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Desnudamiento digital: la necesidad de ser vigilado

Escribe Milán Kundera en la Insoportable levedad del ser: “Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir. La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público”.

Con la llegada de las historias de Snapchat que paulatinamente se trasladaron a Instagram (stories), Facebook (historias) y Whatsapp (estados) surge un individuo que ahora, más que nunca, clama un ojo que lo observe. Menester de vigilancia y de vigilar la mirada que se evidencia a través de una cifra cuantificable de vistos periclita lo íntimo para satisfacer al usuario. Ante la aparente democratización de la vigilancia, el individuo se exhibe, se desnuda, se entrega al público. Tras el quebrantamiento de la intimidad, el sujeto está más deseoso que nunca de ser vigilado, de exponer las acciones que lleva a cabo en simultáneo. Como asevera Lipovetsky, tras la estetización del mundo, en la virtualización, cada uno se cree artista, se cree actor, cada uno se espectaculariza. En las redes sociales, cada uno es el protagonista de su propio show, de su propio perfil social.

 

¿El panóptico digital es un campo de concentración?

El panóptico de Bentham1, como una estructura arquitectónica carcelaria tuvo gran relevancia en la filosofía foucaultiana en el siglo XX. La adaptación de un concepto que se refería a una prisión fue tomada por Michel Foucault para hablar de panoptismo en la sociedad moderna.

El panoptismo tenía como finalidad el saberse vigilado modificando  las conductas de los presos. La sociedad panóptica de Foucault se vale de forma intrínseca de las hegemonías políticas, encauzamiento del conocimiento, las prácticas religiosas y grupos militares y policiacos para normalizar el comportamiento y someter. Una vigilancia que implícita e ideológicamente se vale para controlar al otro.

Con el impacto de la web en los años 90, la democratización de la Internet condujo a una revolución digital y a la proliferación de plataformas digitales y redes sociales. El individuo que entra a formar parte de la web, ahora puede ser observado y googleado por otros. Sin embargo, antes de la web incluso, el sistema de vigilancia continua se valía de satélites, cámaras alrededor de la ciudad, además de vías telefónicas que controlaban el flujo de información; con la llegada de la Internet la información pasó a almacenarse en discos duros y de los discos duros pasó a Google Drive y a la Nube. Según Michel Serres nos encontramos ante el quinto poder, el poder de los datos2.

Ante la naturalización de la vigilancia, Chul Han adopta el término: panóptico digital3. El concepto de Chul Han no dista de reflexiones anteriores, el fenómeno fue tomado por algunas filósofos precedentes, cuyas tentativas para definir el término fueron panóptico moderno, el gran hermano, etc.

La diferencia del panóptico inicial era el saberse vigilado, en el panóptico digital todos se creen libres, pero en realidad se vigilan unos a otros constantemente. “Mientras que los moradores del panóptico de Bentham son conscientes de la presencia constante del vigilante, los que habitan en el panóptico digital se creen que están en libertad”4. La vigilancia del panoptismo foucaultiano tenía como elemento constitutivo una jerarquía, una dialéctica, la hegemonía impuesta sobre los sujetos, en el panóptico digital se democratiza la vigilancia y surge como un imperativo inherente en las relaciones desarrolladas en la comunicación digital.

“Cuando una conversación privada ante una botella de vino se emite públicamente en la radio, ¿qué explicación puede darse sino la de que el mundo entero se ha convertido en un campo de concentración? (…) El campo de concentración es la liquidación total de la privacidad”. (Kundera, 1984)5

 ¿Se reemplazó la conversación expuesta en la radio por la vida privada expuesta en internet, en plataformas digitales, en redes sociales? , ¿El panóptico digital es un campo de concentración?, ¿nos encontramos ante el nuevo campo de explotación digital?

