Cómo nace el sujeto herido

     

Interpretación de la tesis de Slavoj Zizek, filósofo eslovaco contemporáneo.


…esta condición de la vida humana, el dolor, el sin sentido, este vacío, esta falta de algo que no podemos expresar, “el real”, al no poderse simbolizar, nos pasamos la vida buscándole un significado, …
“¡La ideología es una falsa conciencia!”

Intentaremos aproximarnos al génesis del sujeto herido. En la columna de opinión anterior llamada “Fragmentación política, esa nueva concepción ideológica”, nos referimos a los sujetos que dominan la esfera ideológica contemporánea: el sujeto racional, soberano de sí mismo (sujeto cartesiano), propio de las democracias liberales y neoliberales; el sujeto producto de las múltiples identidades a la luz de la experiencia histórica y la influencia del poder, propio del posestructuralismo preconizado por corrientes de centro y de izquierda progresistas, especialmente europeas; y finalmente, el que aparece desde la más íntima historicidad dialéctica, formando el proletariado y la colectividad marxista. Al referirnos a estos sujetos, es necesario aclarar que, para las doctrinas ideológicas antes mencionadas, no necesariamente existen “en cuanto tal” sus sujetos, porque éstos están transferidos, so pretextos de la dominación del mercado, de la identidad o del proletariado.

Ahora bien, qué se puede decir de este nuevo sujeto, del sujeto herido, sujeto transversal a todas las ideologías imperantes, y que vendría a validarse como fenómeno (lo que aparece) y como noúmeno (su en sí). Dicho de otra manera, “la dualidad ontológica: su apariencia y su realidad fenomenológica” (Hegel). Además, todos los seres humanos, sin distinción, compartiríamos una condición común, universalista, constitutiva de lo que somos, y que radica en una herida, en un dolor, en una especie de vacío, o falla, o grieta, la que no es posible de suturar, sólo atenuar su escozor.

Vamos a Kant, padre del idealismo moderno, en su teoría sobre el conocimiento, nos dice que somos sujetos que parcialmente podemos conocer, ya que de modo inmanente tenemos ciertas estructuras mentales que nos sirven para ordenar el flujo caótico de la experiencia, pero que nunca podríamos aprehender la realidad en su totalidad, porque el “yo pienso”, también es un fenómeno, una ilusión, una ficción, una mera apariencia, pura duda e incertidumbre. En resumen, no sabemos quiénes somos. Pues, en consecuencia, Kant, habría derribado la máxima de Descartes, la muy repetida, “pienso, luego soy”. Lacan, en su “Retorno a Freud”, desde el psicoanálisis, corrobora el pensamiento de Kant, desde el punto de vista del lenguaje, cuando determina que el subconsciente tiene lenguaje, que escapa a nuestra voluntad, y que por ello el significante (palabra, fonema, en suma, el fenómeno) nunca alcanza plenamente su significado (la cosa en sí, en suma, el noúmeno). En síntesis, el lenguaje coartaría nuestra búsqueda del entendimiento y de la verdad.

De tal modo que, esta condición hiriente de la vida humana, el dolor, el sin sentido, este vacío, esta falta de algo que no podemos expresar, “el real”, al no poder simbolizarlo, nos pasamos la vida buscándole un significado, una respuesta a lo que no tiene respuesta, creándonos una propia naturaleza (cultura), y que sin embargo igual nos será un imposible.

Aunque cueste creerlo, para “curar eventualmente” la herida abierta del género humano, que siempre supura, y que incluso nunca cicatriza del todo, la sociedad organiza el goce, tras la prosecución de algún deseo (el goce, no como ordinariamente lo entendemos, aquí tiene la connotación de ejercicio superfluo), una especie de fantasía, una ficción, sublime, extraño placer de algo que nos atrae y nos amenaza a la vez, y que nunca puede ser colmado, siempre postergado; y de este modo, también, encontramos su connotación principal, aquella en que se sostiene la teoría del sujeto herido, ese conjunto de ideas, ritos y ceremonias para huir de “el real” que lo amenaza, y que denominamos ideología. Por lo tanto, toda realidad es ideológica; y por extensión, todos seríamos sujetos ideológicos, como si viviéramos en una novela, y que cada uno de nosotros, de modo singular, seríamos novelistas de nosotros mismos.

Paréntesis. Marx, fue el primero en desentrañar el secreto más que oculto de la ideología. En la “Ideología Alemana” la definió: ¡La ideología, es una falsa conciencia! Sería como un disfraz, un engaño social para ocultar la realidad. Es decir, algo que por necesidad se erige como verdadero, pero que al mismo tiempo necesariamente niega esa verdad. Del mismo modo, en la ley del valor, a la razón de Marx, cuando éste plantea en el trabajo asalariado, que el valor del trabajo es equivalente al tiempo empleado para reproducir la mercancía, nadie engaña a nadie, es exacto y equitativo. Sin embargo, en el tiempo se produce acumulación, ganancia para el capital (Plus valía). Pues, en esto, igualmente que, con la ideología, podemos encontrar la desigualdad oculta de la mercancía.

A modo de conclusión, estimados lectores, este sujeto herido, carenciado, que sin duda somos todos, individual y socialmente, busca incansable reponerse de esa herida, de ese dolor, de ese vacío que nunca puede colmar. En lo individual, desde nuestra subjetividad, merece que nos examinemos y reconozcamos nuestras heridas en sus síntomas, normalmente ocultas con el ropaje de las ideas, ritos y ceremonias con las que solemos justificarlas, y ponernos en la tarea de descubrir sus causas, tarea psicoanalítica esencial que alivia nuestros dolores. En lo social, tenemos que tener presente que, tanto las ideologías políticas gobernantes como las que actúan en oposición, difícilmente podrán cicatrizar las heridas y los dolores de nuestra nación, si persisten en sus convicciones retrogradas, en especial, si no definen a cabalidad cuál es su sujeto ideológico actual, cuáles son sus heridas abiertas, sus síntomas y bajo que niebla o ceremonia se ocultan. ¡Por lo menos que los partidos políticos contingentes inventen una nueva ficción!

Estimados lectores, pongo al escrutinio de ustedes estas aproximaciones sobre el SUJETO HERIDO, tesis contemporánea de Slavoj Zizek, filósofo eslovaco.

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Víctor Henríquez

Profesor de Estado en Castellano y Filosofía

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