron, consumiéndose en su verdad, llevando hasta las últimas consecuencias su verdad elevada al plano de la exclusividad absoluta. Otros, como hussein, tuvieron un fin miserable y rastrero escondidos en cualquier cagadero camuflado en el desierto.

Los más monstruosos entre los tiranos consiguieron inhumanizar al hombre, desactivar su rebeldía, su derecho a no consentir, volverlo insensible y partícipe del horror; luego los tiranos estallaban en mil pedazos junto con todo su infierno. Otros solo se valen de la lejanía en la que los sitúa el poder, de esa lejanía que les permite masacras a distancia, sin ensuciarse las manos, por decreto o por pactos clandestinos; no consiguen mas que someter la rabia, pero su maldad es mediocre, no transforma nada, ni siquiera para alcanzar la finalidad de su crueldad.

Se tiene la impresión de que los tiranos, sean de cualquiera de los dos tipos mencionados, han desaparecer para siempre, pero solo dormitan entre las grietas, mezclados entre los parásitos.

El cambio en el discurso y el accionar de Uribe en los últimos días desmiente el manual del tirano. Hemos sido testigos de algo sin comparación en la historia. Un tirano se desmiente a si mismo, un tirano que no hace gala
de su monstruosidad, un tirano, luego de alcanzados los empíreos de la crueldad, desea que no se le relacione con su obra.

Pero ¿qué gobierno toleraría una enseñanza de esta especie? Gobiernos todos que se sostiene con el miedo a este monstruo o que han sido construidos con el miedo a el. ¿Y que religión semejantes homilías? cuando la mayoría de ellas tiene por dios a un tirano monstruoso o se usa para alejarnos de la influencia maligna de tiranos peores.

Si bien el manual del tirano permite el uso de todo tipo de artimaña, un saber entrar en el mal, un buen uso del mal como le llamaba Maquiavelo, esto se hace para sostener el poder, nunca para tratar de salvarse a sí mismo, prescindiendo del poder. No puede desligarse el poder del tirano; es el poder el que los obsesiona, el que les da la potestad de disponer y accionar sin márgenes ni ataduras.

Uribe está tratando de salvarse a sí mismo, aun a riesgo de perder el poder. Uribe no hubiese resistido en su bunker, uribe hubiese contemporaizado con algún bando que le ofreciese alguna salida favorable -como los que benefician del horror para luego huir-;hubiese renegado de su propia verdad, pobre expresión de un espíritu asustadizo y mediocre; incapaz de cualquier acto heroico -como el del rey de Noruega Hakoon VII ante la ocupación Nazi- o monstruosos -como los descritos en los breviarios de la tortura y el interrogatorio de las SS-.

El talante de la primera clase de tiranos es distinta a el de la primera; los primeros toman las decisiones, levan las riendas, asumen los costos y son asesinados por las víctimas que no pudieron masacrar; los segundos solo son un accesorio, un elemento de la medianía, un buen funcionario -pues sigue la linea de mando sin contestar-,un burócrata de la medianía, de los que no sabían nada, de los que solo cumplian ordenes como Eichmann.

Uribe vendería, como lo hizo con los paramilitares en el proceso de justicia y paz, a cualquiera que fuese necesario para mantener su responsabilidad en la impunidad; quemaría a cualquier político y burócrata con tal de que se dilate el cerco de los cazadores que están cada vez más cerca de su rastro; se afana por desasir el nudo del verdugo que se aprieta con fuerza sobre su cuello.

Mientras los tiranos ven cómo su universo de muerte y caos se despedaza, su gesto es confuso, su faz no advierte nada. En Uribe el miedo y la angustia han cavado fosas gigantescas, sus canas tiene el color del humo que salía de los crematorios de Birkenau. Es un animalito indefenso que se sabe acorralado; está temblando bajo un tronco podrido que esta apunto de caer,su cuerpo se contrae en espasmos monstruosos que la valeriana no combate; no tendría el valor de hacer lo que los colaboracionistas y perpetradores del horror: beber hasta el amanecer y luego pegarse un tiro. Es un ser inerme, diminuto, al que han apartado del poder y ya no puede más que recurrir a quienes están implicados para que lo salven, ya que si el cae todos caen.

