De la temporalidad del alma

“aunque considere que el alma, no es más que una forma metafísica de conceptualizar nuestro pensamiento, generado por un órgano avanzado como el cerebro y que, como en el sueño o la anestesia general, ante la muerte solo desaparece, creo que es importante que uno se tome a veces, el tiempo necesario, para pensarse a si mismo y tratar de dilucidar con claridad donde tiene su alma.”

Hemos construido todo un conjunto de conceptos nubosos sobre el alma, desde la adquisición de la conciencia en la especie humana siempre nos hemos preguntado sobre la existencia de aquello que, aunque al parecer nos compone, nos supera angustiantemente para su cognición, muchas teorías han surgido sobre el alma y a pesar del largo recorrido histórico que comprende su estudio y análisis, hemos llegado a concluir poco o nada al respecto.

Es curiosos que un elemento tan poco especifico y confuso pueda guiar a millones de personas a crear verdaderos ejércitos religiosos, desatar guerras, construir maravillas y poblar el planeta completo con tantas y variadas formas de pensarse la inexistencia o la incorporeidad, hay tantas visiones del alma como individuos en el mundo y, sin embargo, entre todo ello podemos hallar determinadas generalidades, que, aunque comparten elementos en común, son irreconciliables.

Uno de esos elementos generales consiste en la materialidad e inmaterialidad del alma y su consecuente inmortalidad y permanencia a través del tiempo infinito, o mejor aún, fuera del tiempo, aquí podemos apegarnos a ideas como las de Platón en la que el alma, infinita e inmodificable, transita entre un cuerpo y otro a través de múltiples existencias, por otro lado, Kant postulaba más al alma como un concepto necesario para la comprensión de, por ejemplo, la moral.

Es en Descartes y Aristóteles donde encontramos el alma como un elemento que anima al cuerpo y que además, contiene algunas capacidades facultativas, como la consciencia y el pensamiento, “Cogito ergo sum” puede ser el resumen más clásico y preciso sobre la comprensión del alma, este, como elemento inmortal e inextinguible del ser humano, contiene pues, según esta visión, aquello que de manera más terrenal y menos metafísico podemos considerar el pensamiento, la personalidad, la forma de ser de cada uno, con su moral y sus comportamientos.

Si el alma es pues, la esencia misma de cada individuo y esta permanece a lo largo de la infinidad ¿Cómo podríamos justificar el cambio profundo que el ser humano experimenta a lo largo de su vida? Si bien se define que el alma contiene la moral y el pensamiento del sujeto, tendríamos que afirmar que este no es pues inalterable, sino que cambia a medida que transcurre su existencia, sea en la infinidad, sea en la existencia corporal del individuo, pero, aquí nos encontramos con una nueva incógnita; El cristianismo y otras muchas religiones, afirman la salvación y condenación del alma según los actos hechos en la tierra o mejor, durante la existencia del alma en cuerpo como ser humano, pero sabiendo que esta es variable durante todo su trayecto vital ¿Qué parte de esa temporalidad del alma es la que decide la salvación o la perdición?

Si el sujeto en sí sufre de alguna demencia y ello le lleva a perder su capacidad de raciocinio o de capacidad cognitiva y al degenerarse su habilidad para discernir el bien y el mal, comienza a generar algunos actos que frente a las posturas religiosas constituyen pecados imperdonables ¿será condenada su alma? ¿o acaso la habrá perdido en la enfermedad?

¿Sería entonces el alma un elemento modificable y estacionario, que cambia de matices temporalmente y que en su trayecto adopta miles de formas y colores? Eso le quitaría validez a la figura de salvación – condenación del alma humana, aunque considere que el alma, no es más que una forma metafísica de conceptualizar nuestro pensamiento, generado por un órgano avanzado como el cerebro y que, como en el sueño o la anestesia general, ante la muerte solo desaparece, creo que es importante que uno se tome a veces, el tiempo necesario, para pensarse a si mismo y tratar de dilucidar con claridad donde tiene su alma.


Todas las columnas del autor en este enlace: Filanderson Castro Bedoya

Filanderson Castro Bedoya

Psicólogo de la Universidad de Antioquia con énfasis en educación, formación empresarial y salud mental, educador National Geographic, escritor aficionado con interés en la historia, la política y la filosofía, amante de la música y la fotografía.

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.