De la queja individual a la acción colectiva

Mientras expresamos nuestras quejas por tal o cual motivo que nos incomoda o nos perjudica respecto de la forma y el fondo de nuestros gobiernos y de las diferentes ramas del poder público, el país sigue rumbos confusos, en muchos casos frustrantes, que nos generan incertidumbre e impotencia como ciudadanos; la rabia y la decepción nos invaden y el malestar lo proyectamos de manera negativa en nuestros hogares, en nuestros sitios de trabajo y, masivamente, en las redes sociales.

Es necesario que nos expresemos, que soltemos lo que sentimos, pero es necesario también que seamos ciudadanos proactivos, comprometidos con la realidad que nos rodea y con nuestro entorno político, social y económico. Es fundamental, entonces, que hagamos uso de los mecanismos de participación ciudadana que por derecho nos otorga la Constitución Política de Colombia, y que nos permitirán pasar de la simple queja, a dejar una huella de cambio, y redireccionar, poco a poco, el rumbo de las cosas con miras a construir un mejor país.

La protesta social pacífica, acción legítima por parte de la sociedad, grito de inconformismo y exigencia de lo fundamental, demuestra la importancia de la acción colectiva a la hora de visibilizarnos unidos y sólidos como grupo social, como habitantes que sabemos que derechos tenemos y que deberes debemos cumplir. Es la protesta un escenario necesario cuando un gobierno no cumple con lo fundamental en materia de derechos sociales y libertades individuales y es, también, la forma en que unimos expresiones y enviamos un único mensaje.

Si queremos participar del poder político y aportar a la consecución de cambios reales en un sistema que parece ir en contravía de las necesidades y propósitos de la mayoría social, es clave, no sólo quedarnos en la protesta social, sino también hacer uso de los mecanismos de participación ciudadana y asumir nuestra responsabilidad de manera legal y real, pues es desde ahí como logramos ser agentes de cambio, verdaderos ciudadanos.

Es notoria, en términos de acciones ciudadanas representativas, la falta de apropiación por parte de la ciudadanía, de los mecanismos de participación ciudadana establecidos por nuestra Constitución desde hace casi 30 años. “El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes”, afirmaba el escritor y orador político Romano, Cicerón; en consecuencia, se hace importante entonces que nos involucremos en las posibilidades que nos ofrece la ley y que transformemos, desde el uso de los mencionados mecanismos, la forma de aportar al mejoramiento de nuestra realidad inmediata.

El plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato, son mecanismos de participación ciudadana que recogen el sentimiento de incertidumbre e inconformidad del ciudadano y proyectan hacia quienes llevan las riendas del país el mensaje en colectivo con la fuerza de la Constitución y el reflejo de un ciudadano comprometido con el proceso de evolución social.

Expresamos lo que somos y lo que necesitamos. Caminamos juntos como sociedad apoyados por nuestros derechos y limitados, sensata y positivamente, por nuestros deberes, en consecuencia, usar los primeros en beneficio de todos y acatar los segundos por el respeto colectivo, es lo que nos convierte en ciudadanos y nos permite depositar nuestra incertidumbre en acciones reales que propendan por el progreso equitativo y permanente.

 

[email protected]

José Julián Restrepo Arcila

Comunicador integral. Valoro los temas culturales y sociales como aspectos fundamentales para el desarrollo equitativo y el bienestar integral de las comunidades.

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.