Plataformas digitales: la hipertrofia de la vigilancia

Las plataformas digitales impulsaron el panoptismo, con la democratización de la vigilancia surge un usuario deseoso de observar y ser observado. En el 2011 Evan Spiegel, creó Snapchat, con una visión que propendía a revolucionar la cámara digital anexionando las fotografías con un servicio de mensajería instantánea y filtros que permitieran modificar la apariencia física de las personas. Con la aparición de Snapchat, los estados que permiten ser posteados cronológicamente con una duración de 10 segundos y caducar en un lapso de 24 horas permiten que la ubicuidad de lo digital, hoy, sea inherente en la actividad humana. Tal fue el éxito de Snapchat que su fundador recibió una propuesta de Mark Zuckerberg por 3.000 millones de dólares con 166 millones de usuarios activos en el primer trimestre.6 Ante la aparente necesidad de los usuarios de pregonar constantemente Instagram, Facebook y WhatsApp se acogieron a los stories.

La  implicación primaria de los stories es la exposición simultánea de la acción que se lleva a cabo. Su lapsus limitado de 24 horas da paso a un público que está alerta a lo que el otro hace y a un individuo que se expone y detecta quienes lo vigilan, en qué momento, además proporciona una cifra cuantificable de cuantas personas han observado el contenido.

La peculiaridad del panóptico digital está sobretodo en que sus moradores mismos colaboran de manera activa en su construcción y en su conservación, en cuanto se exhiben ellos mismo y se desnudan. Ellos mismo se exponen en el mercado panóptico. La exhibición pornográfica y el control panóptico se compenetran”. (Han, 2012).7

El panóptico como campo de concentración es una “ilusión de la privacidad”.8Parafraseando a Milán Kundera,- el ojo de Dios ha sido reemplazado por el ojo de la cámara fotográfica-9, por su ubicuidad todo lo ve, todo lo captura, todo lo percibe. Y el en panóptico, los usuarios ensimismados por el desnudamiento periclitan lo íntimo y abren las puertas al mundo tecnologizado del bazar caleidoscópico.

 

En el centro de exposición y desnudamiento: el artista es el individuo expuesto.

En La pantalla global Lipovetsky, logra explicitar el traslado de la gran pantalla (el cine) y su traspolación hacia la pantalla del Smartphone.10 El Smartphone invitado a todas partes abre paso al centro de exhibición, exposición y sobre producción de sí mismo. Los individuos del panóptico se encuentran ante el voyeurismo, una necesidad de saber qué hace el otro, en qué momento, con quién.

Sintomático de las redes, se presenta la vigilancia continua, todos se vigilan a todos, las plataformas digitales como panóptico, han modificado los hábitos. Comer ahora implica postear el instastorie y luego, degustar la comida. Despertarse y hablarle a los seguidores, para posteriormente pararse de la cama. Ante la estetización de la vida cotidiana, de la espectacularización lo ordinario, el desnudamiento, el quebrantamiento de lo íntimo se deja de lado la privacidad para ofrecerla a los “seguidores”. Ahora, se solicita la aprobación, la aceptación de quien me sigue, del que está al tanto de lo que me sucede.

 

¿Pero, qué implica el desnudamiento digital?

George Bataille, dilucida el nacimiento del pudor. Adan y Eva, se enfrentan ante la desnudez y la naturalidad del cuerpo provocadora de voluptuosidad da paso a la  obscenidad. El pudor, da paso a un sujeto vestido. Bataille expone como las playas que se escandalizaban ante el cuerpo desnudo ya no lo hacen. La exhibición del cuerpo, da cuenta que entre más habitual es exhibir la aparente naturalidad biológica, más natural se vuelve exponer otras formas de cotidianidad. Lo que antes se resguardaba, lo que antes era –íntimo- hoy sufre una decadencia, se periclita, cuanto más se expone la desnudez como una práctica publica, más se naturaliza. “Pero lo que ofendía el pudor a principios de nuestro siglo ya no choca hoy, o choca menos”. (Bataille, 1996) 11

En la civilización del espectáculo digital se deja de lado el papel pasivo espectador para convertirse en el protagonista de su propio show. Ya no se desea la privacidad, ahora degenera en un querer visibilizarse continuamente. El espectador ya no conserva su intimidad, desea revelarse. Deja de lado su papel pasivo e invierte el panóptico que erradica la vigilancia imperativa y jerárquica por un sujeto que desea ser vigilado. Si en el panóptico de Bentham se observaba para modificar el otro ¿en el panóptico digital el individuo se modifica para exponerse a sí mismo deseando que los otros vean en él lo que él desee? En la inmersión del panóptico es el sujeto quien desde la voluntad modifica sus hábitos para querer ser observado.¿se desdibuja lo identitario para querer ser aquello que llama la atención o por el contrario se reafirma la singularidad? , ¿Es la espectacularizacion de lo singular, de la unicidad lo llamativo en las redes sociales?

