DIEZ IDEAS PARA ENTENDER EL PROCESO DE PAZ Y DIEZ REFUTACIONES

    Las conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC partieron de la base de que nada estaría acordado hasta que todo estuviera acordado. Dos años después dicha premisa parece haberse desdibujado. 

 


La Oficina del Alto Comisionado para la Paz, dirigida por el filósofo y filólogo Sergio Jaramillo Caro, estuvo entregando unas curiosas cartillas plegables durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo 2015).

En el cubículo que tenían en uno de los pasillos de Corferias -cuando pasé en compañía de un amigo- habían tres mujeres entregando un folleto que contiene «10 ideas para entender el proceso de paz». Debido a que parecían estar promocionando algún licor, nos acercamos buscando obtener una fotografía con una de ellas pero no fue posible. Después de insistir varias veces nos entregaron dicha cartilla y seguimos nuestro recorrido.

Cuando llegué al apartamento y la pude revisar con calma, noté que es bastante simple y que las diez ideas que contiene, la mayoría caen en lugares comunes y en abstractos que en nada facilitan la compresión de la negociación que adelanta el gobierno de Colombia con la guerrilla de las FARC en La Habana, Cuba.

En términos generales habla de diez conceptos transversales: la paz, el conflicto, las conversaciones, el proceso, los avances, la participación, la impunidad, la dejación de las armas, la reinserción y la reconciliación. Es bastante breve en referirse a cada uno de ellos y no revela nada nuevo.

Los diez títulos generales de la cartilla son los siguientes:

  1. Hay que terminar el conflicto para construir la paz;
  2. Las víctimas están en el centro de este proceso;
  3. Las conversaciones se desarrollan sobre temas concretos. No solucionan todos los problemas del país;
  4. En este proceso se han logrado avances históricos;
  5. Los avances del proceso de conversaciones son públicos;
  6. En este proceso se ha garantizado la participación de los colombianos;
  7. Este es un proceso sin impunidad;
  8. Este proceso pasa por la dejación de las armas y la reincorporación a la vida civil de las FARC-EP, pero no se limita a eso;
  9. La paz es de todos y con todos;
  10. El proceso de paz abrirá nuevos espacios para la convivencia y la reconciliación. 

Al juntar esas oraciones y construir un párrafo, sistemáticamente, resultan diciendo lo que han venido repitiendo como autómatas el Presidente de la República Juan Manuel Santos, el jefe negociador del gobierno, Humberto de la Calle, y el alto comisionado Sergio Jaramillo desde que empezó la negociación: «Es necesario terminar el conflicto para lograr la paz. No se van a solucionar todos los problemas del país pero lo que se ha logrado hasta el momento es histórico. Para evitar la impunidad y facilitar la reconciliación, este ha sido un proceso de todos los colombianos en el que se ha garantizado la representación de cada sector de la población«.

Lo que resulta de sumarlas es el típico discurso que aplica más fórmulas matemáticas que gramaticales para decir y no decir nada a la vez. Resulta precisamente impreciso, vago y difuso.

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El instructivo empieza afirmando que las conversaciones que se adelantan «tienen por objetivo terminar el conflicto armado y con ello comenzar una fase posterior de construcción de paz entre todos los colombianos«. De inmediato, reafirma su propósito de «promover, proteger y garantizar los derechos de todos los colombianos, en particular los de las víctimas«. Complementan este punto dando por sentado que el fin de la guerra, la satisfacción de los derechos, la implementación de los acuerdos y la consolidación del Estado Social de Derecho son «la mejor garantía de que no haya nuevas víctimas».

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Lo que sigue a continuación, en el tercer y cuarto punto, empieza a confundir a cualquier lector medianamente informado, quien dará por sentado que «nada está acordado hasta que todo esté acordado«, como reza, entre muchas más, la página oficial de los avances de los acuerdos, http://avancesacuerdos.gov.co/. La cartilla afirma que «se han logrado acuerdos» en tres de los seis puntos de la negociación: en lo que tiene que ver con Desarrollo Agrario, Participación Política y Drogas Ilícitas.

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El punto cinco y seis parecen más una instrucción que una idea para entender el proceso de paz. Textualmente, el cinco dice que «todos los acuerdos de la Mesa de Conversaciones pueden ser conocidos por cualquier colombiano en la página www.mesadeconversaciones.com.co, sección Documentos y las versiones resumidas en la página www.avancesacuerdos.gov.co«; así como en «diferentes publicaciones que facilitan el entendimiento de los avances de las conversaciones«, de las cuales no menciona ninguna.

Así mismo, el punto seis explica cómo los colombianos pueden hacer «llegar sus propuestas a las delegaciones del Gobierno Nacional y las FARC-EP en La Habana, Cuba«. Hay tres opciones. La primera es por Internet, descargando un formulario en la misma página www.mesadeconversaciones.com.co; la segunda es a través de «Foros Nacionales con capítulos regionales que se vienen realizando en Colombia frente a cada punto de la Agenda«; y la tercera es la «participación directa de expertos en la Mesa de Conversaciones«. Por lo demás sólo agrega que no hay nada que temer, que «para garantizar la transparencia y legitimidad de los acuerdos, serán los colombianos quienes tendrán la última palabra al momento de refrendarlos«.