Solo eso lo sostiene, solo los que dependen de este orden criminal le defienden, solo “los peores de entre los humanos” -como les llamaba Caraco-.

Solo puedo sentir lástima de quienes veían un titan de ruana, un ser colosal en la figura de este tiranillo del trópico; del trópico donde las tiranías son de segundo orden y los tiranos de talante cobarde e histriónico, incapaces de nada con su maldad; en ese trópico plagado de perversos corrientes y vulgares, donde abundan los que ensueñan con torturar un gato solo porque es débil; solo puedo reirme a carcajadas desencajadas y estridentes por que se que si el gato pudiese defenderse, no se atreverían a nada, solo puedo reirme de quienes tienen el sagrado corazón en sus salas y se reúnen ante el tomados de las manos para expiar sus culpas, su falta de firmeza para seguir detenidamente el plan sistemático de la miseria y la muerte.

Deberían suicidarse como Goebbels; su dios era de barro, su dios los vendio, ha llegado el ocaso de su ídolo -como el texto de Niestzche-, ya su existencia no tiene sentido.

Después de tener a su disposición todos los medios del poder totalitario, de haberlos empleado (véanse las licencias expedidas durante el tiempo que permaneció en la aeronáutica civil, sus crímenes como gobernador de antioquia incentivando y defendiendo internacionalmente las Convivir), parece trillado, falso, una mera impostura, un gesto forzado, una mueca grotesca, todas y cada una de sus disculpas, sus excusas, su falta de evidencia, de pruebas.

 

Adenda.
Los cerdos se hunde en su ponzoña puesto que esta es su naturaleza, aún suavizándola mediante costumbres más elevadas e ideas más profundas y complejas, el cerdo tendería al lodazal. No niega la finalidad de su esencia, por tanto, no niega su ser. El cerdo no tiene la culpa del ser que le es propio. Así como el león no es culpable de matar para comer.

El hombre, por otra parte, si es capaz de falsear su esencia propia; es un ser violento y gregario que busca civilizarse con leyes que a su vez derivan de costumbres bestiales, misóginas y racistas; busca mantener un supuesto orden que depende de estructura jerárquicas intrinsecamentes autoritarias, como diría van der lopps; estructuras sociales cuyas dinámicas tienen por principio básico la destrucción de cualquier autonomía o reconocimiento propio.

El hombre si aplasta la flor por el placer de destruirla, de no dejar a otro gozar de su olor, por acaparar para la primavera de las primaveras -como le llamaba Thoreau a ese estado despierto y sensito del individuo-; el hombre si comete la masacre, extermina grandes grupos para no devorar mas que las crias; los animales no matan mas
que aquello que les es indispensable para la naturaleza, la cual según Newton en Philosophiæ naturalis principia mathematica, nada desperdicia y nada hace en vano. El hombre luego de mancillar la flor pide disculpas, como si aquello pudiese reparar los pétalos rotos del bosque que incineró sin necesitar una sola astilla de madera para calentarse o resguardarse; el animal no pide disculpas por el asesinato cometido, caza su presa y la devora, sin renegar de sus instintos o tratar prescindir de su verdad.

El animal es más noble que el hombre puesto que encarna la realidad de su esencia -la verdad- y la realiza. El hombre tiene una constitución viscosa, capaz de manchar todo, ahogandolo como los derrames de petróleo a la biomasa, sofocándola; el hombre asesina y pide perdón por su rapto de cólera, conquista mediante la espada para luego prometer el paraíso, masacra para luego crear leyes que prohíban la masacre por parte de otros hacia el. Pero el paraíso jamás llega y los tiranos que el alba consiguió erguir, el crepúsculo los lanza desde lo alto del pedestal hacia el vacío, a la espera de alguna aurora que los aviente a las alturas nuevamente.

Esto fue escrito por

Steven Cadavid Echavarría

En mis inquietudes esta la búsqueda de una forma autentica y novedosa de retratar las problemáticas sociales (conflictos armados, emergencias ambientales, actualidad política, la cultura). Ello me ha llevado a incursionar en la novela de ideas, el cuento, y demás formas narrativas como herramienta de teorización sobre la política y la sociedad.

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