“Con la aparición de los teléfonos móviles (…) se filma todo, todo el tiempo. Es como si cada cual dominara un deseo artístico, una pasión por poner música, imágenes y en escena al mundo y a uno mismo  (…) El artista ya no es el otro: en mis sueños y un poco en la vida cotidiana, soy yo”.

 “(…) El público de manera creciente, se siente, se considera actor, adopta actitudes dirigidas a los medios que lo captan. Los individuos se piensan en términos de imagen y ellos mismos se ponen en escena en las redes sociales ante las cámaras”. (Lipovetsky, 2015) 12

Ante el panoptismo digital el sujeto aniquila la intimidad para publicar desmesuradamente en redes sociales. ¿En lo digital se es esclavo de la paulatina exposición y sobre producción de sí mismo? La otra cara del sometimiento comunicativo digital es no ser consciente del deseo de la mirada, del deseo del otro, del deseo de protagonismo, de la adicción a la sobreproducción que generan las plataformas en internet. En el panóptico digital, se desean los ojos anónimos, la atención, la teatralización de la vida que desencadena en que el otro me vigile, todos quieran mostrarse, exponerse, venderse al otro.

Ante las vicisitudes que implican las relaciones en la Internet, José Luis Pardo asevera que los sociólogos, periodistas y psicólogos  contribuyen a la modificación del término “intimidad”, que se confunde constátenme con el de “privacidad”, estos han banalizado la intimidad. La intimidad ahora hace parte del mundo espectacularizado, democratizado, la intimidad se traslada a la esfera pública para ser expuesta sin inhibiciones13. Así como los realities show14, han logrado un auge prometedor, las redes sociales exaltan el yo y con ello su espectacularización. Ante la aparente “artistización del yo” la intimidad es la protagonista de los stories, de los likes y de los seguidores. El artista es el individuo expuesto.

“El culto de los santos y héroes ha sido reemplazo por la consagración del placer y sensaciones excitantes. -Vivir más, sentir más, flipar-: estamos en una cultura que exhibe sin tregua al goce y promete a todos una satisfacción perfecta e inmediata, una sociedad hiperfestiva que glorifica por todas partes los principios consustanciales al «estadio estético de la vida» (Kierkegaard), que se caracteriza por la búsqueda de placeres instantáneos, el gusto por experiencias efímeras y sensitivas, el descubrimiento de ambientes embriagadores”. (Lipovetsky, 2015) 15    

El homo festivus desea mostrarse. Ante su aparente vida hedonista disfrutar hace parte, también, de disfrutar ante el mundo. Pareciera ser que el móvil, es el invitado primordial del goce, sin un Smartphone que evidencia lo que se hace no se disfruta de la misma forma, si no hay un ojo que me observe parece que el disfrute es incompleto.

 

Deseo de ser vigilado, la necesidad del otro.

 George Bataille expone el deseo por el otro, el objeto deseado y la vitalidad de sentirse anhelado por el otro. Alguien se esconde bajo un seudónimo, existe alguien detrás de la foto caricaturesca del perfil, hay una mirada a través del dato cuantitativo que evidencia cuántos usuarios han “alcanzado” la publicación. Ante la sensación placentera del otro que me observa, poco importa quién es. Es un individuo más que hace parte de los seguidores.

El sujeto pasó de saberse vigilado y rehuir a desnudarse para ser vigilado. El voyeurismo digital desencadena en un deseo, en una espectacularizacion del yo, entre más vistas se tienen más se publica, entre más se publica aumentan los seguidores, entre más aumentan los seguidores más se estetiza la vida para hacer parte del -capitalismo artístico-. ¿La sociedad se encuentra ante una sociedad que se uniformiza para, a través de la replicación de los ideales estéticos que se muestran en las redes sociales ser parte de la masa?, ¿o se explota lo identitario del individuo para obtener más seguidores?, ¿se modifica el ser humano para ser observado?