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Cambiando de cara aparecen las últimas cuatro ideas. Intencionalmente, al dar la vuelta al plegable aparece el mensaje «la paz es posible, preparémonos para la paz«, justo encima de la dirección www.altocomisionadoparalapaz.gov.co y del logotipo de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y del lema del segundo mandato de Santos: «Todos por un nuevo país, paz, equidad, educación». Pura publicidad institucional, típico derroche de dinero justificado dentro de los «costos mínimos» que requiere publicitar los acuerdos.

Si bien el punto siete dice que las partes en negociación acordaron no «intercambiar impunidades«, concluye afirmando que «el tratamiento penal especial de quienes participaron en el conflicto armado dependerá de los aportes de cada quien a la satisfacción de los derechos de las víctimas«.

«El punto siete dice que
las partes en negociación
acordaron no ‘intercambiar impunidades’«

¿Tratamiento penal especial? ¿Acaso es un sofisma para insinuar que la reducción de penas por los crímenes será descabellada, así no satisfagan los derechos de las víctimas? ¿Sugerirá esa idea que la impunidad no se intercambiará pero si se concederá? Al menos en lo que a las FARC se refiere, sí. Al respecto, el punto ocho complementa el anterior y afirma que la terminación del conflicto incluye «obligatoriamente la dejación de las armas y la reincorporación a la vida civil, social y política de las FARC-EP«.

Por lo tanto, implícitamente sí habla de impunidad al decir que lo anterior es una «condición necesaria para acabar el conflicto y poner en marcha todos los acuerdos«. Por encima, contrariamente, sugiere cierta dosis de impunidad para la guerrilla. Complementa las afirmaciones del Procurador Alejandro Ordóñez Maldonado, quien ha insistido en que no le van a poner bozal para que deje de advertir sobre el sapo que deberá tragarse el pueblo colombiano, producto de los acuerdos con las FARC.

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«Este proceso pasa por aprovechar las capacidades existentes en los territorios y reflexionar desde allí acerca de las transformaciones que deben darse con el objetivo de cerrar las brechas entre el campo y la ciudad, para tener una paz estable y duradera«. Esa es la novena idea: principalmente hace alusión a reflexionar sobre la brecha existente entre la zona rural y la urbana, pero no dice para qué servirán los «ejercicios de discusión sobre la forma de implementar los acuerdos«. Es pura demagogia y no precisamente una solución concreta. No es una idea siquiera, es un supuesto que establece requerimientos improbables.

No hay algo más ambiguo que referirse a las «capacidades existentes en los territorios«. Es un eufemismo para no hacer alusión directa a las víctimas, a los campesinos, o a los desplazados y a sus territorios despojados. Las diez ideas minimizan y vuelven abstractos a los actores del conflicto: en su mayoría evitan hacer referencia directa a ellos. Los nombran por necesidad; a las FARC-EP las mencionan cinco veces y a las víctimas once. Pero sin embargo no se refieren a ningún responsable o victimario, vagamente a los colombianos en general. En el punto nueve hablan de la «gente» y en el diez de la «sociedad». Por lo demás todo se sustenta en lo intangible. En conceptos dilatados y para nada puntuales.

En definitiva, en lo único que acierta la cartilla es en decir que son diez ideas para «entender» el proceso de paz, no para comprenderlo, ni mucho menos penetrar en lo que realmente es. Son diez ideas vagas, rápidas de leer, frías, toscas (como la misma negociación y las pretensiones de la guerrilla). Quizá los académicos de la paz consideran que las marchas y los manuales sobre pedagogía para la paz sirven para algo; o, peor aún, quizá consideren que las mujeres con cuerpos voluptuosos captan la atención de los transeúntes para entregarles cartillas que nadie lee. Lo cierto es que eso en nada contribuye -siendo realistas- a solucionar los problemas de las millones de víctimas que están esperando soluciones.


 

DESPUÉS DE… 24 meses no se vislumbra el horizonte de la negociación. Así las cosas, el reclamo más pertinente en este momento proviene de la oposición, en cabeza del expresidente Álvaro Uribe Vélez: ya llegó la hora de concentrar a la guerrilla de las FARC en una sola zona del territorio nacional. Todos los terroristas que hay en el país, tanto FARC que masacran soldados, como el ELN que mutila y exhibe sus actos de barbarie, deben empezar a demostrar que realmente quieren la paz. No tienen otra alternativa. Están condenados a morir en el monte o a reinsertarse. Nada más.

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Jesús David Carrillo Aranda

Escribo en Times o Arial para que la letra no me quede chueca. @ElJesusurro

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