Diplomacia en apuros

     

No están en duda la condición humana y buenas maneras de Carlos Holmes Trujillo, el jefe liberal valluno que hoy acampa en el uribismo, con quien por fortuna se puede disentir con tranquilidad. Por esa razón, siento pena de que le esté pasando lo que le está ocurriendo como ministro de Relaciones Exteriores.

Lo primero que le salió mal a Trujillo fueron sus vainazos al gobierno anterior por haber reconocido como Estado a Palestina. Sus primeras declaraciones lo mostraron retando a Santos para que asumiera la responsabilidad de haber tomado esa decisión, mientras él anunciaba que el nuevo gobierno se encargaría de tomar las medidas para enmendar ese supuesto yerro. Ante esa postura muchos creímos que el anterior gobierno había tomado esa decisión a última hora sin informarles a Duque y a su canciller, lo que de ser cierto habría sido un abuso. Pero bastó que la columnista Laura Gil escribiera un documentado artículo en el que demostró que tanto Duque como el nuevo canciller sí habían sido informados de la decisión que adoptó el gobierno saliente, para que Carlos Holmes se apagara y no volviera a hablar del tema. Fue por lana y salió trasquilado, porque le tocó tragarse el sapo con el que lo aplastó la columnista Gil.

Y si en lo de Palestina no salió bien librado, tampoco con los nombramientos en distintas embajadas, los cuales dejan la sensación de que CHT es escuchado en la “Casa de Nari” pero muy poco.

Para empezar, la designación de la nueva embajadora en Italia sugirió que este gobierno también nombrará amigotes sin experiencia en el sofisticado mundo de la diplomacia, tal y como lo hizo Santos, para pagar favores políticos y hasta personales. Pero lo verdaderamente censurable está en los nombramientos de dos peces gordos del Centro Democrático en Washington: Pacho Santos y Alejandro Ordóñez.

El nombramiento de Francisco Santos, exvicepresidente de la República, resultó sorpresivo tanto porque parece que lo quisieran aislar de su aspiración a la Alcaldía de la capital, como porque aun hoy enfrenta una severa investigación penal por estar supuestamente involucrado en la conformación de un grupo paramilitar que operaría en la sabana de Bogotá. No voy a incurrir en el desafuero de señalarlo como culpable, como seguramente él sí lo habría hecho si la cosa fuera al revés, pero me pregunto ¿por qué esta vez al Centro Democrático no le pareció ni siquiera inconveniente que se enviara como embajador a la más importante embajada precisamente a una persona que tiene esta dificultad? Si Pacho hubiese estado en la oposición con el CD, habrían puesto el grito en el cielo si se nombrase a alguien que estuviese en las mismas condiciones suyas. Cuando la “mermelada” se la comen ellos mismos siempre sabe delicioso.

Conociendo a Carlos Holmes no albergo duda de que además no debió quedar conforme con el insulto colectivo de haber designado a Alejandro Ordóñez como representante de la delegación colombiana ante la OEA. Con Ordóñez en Washington se ha puesto en grave riesgo el relacionamiento de Colombia con el Sistema Interamericano, así como la fortaleza del Convenio de Estado suscrito con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y, además, se ha expuesto la relación de confianza del país a nivel continental. Si bien es probable que tanto el nombramiento de Pacho Santos como el de Ordóñez sean orden de Uribe y Duque, ello no absuelve a un canciller que tiene entre sus planes ser presidente. En la soledad de sus deliberaciones CHT sabe que no podrá justificar jamás el nombramiento de un impresentable como Ordóñez, el cual además es probable que le pese cuando en los Estados Unidos poderosas organizaciones defensoras de derechos humanos le hagan la vida imposible al país que se atrevió a nombrar a semejante dinosaurio.

No le deseo que le vaya mal a CHT, porque su fracaso en esa cartera tendría consecuencias funestas para el país, pero pobre, le está yendo un poquito menos mal que a las ministras del Interior y de Justicia.

Adenda. Respaldo al poder judicial y colegas caleños en su legítimo paro como protesta por los ascensores del edificio donde funcionan la mayoría de juzgados de esa ciudad.

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About the author

Ramiro Bejarano Guzmán

Abogado, especialista en Derecho Procesal. Profesor universitario de la Universidad Externado y de la Universidad de los Andes. Columnista de opinión y analista político.