Cuidado con la oposición y la política de la vergüenza

“Básicos, pedestres, [desde la oposición] buscan a toda costa mostrarse como referentes pero no tienen contenido; tratan a dé lugar mantener sus cuotas de poder y preparar el asalto para retornar a la casa de Nariño. Carecen de ideas y sustentan su protagonismo mediante discursos pobres, sin propuestas ni soluciones a problemas que se arrastran de cuando ellos eran gobierno.”


El año que parte deja en el aire la sensación de que sí es posible lograr cambios si la voluntad de la población se cohesiona tras una mismo proyecto político. Esto, en su esplendor, ha sido una bocanada de aire fresco que permite mirar las perspectivas de vida y dignidad de mucha mejor manera que si los resultados electorales hubiesen sido distintos.

Sin embargo, la alegría no es compartida por todo el país. Existe un nicho al cual le sigue generando resistencia el haber dejado de ser gobierno. Hoy, dispuestos en la oposición, han buscado llevar al barro cada paso que busca dar la nueva administración y su bancada. Y desde esta trinchera han intentado mostrarse como si fueran un fenómeno de masas, cuando apenas unas cuantas personas se han plegado al llamado a nivel nacional. No obstante, a pesar de las bajas convocatorias, los medios cubren, replican y amplifican parte de las demandas opositoras.

En su labor en el congreso, los rostros de la oposición no han dudado en hacer cuanto han podido para figurar como rivales de la actual administración, incluso llegando a hacer el ridículo si es necesario, sacando frases y cifras de contexto, tergiversando información e inventando catástrofes en caso que se aprueben las reformas del gobierno. En las discusiones legislativas han intentado repetir e instalar un mensaje de una supuesta inestabilidad, del peligro del sesgo de las políticas y de la existencia de supuestas doctrinas ideológicas internacionalistas tras proyectos tan sencillos como brindar justicia a quienes han vivido la debacle del país.

Y la expresión del descontento no para ahí. En sus intervenciones reflejan una intensión de delimitar el campo de acción del gobierno y no dudan en utilizar información falsa con tal de justificar sus posiciones. Y desde afuera, personajes con sendos cuestionamientos por mala gestión en su ejercicio de cargos públicos, relacionados con detrimento patrimonial, nepotistas, facilitadores de corrupción, fabricantes y repartidores de mermelada, entre otros, hoy fungen de paladines de las arcas públicas, de la contratación, del deber hacer y de la probidad.

Se entiende que la salida de la primera plana de su principal referente haya dejado un vacío de liderazgo y línea política, pero al parecer están tratando llenarlo con lo que primero que encuentran en el camino. Uno está porque el apellido es parecido al del referente, otra porque habla duro, otro porque fue ministro ahora se unge de candidato a la alcaldía de la capital a pesar de haber sorteado mociones de censura por incompetencia, unos cuantos están porque son parientes de ex presidentes, y así otros que se disputan la conducción de una oposición que posa de inteligente, pero que en rigor no pasan más allá de ser opositores por el hecho oponerse a algo que no es propio.

Básicos, pedestres, buscan a toda costa mostrarse como referentes pero no tienen contenido; tratan a dé lugar mantener sus cuotas de poder y preparar el asalto para retornar a la casa de Nariño. Carecen de ideas y sustentan su protagonismo mediante discursos pobres, sin propuestas ni soluciones a problemas que se arrastran de cuando ellos eran gobierno.

Y en este camino de disputar el país sin argumentos, convocan a la gente en términos polarizantes, llamando con sentido de urgencia a recuperar la democracia y el país de las garras del petrismo, las guerrillas y de la supuesta destrucción que este gobierno significaría para Colombia.

Esto exacerba posturas y sirve como marco de acción para quienes atentan contra la democracia. Por poner tres ejemplos de esto: primero, en una de las marchas convocadas por la oposición circuló un video de una persona hablando en términos racistas contra la vicepresidenta Francia Márquez; segundo, en otros videos se observan llamados a rearticular estructuras paramilitares o bien hacen alegorías a las autodefensas; y por último, trinan llamando a repetir en Colombia lo que pasó con el congreso en Perú y luego se desdicen cuando se les cita sus palabras textuales.

Pero además, financian manifestantes y campañas por redes sociales para desinformar y alertar a la población ante el flagelo que significa la administración actual y de la necesidad de un Bukele para el país. Y si sumamos el rol de algunos medios de comunicación, así como la fundación de instancias internacionales para acompañar estos procesos como la Iniciativa Democrática de España y las Américas o la Conferencia de Acción Política Conservadora, atestiguamos la práctica de una estrategia deliberada que hace de la vergüenza un capital político con el cual disputar la posibilidad real que tiene Colombia de dejar atrás tantos años de dolor y desidia.

Y si bien la oposición pone en práctica la política de la vergüenza, hay que reconocerles un aspecto muy importante: están trabajando e invirtiendo para recuperar los espacios que democráticamente les fueron arrebatados. En este sentido, y con las elecciones locales de 2023 en el horizonte, es necesario que el oficialismo se ponga en alerta y no se duerma con la luna de miel que se dio el año que se va, primero, porque el trago dulce no durará para siempre y más pronto que tarde llegarán tiempos amargos; y segundo, porque el mensaje de la oposición logra penetrar, no tanto por consistente, sino por persistente.

Porque una cosa es que sea pintoresco ver que alguna figura opositora dijo tal frase y hacer leña de un mensaje a ratos vergonzoso o chistoso; pero otra es que por quedarse en el juego de la oposición se descuide la ventana de oportunidad para lograr las transformaciones por las que votó la población.


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About the author

Simón Rubiños Cea

Consultor y asesor político. Coordinador del Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP-UNAL) e investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)

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