“Presentarse en línea ya no es dedicarse a una búsqueda paciente, laboriosa y metódica de uno mismo, sino exponerse a la inmediatez de la experiencia que se vive sin inhibiciones, sin secretos ni recatos. Ya no hay diario íntimo que se guarda con celo, sino una exhibición incesante (…) Una representación de uno que valora la expresión de emociones directa, transitoria y fugaz: no una inmersión analítica y laberintico en el interior de uno mismo, sino la exposición inmediata (…)”. (Lipovetsky, 2015) 16

 

La alteridad de la no-publicación

Cuando se normaliza la publicación constante, lo anormal pareciera ser aquel que no publica con frecuencia, aquel que sin dejarse bullir por la sobreexposición pareciera ser indiferente, aquel cuya vida pareciera ser aburrida o poco interesante. La sociedad normaliza lo que ésta en boga. La naturalidad es la exposición continua de lo que se hace. Se catapulta al obsoleto que no publica, y se vanagloria con likes y comentarios a quien inunda de contenido su perfil. Ahora, se requiere una publicación constante para huir de lo arcaico, arcaico es el que no actualiza con constancia.

El campo de concentración, el campo de la mirada, deja en evidencia que el individuo que no desea ser vigilado y expuesto, oculta algo, quien se oculta socialmente, quien rehúye del kitsch es condenado al anacronismo.

La anexión de lo cotidiano, en las redes sociales, con lo comercial

La forma en las que las redes sociales irrumpen abruptamente en la privacidad se evidencia en la anexión que surge tras tener un perfil social del cual formaba parte, inicialmente, un grupo cerrado de conocidos para crear conexiones y vínculos sociales a pregonar productos comerciales.

El gran almacén también se traslada en la sociedad digitalizada. En el panóptico digital el escaparate, el estante, se traslada a pequeñas fotografías que componen la vitrina digital. El usuario ya no camina por las calles esperando quedar aniquilado por la mirada cautivadora del artículo. En Instragram Stories, los estados se pasan con un lapso de 10 segundos para que el usuario deje se observar lo vivencial de quienes lo rodean para ser cautivado por la marca. Esa diversificación, esa multiplicidad de encontrar en un espacio que se remita a lo cotidiano, prendas y objetos comerciales para acceder a ellos, evidencian la amalgama digital que pondera lo íntimo con el comercio en un solo lugar.

Comprar, dejar de lado las horas en el centro comercial para desear la prenda mientras se ésta en el transporte público o en la oficina. El gran almacén que vendía objetos, sueños y deseo de consumo, ahora hace parte de una red en la cual se integra lo educacional, con lo comercial publicitario y el contacto con amigos. El sueño, la idealización, el deseo de obtención todo empaquetado en un solo lugar. Las marcas ya no solo desfilan en el gran almacén compiten por un espacio publicitario en Facebook o Instagram. El flujo de personas cambia de dinámica, ya no es el transeúnte que se tropieza por estar absorto al frente de la vitrina, ahora se escriben mensajes mientras se ven las últimas noticias en política y economía y de pronto, la publicidad de una marca comercial eclipsa la pantalla.

 El tiempo suspendido, del que habla Lipovetsky 17, ahora no se remite a un tiempo sin novedad en el centro comercial, el tiempo suspendido en Instagram propende a la vigilancia constante de los famosos, de lo cotidiano, y de lo comercial. La vigilancia jerárquica y restringida de las cámaras en las calles, en centros comerciales o bases de datos telefónicos, se democratiza. El acceso a lo público y a lo íntimo, a la exhibición, al quebrantamiento íntimo, a la espectacularizacion de la vida cotidiana, al aniquilamiento degenera en una competencia incesante, en una sobreabundancia de imagines, de información, de likes, de seguidores. La información de un famoso no requiere un rastreo, él se entrega ante la mirada del público. Ahora la marca no espera pasiva al consumidor, ella irrumpe con su publicidad mientras el usuario observaba los stories.

