Colombia unida y de pie

Hay momentos en la vida de un país en los que las diferencias políticas tienen que hacerse a un lado. Momentos en los que no importa quién votó por quién, de qué partido es un alcalde o a qué corriente pertenece un gobernador. Momentos en los que solamente importa una cosa: que el Estado esté presente y que los colombianos sepan que no están solos.

El 10 de agosto de 2026 fue uno de esos días.

El sismo que sacudió buena parte del territorio nacional nos recordó, de la manera más dolorosa, que existen circunstancias que nos ponen a prueba como sociedad. Familias enfrentando la pérdida de seres queridos, viviendas afectadas y comunidades enteras esperando una respuesta. Frente a una tragedia así, Colombia no necesita discursos sino coordinación, capacidad y presencia.

El presidente Abelardo De La Espriella recibió, a tres días de su posesión, una de esas pruebas que ningún mandatario quisiera enfrentar, pero para las que un Estado debe estar preparado. Y la respuesta ante una emergencia como esta tiene que medirse por la capacidad de llegar a los territorios, articular a las autoridades y garantizar que la ayuda llegue oportunamente a quienes la necesitan.

Eso es lo que debe hacer un Gobierno: estar donde están los problemas.

Esta tragedia también deja una reflexión profunda: Colombia no puede darse más el lujo de tener un Estado fragmentado, instituciones que trabajan por separado o gobiernos territoriales que tengan que enfrentar solos las dificultades de sus comunidades.

Un alcalde conoce su municipio. Un gobernador conoce las particularidades de su departamento. Los organismos de socorro conocen el territorio y saben dónde están los riesgos. El Gobierno Nacional tiene las herramientas para coordinar esfuerzos y movilizar recursos.

Cuando esas capacidades se encuentran, el Estado funciona. Cuando se enfrentan, pierde la gente.

Por eso, una de las grandes tareas de esta nueva etapa de Colombia debe ser fortalecer la articulación entre el Gobierno Nacional, los departamentos y los municipios. No como una fórmula política, sino como una obligación institucional.

Los terremotos no preguntan quién gobierna. Las inundaciones tampoco. Los derrumbes no distinguen entre partidos. Una carretera bloqueada no entiende de ideologías. La naturaleza no espera acuerdos políticos.

La verdadera fortaleza de un Gobierno no se demuestra únicamente en los discursos. Se demuestra cuando llega una emergencia, cuando una comunidad necesita una máquina, cuando una ambulancia necesita pasar y cuando miles de familias esperan que alguien responda.

Como servidor público y como antioqueño he aprendido que, en una emergencia, cada minuto cuenta. Una maquinaria que llega a tiempo puede abrir una vía. Una decisión oportuna puede salvar una vida. Una institución que coordina bien puede llevar esperanza allí donde solamente hay incertidumbre.

Eso es lo que Colombia necesita: un Gobierno Nacional que entienda que los alcaldes y gobernadores no son adversarios, sino aliados. Que las diferencias políticas no pueden convertirse en obstáculos para resolver los problemas de la gente. Que gobernar también significa escuchar a quienes están en el territorio y trabajar con ellos.

Esta tragedia no debe convertirse en una batalla política. Debe convertirse en una oportunidad para demostrar que podemos hacer las cosas de otra manera: con menos confrontación y más coordinación; con menos discursos y más presencia; con menos distancia entre Bogotá y las regiones y más capacidad para trabajar juntos.

La tierra puede temblar. Lo que no puede temblar es el Estado.

Después del 10 de agosto, nuestra responsabilidad es construir un país en el que, cuando vuelva a llegar una emergencia, que llegará, Colombia encuentre a sus instituciones unidas, a sus gobernantes trabajando juntos y a un Estado de pie frente a su gente.

 

Luis Horacio Gallón Arango

Ejecutor, Conectando a Antioquia. Secretario De Infraestructura Física Gobernación. Antioquia en el Alma. #PorAntioquiaFirme

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