Opinión Selección del editor

De Boyacá y sus campos

frente al consumo de sustancias psicoactivas ilegales existen ciclos que se repiten, ciclos en donde los menores toman el testigo que es entregado por sus mayores para que hagan el relevo necesario y de esta forma dar continuad a la carrera degenerativa de las generaciones de nuestro departamento y país..”


El verde de Boyacá, despensa del país, ha teñido su historia de locura e insalubridad mental como resultado de unas dinámicas culturales que han venido teniendo relevo generacional y han impactado fuertemente a la gente que posa sus pies en estas tierras. El departamento de Boyacá se ha caracterizado no solo por su composición geográfica rural, la carranga, las tradiciones campesinas, la agricultura y su incidencia histórica en el país. Existen unas cifras realmente alarmantes que dan un esbozo general de lo que en esta columna espero poder desarrollar.

La edad promedio de inicio de consumo en el departamento rodea los 12 y 17 años, esto según el Observatorio Nacional de Drogas de Colombia. Un adolescente iniciando su consumo de alcohol o cualquier otra sustancia deja por delante un camino largo por andar y ancho frente a la posibilidad de padecer enfermedades o dificultades en su salud mental. El DANE tras realizar en el año 2019 la Encuesta Nacional de Sustancias Psicoactivas nos posiciono en el podio con el primer lugar, siendo el departamento en dicho año que lidero el consumo de alcohol y fue el segundo en consumo de tabaco.

Un estudio realizado en la ciudad de Tunja en el 2009 arrojo otras cifras que tendrían que “hacernos parar en las pestañas” y hacer frente a lo evidenciado. “Entre sus principales hallazgos se encuentra que el alcohol es la sustancia que registra mayor prevalencia de consumo con una tasa de 96.5% para las mujeres y un 75.8% para los hombres, también se identificó que la edad promedio de inicio para el consumo de Sustancias Psicoactivas ha disminuido a los 12 años en los dos géneros. Como factores de riesgo se encuentran: la maduración temprana, antecedentes familiares de desórdenes conductuales, de dependencia de alcohol y drogas lícitas, poca tolerancia a la frustración, problemas y disfunción familiar. Entre los factores desencadenantes escolares se identifican el mal rendimiento académico, problemas con los profesores o los compañeros y pérdida de años. De la misma manera pertenecer a una comunidad violenta y con disponibilidad de drogas, al igual que la facilidad para el acceso a bebidas alcohólicas y cigarrillo, se constituyen como factores de riesgo.” (Percepción de riesgo y factores asociados al consumo de drogas legales e ilegales en estudiantes de la Universidad de Boyacá, 2015)

Como lo mencioné ya, hay un factor cultural importante que incide en que lideremos cifras tan vergonzosas. En las áreas rurales es normal que un niño pueda saciar su sed tomando unos cuando vasos de la cantimplora de guarapo de sus cuidadores, en las áreas urbanas se normaliza que el adolescente pueda tener espacios sociales con sus pares y que dentro de los mismos exista consumo de alcohol y para ya la juventud la principal actividad de ocio ha de ser entonces entorno al consumo de licor. Básicamente existe una permisividad cultural que normaliza y sentencia en nuestro contexto Boyacense estas dinámicas sociales. Igualmente, frente al consumo de sustancias psicoactivas ilegales existen ciclos que se repiten, ciclos en donde los menores toman el testigo que es entregado por sus mayores para que hagan el relevo necesario y de esta forma dar continuad a la carrera degenerativa de las generaciones de nuestro departamento y país.

Generalmente al mostrar a groso modo una situación como la mencionada seria ideal poder plantear como cierre por lo menos una opción de respuesta, sin embargo, con algo de desesperanza debo mencionar que mientras en nuestra concepción no se modifique la idea de que el cerebro de un niño o adolescente no esta preparado para el consumo de cualquier sustancias psicoactiva y que normalizar esta problemática acaba a diario vidas , no lograremos que las políticas públicas, los programas y proyectos disminuyan esas cifras que, a modo personal como boyacense, ruborizan las mejillas, no por el sol y los vientos de estas tierras, si no por la vergüenza de nuestra indiferencia e ignorancia.

Esto fue escrito por

Cristhian Esteban Reyes Oliveros

Tengo 25 años y soy profesional en Trabajo Social, egresado de la Fundación Universitaria Juan de Castellanos de Tunja. Dentro de mi ejercicio profesional, como evidentemente este lo demanda, me he vinculado siempre con la causa del menos favorecido, con el desamparado, con el marginado y desde ahí considero que puedo llevar las experiencias de ese ejercicio profesional a un espacio de reflexión escrita como el de Alponiente.

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