Hoy, las compañías invierten en servicios de comunicación cuyo Comunity Manager se encarga de manejar las redes sociales, de estetizar los stories de Instagram de agregarle calcomanías, emojis y gifs. Ahora las grandes marcas requieren de un comunicador, a un nativo digital que se dedique a tener el Smartphone a la mano, que interactúe con el usuario. Los instastories modifican la profesión del comunicador, que deja de lado el computador para dedicarse a elaborar contenido explícitamente desde y para el Smartphone y que siempre el consumidor vea una alerta se sienta atraído ante el voyeurismo, ante saber ¿qué hay ahí?, ¿qué nueva publicación esconde esa foto de perfil que anuncia una nueva publicación?

 

El clamor del ojo

En el panóptico digital yace un individuo que pide ser vigilado, que exige la presencia del otro, que clama el ojo de los demás puesto ante sí. Un storie deja en evidencia que estoy haciendo algo, que deseo que alguien más lo observe. Clamo para que la atención sea volcada en mí, me espectacularizo. Me convierto en la figura que desea ser observada, detallada, aniquilada por el otro. El desnudamiento, el quebrantamiento de la intimidad, la aniquilación de la privacidad, el eros exhibido y la paulatina exposición invitan al usuario a que exponga su cotidianidad a que en simultaneo deje en evidencia lo que hace, el usuario que focaliza la atención  de los demás en sí mismo propende a sensualizar lo que hace para exponerlo y venderlo ante el otro. La sobreexposición, la estetización de lo cotidiano para ser observado por el otro, deja un individuo adicto a las fotografías, que como asevera Lipovestky es un consumista bulímico y goloso; el usuario de Instagram goloso de miradas, de aprobación y de teatralización expone lo íntimo como producto mercantil.

Dostoievski escribe en -Humillados y Ofendidos-18 sobre lo cotidiano. Vania, el personaje principal escribe una novela y una de las críticas que recibe sobre su obra se remite la simplicidad de su prosa, a la falta de ficción y heroísmo del personaje. Lo digital y ya no se refiere a la cotidianidad que habla a través del desgarro íntimo y miserable que convoca a aquellos que atraviesan la existencia ordinaria, lo cotidiano se relata través de narrativas audiovisuales que permiten vislumbrar viajes en yate, visitas a París y de la sobreexposición de la copa de vino puesta en cámara.

Se narró lo cotidiano a través de la literatura, de la filosofía de lo cotidiano, ahora tenemos un concepto de cotidianidad narrada a través de influenciadores  y youtubers, lo que implica problematizar nuevamente ¿Cuáles son las formas de lo cotidiano? ¿Acaso, nos encontramos ante una nueva acepción de “cotidianidad”?

 

  1. Foucault, M., (2012) Vigilar y castigar.
  2. Serres, M., (2012) Pulgarcita.
  3. Han, B-C., (2015) Pág. 87 -La sociedad de la transparencia.
  4. Han, B-C., (2015) Pág. 89 -La sociedad de la transparencia.
  5. Kundera, M., (1984) Pág. 146 -La insoportable levedad del ser
  6. http://www.marketingnews.es/internacional/noticia/1106280028505/cuantos-usuarios-diarios-tiene-snapchat.1.html
  7. Han, B-C., (2012) Pág. 89 -La sociedad de la transparencia.
  8. Kundera, M., (1984) -La insoportable levedad del ser.
  9. Kundera, M., (1990) -La inmortalidad.
  10. Lipovetsky, G., Serroy, J., (2017) -La pantalla global.
  11. Bataille, G., (1996) Pág 160 -El erotismo.
  12. Lipovetsky, G.Serroy, J., (2015) Pág. 345 y Pág. 222- La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico.
  13. Pardo, J, L., (1996) Pág. 23- La intimidad.
  14. Lipovetsky, G.Serroy, J., (2015) – La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico.
  15. Lipovetsky, G.Serroy, J., (2015) Pág. 327- La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico.
  16. Lipovetsky, G.Serroy, J., (2015) Pág. 313- La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico.
  17. Lipovetsky, G.Serroy, J., (2015) Pág. 161- La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico.
  18. Dostoievsky, F., (2006)- Humillados y ofendidos.